Los mercados siempre son sensibles a los estímulos e información de manera global y la afección de las tensiones geopolíticas, conflictos ya sean bélicos, o comerciales, afectan a las cotizaciones bursátiles de las empresas. Este hecho cada vez coge más relevancia en la actualidad, ya que los cambios arancelarios derivados de los desafíos comerciales internacionales tendrán consecuencias sobre las estrategias de inversión y financiamiento del tejido empresarial, al tiempo que nuestro país avanza hacia un modelo más sostenible, acompañado de nuevas regulaciones y de ayudas a nivel europeo.
Durante meses, hemos tenido los ojos puestos en los conflictos bélicos, y la afección de las sanciones económicas de occidente sobre el Kremlin, así como en las consecuencias de la posible escasez de gas ruso en la zona este europea. Pero todas estas situaciones nos han llevado a plantear estrategias energéticas, no sólo en términos de abastecimiento, sino también en términos analíticos de las repercusiones de la dependencia energética de terceros.
A día de hoy, una nueva tormenta política está poniendo en estado de alerta todas las relaciones comerciales que se habían establecido durante décadas. Y es que los anuncios de políticas arancelarias de la administración Trump han revuelto gran parte de los sectores industriales europeos, y seguramente muchas de nuestras empresas exportadoras se enfrentarán a situaciones críticas en el corto y medio plazo.
Letta y Draghi
Esta situación global también ha llevado a la Comisión Europea a idear nuevas estrategias en búsqueda de una industria más competitiva y sostenible, no solo a nivel de emisiones, sino a nivel sostenibilidad económica; tras la publicación del Clean Industrial Deal y las declaraciones de intenciones reflejadas en los informes Draghi y Letta. De este último extraigo la frase: «Hay una necesidad urgente de recuperar y reforzar la dimensión del mercado único de servicios financieros, energía y comunicaciones. Esto implica establecer un marco legislativo integrado entre el nivel comunitario y nacional».
Ahora el reto reside en poder aterrizar estas declaraciones de intenciones en mecanismos concretos y parece que la comisión está actuando en esta dirección como se refleja en la reciente consulta pública asociada al Clean Industrial Deal con propuestas para el despliegue de renovables, descarbonización industrial y la fabricación de tecnologías sostenibles reduciendo el riesgo para el inversor.
Las subastas parecen que gustan en la comisión como instrumento de apoyo y a las dos realizadas para el apoyo de proyectos de hidrógeno renovable y una tercera ya anunciada para este 2025 habría que sumar un nuevo piloto de subasta en la industria apoyada el Banco de descarbonización industrial y donde vuelve a coger peso la posibilidad de contratos por diferencias de carbono.
Esperemos que este tipo de mecanismo pueda solventar los riesgos asociados a los cambios de modelos productivos y que están frenando el desarrollo de algunos proyectos de hidrógeno renovable donde los offtakers deberían de verse incentivados para desarrollar estos cambios sin que se vea afectada su competitividad.
Mecanismos
Estos mecanismos deberían llevarnos a una situación energética estable e independiente de terceros países por lo que el debate, siempre controvertido, sobre el apoyo o no de la energía nuclear vuelve a ponerse en el centro de la mesa y es que el documento subraya la importancia de esta tecnología en los objetivos de descarbonización y abre la puerta a incentivar esta tecnología si se reúnen ciertas circunstancias. La estabilidad aportada por esta energía al sistema eléctrico está fuera de toda duda, pero puede que nos estemos olvidando quién nos proporciona actualmente el combustible nuclear y en qué países están las mayores reservas de uranio.
Todo este panorama regulatorio y de posibles incentivos deberían ayudar a proyectar un avance significativo en una energía más segura y a menor precio, que permita a nuestras industrias avanzar en esta situación de inseguridad de los mercados en una mayor competitividad.
Será necesario, sin embargo, fortalecer otros instrumentos que apoyen la financiación de este tipo de proyectos de manera masiva, donde deberían jugar un papel determinante los posibles incentivos fiscales a estas tecnologías. En ese sentido, un sistema de deducciones fiscales sobre el impuesto de sociedades para las inversiones realizadas en proyectos de descarbonización o generación renovable sería la herramienta que mejor ayudaría a impulsar las políticas de la Unión Europea, pudiendo incorporarse referencias como el cálculo de la huella de carbono evitada con estas tecnologías para determinar si la deducibilidad del proyecto en cuestión.
Este tipo de sistema sería un incentivo que otorgaría la seguridad necesaria a los inversores de los proyectos, y amortiguaría el riesgo tecnológico y regulatorio tanto de promotores como de consumidores últimos. Además, fortalecería el posicionamiento estratégico de sectores de alto valor añadido, lo cual siempre revierte en una economía más sólida a nivel país. Como siempre, estará en nuestra mano salir de esta situación de incertidumbre fortalecidos como Unión, tal como recomienda el informe Draghi.
Daniel Ramos es Head of Energy en FI Group
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