El mercado global del gas natural licuado (GNL) atraviesa uno de los momentos más convulsos de los últimos años tras la escalada del conflicto en Oriente Medio, que en marzo de 2026 interrumpió de forma abrupta una racha de doce meses consecutivos de crecimiento interanual en la producción. Lo que comenzó como una crisis regional se ha transformado en un shock energético de alcance global, con efectos inmediatos sobre la oferta, la demanda y los precios, y con consecuencias estructurales que podrían extenderse durante la próxima década, según un reciente informe de Rystad Energy.
La demanda mundial de GNL podría reducirse hasta 40 millones de toneladas respecto a escenarios anteriores al conflicto
Los actores del sector deberán adoptar estrategias a largo plazo para adaptarse a un entorno más incierto, volátil y marcado por riesgos geopolíticos persistentes, según Rystad Energy

La ofensiva sobre infraestructuras clave en el Golfo Pérsico ha sido el detonante principal. Los ataques directos dañaron gravemente la capacidad de licuefacción de Qatar, eliminando aproximadamente el 17% de su producción durante un periodo estimado de entre tres y cinco años. A esto se suma el cierre del estrecho de Ormuz al tránsito de cargamentos de GNL durante marzo, un cuello de botella crítico para el comercio energético mundial. Como resultado, el mercado perdió cerca de 5 millones de toneladas mensuales y casi 7 millones en términos interanuales.
Perspectivas preocupantes
Sin embargo, el impacto total sobre la oferta global fue parcialmente amortiguado por el incremento de producción en otros países, especialmente Estados Unidos. Gracias a esta compensación, la caída neta mensual se limitó a unos 1,7 millones de toneladas, situando la producción global ligeramente por debajo de los 35 millones. Aun así, las perspectivas son preocupantes: las estimaciones apuntan a una pérdida total de entre 32 y 40 millones de toneladas de GNL en 2026, con un escenario extremo que podría alcanzar los 68 millones si el conflicto se intensifica.
Asia ha sido la región más golpeada por esta disrupción. Dependiente en gran medida del suministro de Oriente Medio, el continente absorbe el 83% de los volúmenes afectados. Las importaciones asiáticas cayeron un 13,1% interanual en marzo, con descensos especialmente pronunciados en China, Japón y Corea del Sur. En este contexto, muchos países han optado por medidas de emergencia como la reducción de la demanda, mejoras en la eficiencia energética y, de forma significativa, un retorno al uso del carbón, lo que ha impulsado los precios en la cuenca del Pacífico un 45% respecto al año anterior.
China, el mayor importador mundial de GNL, ha revisado a la baja sus previsiones para 2026 hasta los 70,6 millones de toneladas, reflejando tanto el aumento de la producción doméstica como la sensibilidad de su sector industrial a los precios. En el sur de Asia, economías más frágiles como India o Pakistán han reducido sus importaciones de forma notable, en línea con las expectativas, debido a limitaciones financieras.
En contraste, Europa ha mostrado una resiliencia sorprendente en el corto plazo. A pesar del aumento de precios —que en el índice TTF alcanzaron los 16 dólares por millón de BTU frente a los 9-10 previos al conflicto—, el continente no ha experimentado una caída significativa en sus importaciones. Esto se debe a varios factores: un invierno suave, el aumento de la generación renovable y una diversificación de proveedores que incluye mayores volúmenes procedentes de Estados Unidos.
Incremento de la competencia
No obstante, esta aparente estabilidad podría ser engañosa. La interrupción prolongada del suministro desde Oriente Medio incrementará la competencia global por el GNL estadounidense, mientras que las infraestructuras de importación europeas ya operan cerca de su capacidad máxima. Ante este escenario, Europa podría verse obligada a elegir entre reducir sus niveles de almacenamiento de cara al próximo invierno o implementar recortes en el consumo.
El mercado también ha experimentado una elevada volatilidad financiera. Las posiciones de los fondos de inversión en futuros de gas han disminuido considerablemente, aunque las posiciones largas se mantienen relativamente estables. Esta combinación podría amplificar las caídas de precios en caso de una relajación de las tensiones, aunque por ahora las perspectivas de un alto el fuego duradero son inciertas.
EEUU maximiza la producción
En Estados Unidos, la respuesta del sector ha sido clara: maximizar la producción para aprovechar los altos precios internacionales. Las plantas de licuefacción han operado incluso por encima de su capacidad nominal, alcanzando niveles de utilización del 119%. Nuevas instalaciones como Golden Pass han comenzado a producir, aunque su expansión será gradual. Este aumento ha permitido a Estados Unidos consolidarse como el principal proveedor alternativo en el mercado global.
En el ámbito energético, los cambios en la matriz de generación también son evidentes. En Europa, el consumo de gas para generación eléctrica ha disminuido debido a los altos precios, mientras que las energías renovables, especialmente la solar, han ganado protagonismo. En Estados Unidos, por el contrario, la caída de precios internos ha favorecido el cambio del carbón al gas en la generación eléctrica.
El conflicto reconfigura las expectativas del mercado
A medio y largo plazo, el conflicto está reconfigurando las expectativas del mercado. Las pérdidas estructurales en la producción de Qatar, junto con los retrasos en nuevos proyectos, apuntan a precios más altos en Europa y Asia hasta al menos 2030. Sin embargo, este encarecimiento podría provocar una destrucción de la demanda, especialmente en economías emergentes, acelerando la transición hacia alternativas como las renovables y reduciendo la necesidad de nuevas inversiones en infraestructuras de GNL.
De hecho, las previsiones indican que la demanda global de GNL podría alcanzar un máximo inferior al esperado previamente, con una reducción de hasta 40 millones de toneladas respecto a escenarios anteriores al conflicto. A largo plazo, esto se traduciría en precios más moderados y en un menor número de proyectos necesarios para equilibrar el mercado.
En definitiva, la crisis actual no solo representa un shock coyuntural, sino un punto de inflexión para el mercado global del gas. Más allá de la gestión inmediata de la emergencia, los actores del sector deberán adoptar estrategias a largo plazo para adaptarse a un entorno más incierto, volátil y marcado por riesgos geopolíticos persistentes.
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