La captura de carbono se ha convertido en uno de los asuntos más controvertidos del debate energético en Luisiana. Según los analistas de Wood Mackenzie, la tecnología de captura, utilización y almacenamiento de carbono (CCUS, por sus siglas en inglés) ha logrado algo poco habitual en la política estadounidense: el respaldo tanto de demócratas como de republicanos. Su atractivo reside en que permite compatibilizar el uso continuado de combustibles fósiles con la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La captura de carbono sigue avanzando, aunque aún tropieza con importantes obstáculos
La tecnología no resolverá por sí sola la descarbonización, pero puede ser decisiva para reducir las emisiones en sectores donde apenas existen alternativas, según Wood Mackenzie

Ese consenso se ha traducido en incentivos económicos. Los créditos fiscales para proyectos de CCUS fueron ampliados en 2022 por un Congreso de mayoría demócrata y, posteriormente, los republicanos no solo los mantuvieron, sino que los reforzaron de nuevo a través de la ley One Big Beautiful Bill. Sin embargo, el apoyo institucional no ha evitado que la tecnología siga generando una intensa controversia.
Durante las primarias republicanas para el Senado en Luisiana, el candidato John Fleming convirtió su oposición a la captura y almacenamiento de carbono en uno de los ejes de su campaña. Argumentó que estos proyectos amenazan los derechos de propiedad de los ciudadanos al facilitar el almacenamiento subterráneo de dióxido de carbono en beneficio de grandes empresas. Aunque fue derrotado, obtuvo un importante apoyo en zonas rurales, reflejando la existencia de una resistencia política y social incluso en un estado estrechamente vinculado a la industria del petróleo y el gas.
Los desafíos de la CCUS
Esta oposición pone de manifiesto los desafíos que afronta la CCUS. Aunque la tecnología está suficientemente desarrollada desde el punto de vista técnico, su implantación continúa siendo costosa y depende, en la mayoría de los casos, de ayudas públicas para resultar rentable. Además, numerosos proyectos han sufrido retrasos o han sido cancelados por problemas de infraestructura, falta de incentivos y rechazo de las comunidades locales.
Tras una rápida expansión entre 2019 y 2024, el crecimiento de la capacidad mundial en desarrollo se ha ralentizado. No obstante, los proyectos que ya están en construcción o en fases avanzadas continúan aumentando, mientras disminuyen las iniciativas en etapas iniciales, lo que apunta a una fase de consolidación del sector.
Las grandes empresas tecnológicas podrían desempeñar un papel relevante en este ámbito, ya que sus centros de datos requieren un suministro eléctrico constante y, al mismo tiempo, están sometidos a una creciente presión para reducir su huella de carbono. Sin embargo, hasta ahora han optado principalmente por adquirir créditos de carbono en lugar de invertir directamente en instalaciones de captura. Ejemplos recientes son los compromisos de compra de créditos anunciados por Stripe, Google, Salesforce y Anthropic a través de la iniciativa Frontier, mientras que Microsoft sigue liderando ampliamente este mercado. Aun así, el volumen de estas inversiones sigue siendo reducido en comparación con el gasto total que las tecnológicas destinan cada año a infraestructuras.
Las recientes olas de calor registradas en Europa han vuelto a poner de relieve la urgencia de reducir las emisiones y podrían impulsar un mayor respaldo político a las políticas climáticas. Si ese cambio se consolida, la industria de la captura de carbono deberá demostrar que puede convertirse en una herramienta eficaz para la descarbonización.
Imprescindible en sectores difíciles de electrificar
Según Wood Mackenzie, la CCUS seguirá siendo imprescindible en sectores industriales difíciles de electrificar, como el cemento, el acero o los fertilizantes, donde existen pocas alternativas para reducir emisiones. También podría contribuir a la generación eléctrica mediante centrales de gas o carbón equipadas con sistemas de captura, capaces de proporcionar electricidad baja en carbono de forma continua. Aunque esta opción sería más costosa que la geotermia avanzada, resultaría más competitiva que la construcción de nuevas centrales nucleares.
No obstante, el principal obstáculo continúa siendo económico. En la mayoría de los mercados, el precio del carbono sigue siendo insuficiente para hacer rentables estas inversiones sin apoyo público, y elevarlo hasta niveles adecuados resulta políticamente complejo. Pese a ello, Wood Mackenzie mantiene una perspectiva optimista y prevé que la capacidad mundial de captura aumente desde los actuales 91 millones de toneladas anuales hasta cerca de 3.000 millones en 2060.
Incluso con ese crecimiento, la consultora estima que la captura de carbono solo permitirá retener menos del 6 % de las emisiones globales dentro de 35 años. Por ello, concluye que la CCUS no resolverá por sí sola el cambio climático, pero sí puede convertirse en una herramienta esencial en aquellos sectores donde las alternativas de descarbonización siguen siendo limitadas.
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