El sector eléctrico australiano está mostrando una resiliencia significativamente mayor frente a las perturbaciones energéticas globales en comparación con la crisis de 2022, a pesar de que el aumento de las tensiones geopolíticas en Irán está impulsando fuertes subidas en los precios mundiales de los combustibles, según Wood Mackenzie.
El mercado eléctrico australiano muestra resiliencia ante la crisis de Irán mientras la transición aporta beneficios en seguridad energética
Los precios mayoristas de la electricidad se mantienen estables pese a un aumento del 60% en los precios del petróleo y a la duplicación de los precios del gas, marcando un fuerte contraste con la volatilidad de 2022, según Wood Mackenzie

A pesar de que los precios del petróleo han subido más de un 60% y los precios spot del gas en Asia se han duplicado respecto al año pasado, los precios mayoristas de la electricidad en Australia se han mantenido relativamente moderados, en torno a los 70 dólares australianos por MWh durante el primer y segundo trimestre de 2026. Esto contrasta claramente con la crisis entre Rusia y Ucrania de 2022, cuando choques similares en los precios globales de los combustibles provocaron que los precios mayoristas del Mercado Nacional de Electricidad (NEM) aumentaran alrededor de un 200 %, superando de media los 250 dólares australianos por MWh.
Cambio estructural en el sistema eléctrico australiano
“La divergencia refleja un cambio estructural en el sistema eléctrico australiano. El crecimiento de las energías renovables y de las baterías, la menor dependencia de la generación eléctrica a gas y el auge de los recursos energéticos distribuidos están reduciendo de forma significativa la exposición a los mercados internacionales de combustibles fósiles”, afirmó Natalie Thompson, analista sénior de investigación en almacenamiento energético y energía solar de Wood Mackenzie.
“La transición energética de Australia ya está proporcionando beneficios tangibles en seguridad energética además de la reducción de emisiones. Aunque siguen existiendo vulnerabilidades, especialmente frente a fenómenos meteorológicos extremos y desequilibrios entre oferta y demanda, el sector eléctrico del país se está desacoplando gradualmente de la volatilidad de los mercados globales de combustibles fósiles”, añadió.
Wood Mackenzie señaló que el almacenamiento en baterías se ha convertido en un factor clave de esta transformación. La participación de las baterías en la fijación de precios ha pasado de alrededor del 2% a principios de 2022 a aproximadamente el 20% a finales de 2025, mientras que el gas ha disminuido del 10% a menos del 5%. Según el informe, la producción de las baterías se triplicó en el cuarto trimestre de 2025 respecto al mismo periodo de 2024, mientras que la generación a gas cayó casi un 30% interanual durante ese mismo periodo.
El último trimestre de 2025 registró niveles récord de penetración de energías renovables en el NEM. El exceso de producción solar al mediodía está llevando de forma habitual los precios mayoristas a niveles cercanos a cero y, en algunos estados, incluso a valores negativos, permitiendo que los sistemas de baterías se carguen a un coste mínimo y descarguen energía durante los picos nocturnos para sustituir a la generación tradicional a gas.
El análisis de Wood Mackenzie destaca que la revolución solar distribuida de Australia ha alcanzado una escala significativa, con más de 4,3 millones de sistemas solares en tejados instalados en todo el país. La capacidad combinada de energía solar residencial supera ya la capacidad total de las centrales eléctricas de carbón existentes, reduciendo la demanda de la red durante las horas centrales del día y contribuyendo a reforzar la “soberanía energética” del país.
La actual crisis de los combustibles también podría acelerar la electrificación del transporte. Las cifras de ventas de marzo de 2026 muestran que los vehículos eléctricos de batería representaron más del 14% de las ventas de coches nuevos, mientras que la cuota total de vehículos eléctricos superó el 20 %, el doble de las cifras registradas en marzo de 2025.
Persisten algunas vulnerabilidades
Sin embargo, todavía persisten ciertas vulnerabilidades. Los llamados “dark doldrums” —periodos prolongados con poco sol o viento— siguen requiriendo generación de respaldo gestionable, actualmente dominada por centrales de gas. “Las baterías actuales son muy eficaces para el almacenamiento de corta duración, pero no pueden mantener el sistema durante varios días consecutivos de baja generación renovable”, explicó Thompson. “Las soluciones de almacenamiento de mayor duración, como el bombeo hidroeléctrico y las baterías de larga duración, serán fundamentales para garantizar la fiabilidad del sistema”.
Thompson añadió: “La cuestión clave ahora es si Australia puede mantener el ritmo de despliegue de energías renovables y almacenamiento para abordar las vulnerabilidades restantes antes del cierre programado de las centrales de carbón, garantizando así que los beneficios en seguridad energética puedan sostenerse”.
Wood Mackenzie señala que afrontar estos desafíos requiere un despliegue coordinado de inversiones en generación, almacenamiento e infraestructuras de red, incluidas tecnologías de almacenamiento de larga duración como baterías de más de 8 horas y sistemas hidroeléctricos de bombeo, capaces de proporcionar respaldo prolongado durante condiciones meteorológicas desfavorables.
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