Los líderes de la Unión Europea examinan este jueves la batería de medidas que ha presentado la Comisión Europea para hacer frente al incremento de los precios energéticos desde el inicio de a guerra en Irán, con una atención especial en posibles escenarios de escasez de petróleo y sus derivados, al tiempo que aceleran su estrategia de transición verde.
Además, debatirán el viernes el próximo presupuesto para el periodo 2028-2034 en el que será el primero de sus intercambios con vistas al ambicioso objetivo de pactar a finales de año unas cuentas que siempre generan una fuerte división entre los Veintisiete.
Estos serán los dos principales debates económicos en la agenda de la cumbre informal que los jefes de Estado y de Gobierno tendrán en Chipre, el país que ostenta la presidencia de turno de la UE durante este semestre, marcada por la incertidumbre constante sobre el tránsito por el estrecho de Ormuz.
Las consecuencias económicas del conflicto entrarán a escena en la primera sesión de trabajo de la cita, que tendrá lugar durante la tarde del jueves y que se celebra en el enclave costero de Agia Napa, situado en la zona más oriental de la isla.
La precios energéticos en la UE
Los Veintisiete abordarán en ese momento no sólo el aspecto geopolítico y diplomático de la guerra, sino también su impacto económico puesto que "los efectos de los precios de los combustibles fósiles ya son visibles en las vidas cotidianas de nuestros ciudadanos y empresas", advirtió el presidente del Consejo Europeo, António Costa, en su carta de invitación a los líderes.
En efecto, el precio del barril de brent ha repuntado un 40% desde que comenzaran los ataques, superando incluso los 100 dólares la víspera de la cumbre, mientras que el gas se ha encarecido un 30%, hasta los 42 euros por megavatio/hora (MWh).
Una de las cuestiones que más preocupa son los potenciales problemas de abastecimiento de combustibles. Bruselas subraya en un documento publicado este miércoles que no existe una “amenaza inmediata” en este sentido, pero reconoce que las reservas de algunos fueles están “justas” y apunta a posibles problemas de escasez en cuatro o cinco semanas.
Por ello, defiende que la coordinación a nivel europeo y entre Estados miembros es “clave”, en especial para el almacenamiento de crudo, la liberación de reservas o las actuaciones para garantizar el abastecimiento de queroseno o diésel y las capacidades de refinado. Sugiere, incluso, la posibilidad de que los Veintisiete compartan queroseno.
En relación a las medidas que se adopten a nivel nacional para apoyar a hogares y empresas, insiste en que sean temporales y enfocadas en los colectivos más vulnerables o expuestos, en lugar de optar por acciones amplias que puedan incluso aumentar la demanda de crudo o gas.
Con la mirada más a largo plazo, el documento apuesta por acelerar la producción doméstica de energías renovables, anticipa un nuevo plan para la electrificación del continente y busca involucrar al sector privado para financiar los 660.000 millones anuales hasta 2030 que son necesarios para acometer la transición.
El texto, sin embargo, descarta crear un impuesto europeo sobre los beneficios extraordinarios de las energéticas -como piden España, Alemania, Italia, Portugal y Austria- aunque no se opone a que los países lo adopten a nivel nacional.
La ecuación del presupuesto
Ya el viernes en la capital Nicosia, los líderes europeos abordarán el futuro presupuesto de la UE para el periodo 2028-2034, una discusión que estaba prevista en su cita de marzo pero que postergaron para centrarse en otros asuntos de más actualidad.
Ursula Von der Leyen ha planteado un borrador presupuestario de 1,7 billones de euros para el siguiente periodo de siete años (2 billones a precios corrientes) y el objetivo de los líderes es alcanzar la unanimidad que requiere su aprobación antes de que acabe el año.









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