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La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, acaba de anunciar su intención de cambiar el mercado eléctrico italiano mediante una sencilla fórmula: Reembolsar a las centrales de gas el coste de sus derechos de emisión para que, así, no lo imputen en las ofertas y conseguir bajar el precio del mercado. Esta pretensión recuerda a la excepción ibérica presente en España y Portugal durante los años 2022 y 2023, ya que de la misma manera que aquella pretende evitar la imputación de los costes de una sola tecnología a todo el mercado eléctrico. La dialéctica es distinta (Meloni señala a Bruselas con la dialéctica típica de su familia política), el foco también, pero la idea de fondo es coincidente.

Italia es el país de Europa Occidental con los precios mayoristas más altos de electricidad, superando los 100 €/MWh. La causa es un mix eléctrico que en casi un 50% es gas y una interconexión más bien escasa (aunque mayor que la de la península ibérica). Con ese precio de mercado el gobierno italiano razona, con lógica, que las fuentes renovables con costes mucho más bajos están ingresando demasiado por un coste que no les es propio. Un precio de 80 €/t de CO2 aumenta el coste de cada MWh generado con un ciclo combinado eficiente en casi 30 €, por lo que sería lógico pensar una reducción del mercado italiano que podría superar 25 €/MWh en función de los costes de CO2 del momento y el número de horas inframarginales.

Sin embargo, esto se puede plantear en Italia precisamente por ese altísimo precio de mercado. En el resto de los países de Europa algo así supondría una disfunción mayor de la que se pretende solucionar, ya que vivimos sobre un equilibrio absolutamente frágil con unas reglas de fijación de precios que se idearon para un sistema eléctrico que ya nada tiene que ver con el actual.

Imaginemos que se aplica esto a un país como España, con precios de futuros alrededor de los 53 €/MWh. Este precio base, en el fondo, es el resultado de un gran número de horas a precio cero, algunas en negativo, y una cantidad nada desdeñable de horas donde los ciclos combinados fijan directa o indirectamente el precio eléctrico con importes que superan los 100 €/MWh. Este precio, además, comienza a ser poco relevante para tecnologías como la solar, que solo generan determinadas horas donde el precio del mercado está hundido. Es un precio bueno para una eólica, muy bueno para las hidráulicas, pero insuficiente para la nuclear y, a causa del apuntamiento, peligroso para la solar.

¿Qué pasaría si en España hiciésemos lo que pretende Meloni? Pues que las horas pico dejarían de estar en torno a 100 €/MWh y pasarían a estar en torno a 70 €/MWh y, con eso, el mercado se podría ir bastante por debajo de 40 €/MWh. Y, a ese precio, las hidráulicas siguen viviendo bien, pero el resto tendrían enormes dificultades. El consumidor estaría temporalmente contento, pero un mercado eléctrico no se puede mantener a un precio donde parte de los generadores no pueden cubrir sus costes.

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El sistema marginalista

El problema, en el fondo, no es de los derechos de emisión. Estos derechos han funcionado bien para lo que en su momento fueron creados: para hacer a las tecnologías fósiles pagar sus externalidades, desplazar el carbón y llevar a la horquilla de competitividad a las renovables. Estos derechos son necesarios fuera del sistema eléctrico, para dar la señal de precio adecuada para electrificar procesos que hoy usan combustibles fósiles. Es cierto que ahora que solo tenemos una fuente fósil en el sistema eléctrico (el gas), la imputación de este coste ya no desplaza al carbón ni cambia ningún orden de mérito. Sin embargo, su misión ahora mismo es la de mantener con vida un mercado gran parte del año inframarginal.

Seamos claros: Tanto el enrevesado sistema de la excepción ibérica como esta propuesta de Meloni son arreglos para no mirar al verdadero elefante en la habitación, que es el sistema marginalista. El problema no es que un ciclo combinado produzca a 120 €/MWh, esos son sus costes reales, el problema es cuando esos 120 €/MWh se aplican a todos los demás y arrastran a los mercados de futuros y a los contratos a largo plazo a esa expectativa.

Todo se puede enrevesar, parchear y duplicar lo suficiente para hacer algo más o menos funcional, usando caps, reembolsos, impuestos confiscatorios a partir de determinado umbral como el nuevo VNU francés o mecanismos similares. Pero la realidad, por mucho que no queramos ver el elefante marginalista, es que el problema lo tenemos en la forma como remuneramos a las energías y fijamos precios, porque un sistema marginal no puede funcionar bien cuando una gran mayoría de la generación viene de fuentes inframarginales.

Mercado roto

Y no nos equivoquemos: igual que en la crisis energética vimos el sistema romperse por arriba, es probable que lo veamos también romperse por abajo. Los equilibrios frágiles no duran para siempre, y cuando se rompen llegan paralizaciones, desinversiones y problemas ¿Qué pasará cuando las horas solares en Italia dejen de estar a precio de gas? ¿Y si el gas vuelve a 15 €/MWh? Lo que hoy son soluciones mañana pueden ser problemas.

Por cierto, quienes han entendido esto bien son los propietarios de las nucleares, que mientras que con una mano defienden la ortodoxia marginalista, con la otra se van buscando unos CfD de largo plazo otorgados por anti-competitivos dedazos gubernativos en base a una supuesta necesidad auto diagnosticada. Felicidades por los éxitos, pero déjenme simplemente avisar que, si queremos un mercado libre y justo, o todos moros o todos cristianos. Es decir, que dar CfD sin competencia a unas tecnologías por su graciosa majestuosidad es inaceptable cuando otras acaban pagando precisamente esa presencia. Abrir esta caja de pandora tampoco saldrá gratis.

Está por ver que el sistema italiano sea aprobado por Bruselas. Personalmente, tengo serias dudas de que vayan a autorizarlo, ya que el efecto contagio sería inmediato, posiblemente llevaría a incrementar el uso del gas y crearía disfunciones internas. Plantearse a estas alturas otorgar derechos gratuitos a los ciclos combinados de gas nos haría retroceder 20 años. Cuando lo que falla es la base, los arreglos son difíciles, sobre todo cuando nos empeñamos en no querer ver el elefante (marginalista) en la habitación.

Pedro Fresco es director general de Avaesen.

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9 comentarios

  • Carlos

    Carlos

    25/02/2026

    El precio del CO₂ en Europa es, en la práctica, un autoimpuesto que encarece la producción industrial frente a EE. UU. o China. Mientras otros bloques subsidian energía o industria, la UE añade costes regulatorios que reducen competitividad.
  • CarlosCL

    CarlosCL

    25/02/2026

    Desde el apagón, el sistema eléctrico español es más complejo, más intervenido y más frágil, con más reglas, más ajustes, más servicios complementarios… y más coste oculto
  • Maroji

    Maroji

    25/02/2026

    No creo que Europa vaya a permitir excepciones nacionales permanentes que rompan el mercado único, pero lo que está haciendo Italia sí pone una cosa encima de la mesa: hace falta un cambio. Con el auge de las renovables, el almacenamiento, el hidrógeno y nuevas tecnologías, es imprescindible sentarse y rediseñar las bases del mercado eléctrico europeo para que refleje mejor los costes reales y dé señales correctas para invertir y bajar los precios de la factura.
  • Rafa332

    Rafa332

    25/02/2026

    Italia puede intentar bajar la luz ayudando al gas, pero eso es solo un parche. El problema real es que el sistema eléctrico europeo hace que toda la electricidad se pague al precio de la tecnología más cara. Mientras no se revise ese modelo, seguiremos poniendo soluciones temporales.
  • JaviNox

    JaviNox

    25/02/2026

    Si de verdad queremos precios estructuralmente bajos y menos dependencia del gas, mantener el parque nuclear operativo parece bastante más sensato que subvencionar ciclos combinados
  • Raquel

    Raquel

    25/02/2026

    Italia igual que España son peninsulas y tienen mayores retos que otros paises porque no hay tanta conexión, pero creo que subvencionar el gas no ayuda tanto. Apostar por invertir en redes, las renovables y la nuclear parece una solución mejor para el medioambiente y con más visión de futuro, además, Italia tiene una situación privilegiada para la solar.
  • Joaquín S

    Joaquín S

    25/02/2026

    Si el mercado queda demasiado bajo, muchas tecnologías no cubren costes. Eso no es sostenible
  • Miguel A. A.

    Miguel A. A.

    26/02/2026

    El precio de las emisiones de CO2 es algo que se introdujo en la UE para encarecer la electricidad en el mercado diario con el objetivo de dar más margen de beneficio a la generación no emisora de CO2 y aumentar así sus inversiones.El problema viene cuando algún país tiene problemas para implantar renovables a gran escala y no consigue cerrar el hueco térmico en generación que tienen, como le pasa a Italia. En ese caso está condenado a tener precios de electricidad caros y perder competitividad. Se ha creado una Europa de varias velocidades, y una perdida de competitividad. Según mi punto de vista, la idea intencional del costo de los derechos de CO2 era buena pero peligrosa para la industria de los países europeos por encarecer artificialmente la electricidad. Yo creo que se podían haber hecho las inversiones en renovables sin sacrificar la economía de los países europeos.

    España ya cerró el hueco térmico en horas solares con la fotovoltaica en grande plantas, y hay veces que en invierno también con la eólica e hidroeléctrica, pero Italia está muy lejos de alcanzarlo.

    El problema no es el mercado marginalista, sino que se obliga a pasar por el mercado marginal toda la electricidad que recibe subsidios del Estado y tienen obligación de compra, y eso hace que oferten a negativo adulterando el mercado. A ellos no le importa porque después cobran por detrás lo pactado con el Gobierno, pero a los demás generadores les destrozan. Han creado un monstruo.
  • Sol Mediterráneo

    Sol Mediterráneo

    26/02/2026

    El gran problema de mis querida Italia es, la excesiva dependencia del gas y las importaciones.

    Las renovables eólica y fotovoltaica van muy retrasadas. Hidráulica tiene unos valores aceptables.

    El abandono nuclear fue un grave error con el referéndum de 1.987 y 2.011 incluidos.

    Ahora Italia es rehén del gas argelino durante los próximos 10 años.

    Evidentemente hay cosas que no se hicieron bien.

    Europa tiene que planificar un 25 % de energía nuclear para acompañar a las renovables.

    El problema del mercado marginalista esta bien planteado incluidas las trampas de cada estado.

    Buscar la solución es una tarea difícil pero necesaria no podemos arruinar a la fotovoltaica por barata.

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