Ningún comentario El pasado 28 de abril, el panorama energético internacional se vio sorprendido por una decisión histórica: el anuncio por parte de los EAU de su salida de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y de la OPEP+, efectiva a partir del 1 de mayo de 2026. La huida pone fin a un periodo ininterrumpido de casi seis décadas de permanencia en el bloque, dejando al cártel sin uno de sus miembros más influyentes, siendo el tercer mayor productor del grupo.
Esta desvinculación resulta especialmente relevante en la actualidad, ya que se junta con el conflicto en Irán, el cierre de Ormuz, y una escasez en la oferta sin precedentes. Desgranar este fenómeno resulta clave para entender las nuevas dinámicas globales en el mercado petrolero y el futuro de la hegemonía del Golfo Pérsico.
La OPEP ha dejado de ser el centro de atención
La OPEP nació en 1960, al inicio fundada por cinco países (Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudí y Venezuela), con el objetivo de coordinar las políticas petroleras y proteger los ingresos de los países productores mediante la estabilización de precios. Los EAU se unieron en 1967. Durante los años 70, la organización ejerció un papel clave en el terreno geopolítico internacional logrando, mediante el embargo de 1973, duplicar los precios del crudo y someter a Occidente.
Sin embargo, su influencia sobre los mercados ha caído estrepitosamente. Mientras que en 1973 el cártel producía el 52,5% del petróleo mundial, para el año 2025 su porcentaje de mercado se situó en un 36,7% ante el crecimiento de productores externos como Estados Unidos. Por esta razón, la organización creó OPEP+ en 2016 integrando a actores relevantes como Rusia. Aun así, la salida de los EAU no es un hecho aislado ya que la OPEP ha sufrido salidas importantes hasta la fecha tales como la de Qatar (2019) o Angola (2024).
¿Por qué han salido los EAU del cártel?
El principal argumento que hay detrás de la salida de los EAU son las discrepancias sobre el rígido sistema de cuotas asignadas. El mecanismo limitaba a los EAU a producir entre 3,2 y 3,4 millones de barriles diarios (mbd). Sin embargo, la estrategia a largo plazo del país es totalmente diferente. Con inyecciones millonarias por parte de la compañía nacional ADNOC que alcanzan los 150.000 millones de dólares, actualmente su capacidad de producción se encuentra en torno a los 4,8 mbd, con la idea de consolidarse en los 5 mbd en 2027.
Estos 1,4 mbd parados obligan a los EAU a sacrificar cuantiosos ingresos estatales. Actualmente los números que presenta el cártel son realmente desoladores: solo en marzo de 2026, la guerra con Irán eliminó 7,88 mbd de producción, traduciéndose en una pérdida del 27% de su producción situándola en 20,79 mbd. Con la salida emiratí, la participación global de mercado de la OPEP caerá por primera vez por debajo de la barrera del 30%.
Un cambio con graves consecuencias
La salida de los EAU de la OPEP y la OPEP+ representa un momento histórico motivado tanto por intereses económicos como por una profunda grieta geopolítica. Cansado de las restrictivas cuotas que limitaban su capacidad productiva y decidido a maximizar sus ingresos, Abu Dhabi ha optado por priorizar la monetización de sus reservas de manera independiente. Esta decisión también es el resultado de fuertes tensiones con Arabia Saudí por el liderazgo en la región persa y ciertos malentendidos en asuntos como el conflicto en Yemen, la actual guerra en Irán y el cierre de Ormuz.
El ataque iraní a infraestructuras emiratíes también ha provocado cierto descontento, como no podía ser de otra manera. Aunque a corto plazo los precios del crudo seguirán siendo altos y condicionados por la actualidad en el Golfo, a largo plazo se espera que esta salida debilite el poder del cártel, dejando a Riad con la carga de estabilizar el mercado en solitario. Esto anticipa un escenario de alta volatilidad, mayor oferta y precios más bajos. Esta soledad de Arabia Saudí podría reducirse por un fortalecimiento de la alianza con Washington, algo que ya ha sido celebrado por la administración Trump.
¿Es el final de la hegemonía del Golfo?
Desde un punto de vista meramente diplomático, la salida de los EAU oficializa la ruptura de la antigua solidaridad tácita en el Golfo Pérsico. La grieta geopolítica entre los EAU y Arabia Saudí sufrió una fuerte escalada en diciembre de 2025, cuando ataques aéreos saudíes arremetieron contra aliados emiratíes en Yemen.
El bloqueo militar sobre el estrecho de Ormuz es otra de las cuestiones críticas en la región, pues por allí transita una quinta parte del petróleo y gas licuado mundial. A pesar de que los EAU disponen de un oleoducto que desemboca en el puerto de Fuyaira (en el golfo de Omán), la tubería ya está a su máxima capacidad. A nivel estratégico, el riesgo de un efecto dominó es algo que está ahí. Países como Irak o Kazajistán podrían considerar que una salida de la OPEP es un camino viable para aumentar su producción y generar ingresos.
La proyección a medio y largo plazo se ve oscura. La pérdida en la flexibilidad del cártel anticipa un entorno de volatilidad de precios en las próximas décadas. Una vez restablecida la libre circulación de petroleros y concluida la guerra, el crudo emiratí va a inflar la oferta. Esto abrirá la puerta a un abaratamiento esperado de la energía y al riesgo inherente de una guerra de precios, terminando con la era en que la OPEP dictaba a sus anchas.
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