Un equipo de investigadores ha demostrado que los posos de café usados pueden transformarse de forma eficiente en biobutanol, un biocombustible avanzado con potencial para sustituir parcialmente a los combustibles fósiles, mediante un proceso optimizado que reduce costes y refuerza la viabilidad industrial de esta alternativa energética.
El estudio, liderado por el Centro de Biocombustibles y Bioproductos del Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL) y la Universidad de León (ULe), confirma que los residuos sólidos del café, uno de los subproductos agroalimentarios más abundantes del mundo, pueden revalorizarse dentro de un modelo de economía circular, al convertirse en una fuente eficaz de energía renovable.
Según explican los autores, el trabajo optimiza por primera vez todo el proceso de producción de biobutanol a partir de posos de café, desde el tratamiento previo del residuo hasta la fermentación final, logrando altas concentraciones del biocombustible con una reducción significativa en la cantidad de nutrientes necesarios para el proceso, uno de los principales factores de coste.
El biobutanol es un alcohol de cuatro carbonos que presenta ventajas frente al bioetanol, al tener mayor densidad energética, menor volatilidad y una mayor compatibilidad con las infraestructuras actuales de transporte y almacenamiento de combustibles, además de poder mezclarse con gasolina en cualquier proporción.
Biobutanol
En la primera fase del trabajo, consultado por EFE tras su publicación en la revista Process Safety and Environmental Protection, los investigadores optimizaron el pretratamiento químico de los posos de café mediante ácido sulfúrico diluido y posterior hidrólisis enzimática, con el objetivo de liberar la mayor cantidad posible de azúcares fermentables.
Con las condiciones óptimas, se logró recuperar más del 91% de los azúcares totales contenidos en el residuo, una cifra muy superior a la descrita en estudios previos.
Posteriormente, el hidrolizado obtenido fue sometido a un proceso de detoxificación para eliminar compuestos inhibidores que dificultan la fermentación. Este paso permitió eliminar completamente sustancias tóxicas como los furanos y reducir en más de un 80 % los compuestos fenólicos, sin una pérdida significativa de azúcares.
El siguiente avance clave fue la selección de la bacteria más eficiente para transformar esos azúcares en biobutanol. Tras evaluar ocho cepas del género Clostridium, el equipo identificó a Clostridium saccharoperbutylacetonicum como la más eficaz, tanto en producción de butanol como en consumo de azúcares, superando a otras cepas comúnmente utilizadas.









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