La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha detallado, en un informe centrado en la situación energética del Sudeste Asiático, que la crisis del Estrecho de Ormuz ha puesto de relevancia "grandes vulnerabilidades" y pidió a los gobiernos medidas decisivas.
De acuerdo con los expertos de la agencia con sede en París, que examinaron tendencias de los 11 países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) antes del cierre del tráfico marítimo en ese punto por culpa de la guerra en Irán, la región debe hacer frente a grandes riesgos estructurales que requerirán de una mayor cooperación interna.
"Oriente Medio representa el 60% de las importaciones de crudo de la región, y casi la mitad de los productos petrolíferos que se refinan o consumen en el Sudeste Asiático proceden del crudo de Oriente Medio", indicó la AIE en el comunicado de presentación del estudio.
"Como resultado, el cierre virtual de los envíos de energía a través del Estrecho de Ormuz ha tenido graves consecuencias para los países de toda la región, lo que ha provocado una escasez de materias primas petroquímicas, productos químicos y gas licuado de petróleo, que muchos hogares utilizan para cocinar", agrega el texto.
la AIE y Ormuz
La agencia detalla que hasta ahora los gobiernos se centraron en los perjuicios a corto plazo, con medidas de emergencia como impulsar el teletrabajo o pedir que se use el transporte público.
Pero según el informe será necesario abordar las vulnerabilidades sistémicas que han quedado a la vista, ya que se prevé que la factura de las importaciones energéticas del Sudeste Asiático alcance los 185.000 millones de dólares este año, lo que supone un récord histórico.
Y seguirá aumentando en las próximas décadas, hasta alcanzar potencialmente los 400.000 millones de dólares —el 5% de su economía— a mediados de siglo, según las políticas actuales.
"Es una región clave que marca las tendencias energéticas mundiales y que, según las previsiones, representará el 20% del crecimiento de la demanda energética mundial durante la próxima década (...) La crisis energética ha puesto de manifiesto debilidades estructurales en su sector energético que deben abordarse", afirmó Fatih Birol, director ejecutivo de la AIE, en el comunicado.
Eso pasa por diversificar las fuentes de energía y las rutas de abastecimiento, lo que debe ser una prioridad, según Birol, además de intensificar la cooperación regional.
Otro elemento que pone de relevancia este informe es la emergencia de una preferencia por las formas de energía disponibles a nivel nacional, lo que varía de nación a nación.
Algunos optan por explotar sus recursos de petróleo y gas aún sin usar, aunque el informe prevé que se destinen mayores inversiones a otras opciones, como las renovables, que con las políticas actuales triplicarían su capacidad en una década.
La nuclear
El carbón, por su parte, "sigue desempeñando un papel fundamental" y "podría recibir un impulso adicional gracias al renovado interés por la seguridad energética".
La energía nuclear representa una opción de diversificación a largo plazo, con un interés creciente en varios países, pero su papel dependerá de que se acelere su implantación y se reduzcan los largos plazos de construcción.
En este contexto, la electricidad está adquiriendo "un papel cada vez más central", ya que la demanda crece ya al doble de velocidad que el consumo energético total y la previsión es que continúe aumentando rápidamente hasta 2050, impulsada por el crecimiento poblacional y de las economías.
Por todo ello la AIE recomienda "adoptar políticas más contundentes en materia de eficiencia energética", lo que es "una forma rentable de reforzar la resiliencia tanto durante la crisis actual como a largo plazo".







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