La patronal británica del sector eléctrico Energy UK saltó las alarmas el pasado 26 de febrero con un informe que apuntaba a una deuda acumulada de 5.500 millones de libras esterlinas por facturas no pagadas. Esta cifra podía llegar a los 7.000 millones de libras a finales de este año, si no se hace nada. El 75% de esa cifra se refiere a retrasos en el pago, lo que quiere decir que no se ha implementado un plan de pago de atrasos. Un millón de hogares no tienen sus datos registrados con los comercializadores, requisito necesario para recibir ayuda, lo que aumenta el riesgo de deuda imposible de gestionar.
En estas condiciones de mercado, a los comercializadores británicos les resulta cada vez más difícil cubrir sus costes, lo que socava su solidez financiera. Para aliviar su peso, el pasado 1 de abril se cambió el mecanismo de recuperación de uno de los mayores descuentos para hogares con bajos ingresos (Warm Home Discount o WHD), por unas 39 libras esterlinas en la factura combinada de gas y electricidad. A partir de esa fecha, se cobrarán a través de la tarifa de uso por kWh, en vez de cobrarse a través del cargo fijo mensual en la factura.
No ha servido de mucho. La semana pasada se anunció la compra de una de las mayores comercializadoras británicas, Ovo Energy, por parte de la alemana E.ON. La comercializadora tenía serios problemas financieros y era una de las cinco señaladas por el regulador británico Ofgem por no cubrir los ratios de capital requeridos.
Fallos en el sistema de tarifas: no funciona el mecanismo de precios máximos
El principal programa vigente de apoyo a hogares es el mencionado WHD, que consiste en un descuento de 150 libras en la factura anual de personas en situación de pobreza energética o en riesgo de padecerla. Este descuento se incluye en el cálculo del precio máximo trimestral, analizado ya por este diario, que calcula Ofgem.
No se trata de una tarifa regulada permanentemente más baja que la que paga el resto de consumidores, sino que es un recargo para todos los consumidores, incluidos los hogares en pobreza energética. Comparado con el bono social en España, el consumidor vulnerable en el Reino Unido tiene que pagar, como el resto de consumidores, el precio que las comercializadoras ofrecen en el mercado, siempre por debajo del precio máximo.
La insuficiencia de este mecanismo es por partida doble. El comercializador tiene que financiar directamente el descuento, lo que supone actuar como un banco, financiando las 150 libras por hogar hasta el momento que pueda cobrarlas de Ofgem, tras recolectarlas a través de las tarifas. Adicionalmente, Ofgem espera que las comercializadoras ofrezcan planes de pago que incluyan repartir la deuda a lo largo del tiempo, cobrar tipos de interés reducidos o revisar el poder adquisitivo del hogar en función de los ingresos y los gastos esenciales.
Esto crea un estrés adicional sobre los balances de las comercializadoras, hasta el punto de no aplicar el descuento WHD sobre clientes o incentivar planes de pago, bajo el riesgo de ser multadas por Ofgem. Esta práctica de supervivencia no hace más que agravar el problema de la deuda energética de los hogares. La pescadilla que se muerde la cola.







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