La tasa de inflación interanual de la eurozona se ha situado en marzo en el 2,5%, lo que supone una aceleración de seis décimas respecto del dato del 1,9% de febrero y representa el mayor aumento del coste de la vida en la región desde enero de 2025 ante el impacto de la guerra en Irán sobre los precios de la energía, según la estimación preliminar publicada por Eurostat.
Este repunte de seis décimas en la tasa de inflación interanual de la zona euro en marzo, primer mes del conflicto en Oriente Próximo tras los ataques a Irán de Estados Unidos e Israel, es el mayor salto de los precios en la región desde octubre de 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó el coste de los hidrocarburos.
Del mismo modo que entonces, la escalada de la inflación en marzo refleja el impacto inmediato de la guerra en Oriente Próximo y el bloqueo del Estrecho de Ormuz en los combustibles, con una subida del 4,9% interanual del coste de la energía, en contraste con el retroceso del 3,1% registrado en febrero, mientras que los alimentos frescos se encarecieron un 4,1%, medio punto porcentual menos que el mes anterior.
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De este modo, al excluir del cálculo el impacto de la energía, la inflación de la zona euro en marzo fue del 2,3%, una décima inferior al dato de febrero.
La tasa subyacente, que además de los precios de la energía deja fuera del cálculo también a los alimentos, el alcohol y el tabaco, se ha moderado también una décima, hasta el 2,3%.
En el caso de España, la tasa de inflación armonizada en marzo repuntó al 3,3% interanual, lo que implica un diferencial de precios desfavorable respecto de la zona euro de ocho décimas.
Entre los miembros de la zona euro, las tasas anuales de inflación más bajas se registraron en Chipre e Italia (1,5% ambos) y Francia (1,9%), mientras que las mayores subidas de los precios se observaron en Croacia (4,7%), Lituania (4,5%) y Luxemburgo (3,8%).
inflación y energía
"El fuerte aumento de la inflación en la eurozona en marzo era previsible, pero aun así resultó algo más moderado de lo anticipado", apunta Haneef Niyas desde Oxford Economics, destacando la posibilidad de que algunas intervenciones gubernamentales para limitar el aumento de los precios del combustible hayan tenido algún efecto, aunque solo marginal.
Asimismo, a pesar de que la tasa de inflación subyacente se ha moderado en marzo, advierte de la previsible presión al alza derivada de los efectos de segunda ronda de la crisis de los precios de la energía y la interrupción de las cadenas de suministro globales.
"Si bien no creemos que se repita la crisis energética de 2022, el conflicto actual tendrá un impacto significativo en la inflación de la eurozona", sostiene Niyas, anticipando que la tasa para la eurozona alcance alrededor del 3% este año, con un pico ligeramente superior al 3% en el segundo trimestre.
"Es probable que esta perspectiva impulse dos subidas de tipos del BCE para mantener ancladas las expectativas de inflación", augura el experto, para quien, sin embargo, a medida que se debiliten las perspectivas de crecimiento de la zona euro, sería esperable que la institución revierta este endurecimiento de su política monetaria con el tiempo, incluyendo recortes de tipos a partir del primer semestre de 2027.
"El BCE ya no está en su 'buen lugar'", señala por su parte Bert Colijn, economista jefe de ING, tras conocerse el dato de inflación de la zona euro, que pone fin a un largo periodo de inflación inusualmente estable como consecuencia del alza de los precios de la energía, ya que las demás categorías principales no han mostrado impacto hasta el momento, lo que indica que los efectos sobre los precios, más allá de la energía, fueron bastante leves.
No obstante, teniendo en cuenta que la situación de Oriente Próximo domina las perspectivas, el experto advierte de que, de cara al futuro, no se puede considerar el aumento del precio de la energía de forma aislada, sino que también es previsible un riesgo al alza en los precios de los alimentos y otros bienes debido a la escasez de fertilizantes y a los problemas generalizados en la cadena de suministro derivados de la guerra.
"Cuanto más se prolongue la crisis, mayor será la probabilidad de aumentos generalizados tanto en la inflación general como en la subyacente", avisa Colijn, para quien son posibles múltiples escenarios inflacionarios, "y por eso el BCE tiene razón al mantenerse en alerta máxima".
La semana pasada, la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, aseguraba que la indecisión no paralizará a la entidad a la hora de cumplir su compromiso "incondicional" de lograr una inflación del 2% a medio plazo y subrayaba que el BCE no está en la misma situación que hace cuatro años, al comienzo de la invasión rusa de Ucrania, pues actualmente cuenta con una estrategia diseñada para un mundo de mayor incertidumbre, incluyendo opciones graduales de respuesta.
De tal manera, la francesa expresaba la disposición de la entidad para actuar sin titubeos ante la amenaza que el conflicto de Oriente Próximo puede llegar a representar para la meta de estabilidad de precios a medio plazo, por lo que "podría justificarse algún ajuste" (de los tipos de interés) si la perturbación da lugar a un exceso importante, aunque no demasiado persistente, de este objetivo.
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