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La transformación del sistema energético mundial está guiada por criterios económicos y no por objetivos climáticos

La edición 2025 del New Energy Outlook de BloombergNEF señala que la descarbonización avanza entre incertidumbre y oportunidades, pero a un ritmo insuficiente para cumplir con el Acuerdo de París

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La transición energética global se enfrenta a un escenario cada vez más complejo, marcado por tensiones geopolíticas y riesgos regulatorios. Sin embargo, las tecnologías limpias mantienen una base sólida: sus costes competitivos y su madurez impulsan su expansión a nivel mundial, incluso sin políticas climáticas más ambiciosas.

Así lo señala el último informe New Energy Outlook 2025 de BloombergNEF, que plantea un escenario base en el que la transformación del sistema energético está guiada principalmente por criterios económicos y no por objetivos climáticos. Bajo este enfoque, la descarbonización avanza, pero a un ritmo insuficiente para cumplir con el Acuerdo de París.

La inversión mundial en la transición energética alcanzó un récord de 2,3 billones de dólares en 2025, un 8 % más que en 2024
El transporte electrificado representa la mayor parte de la inversión, con 893.000 millones de dólares gastados en vehículos eléctricos y el desarrollo de infraestructura de carga, un 21% más que en 2024.

Más demanda eléctrica, impulsada por la IA y los vehículos eléctricos

El estudio prevé un fuerte aumento de la demanda eléctrica, que crecerá un 75% hasta 2050. Este incremento estará impulsado por la electrificación del transporte, el uso de aire acondicionado y, especialmente, el auge de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial.

De hecho, los centros de datos podrían representar casi el 9% del consumo eléctrico mundial en 2050, generando nuevas oportunidades de inversión, pero también presionando los sistemas energéticos. Aunque las renovables liderarán la nueva capacidad instalada, los combustibles fósiles seguirán teniendo un papel relevante para cubrir esta demanda adicional.

El aumento de la demanda energética mundial hace inalcanzable el objetivo de emisiones netas cero para 2050
El auge de la IA y las tensiones geopolíticas presionan los sistemas energéticos; se necesita un aumento del 30% en la inversión anual -hasta 4,3 billones de dólares- para limitar el calentamiento a 2 °C, según Wood Mackenzie.

Renovables y coches eléctricos lideran el cambio

Las energías renovables y los vehículos eléctricos continúan consolidándose como pilares de la transición. Para 2050, las renovables podrían cubrir el 67% de la generación eléctrica global, frente al 33% actual, mientras que dos tercios del parque mundial de automóviles sería eléctrico.

Este avance contribuirá a reducir significativamente el uso de combustibles fósiles, especialmente en el transporte, donde el consumo de petróleo podría caer un 40%.

Las renovables, un balón de oxígeno para hacer frente a la crisis energética
Un nuevo informe de IRENA muestra el papel estratégico de las energías renovables para la seguridad y la resiliencia energética.

Declive desigual de los combustibles fósiles

En el escenario base de transición económica del informe, la demanda de petróleo alcanza su punto máximo en 2032 con 104 millones de barriles diarios, mientras que el consumo de combustible para el transporte por carretera llega a su máximo unos años antes. La demanda finalmente desciende a 88 millones de barriles diarios para 2050, una disminución significativa con respecto a la actualidad, pero lejos de la caída necesaria para alcanzar el objetivo de cero emisiones netas. Fuera del transporte por carretera, el consumo de petróleo se mantiene sólido, con una duplicación de la demanda en el sector de la aviación y un fuerte crecimiento en la industria petroquímica hasta 2050.

La electrificación puede sustituir alrededor del 60% del consumo mundial de combustibles fósiles
Gracias a tecnologías con alternativas eléctricas más eficientes, como los vehículos eléctricos y las bombas de calor, la electrificación podría liberar el equivalente al 3-5% de los ingresos familiares anuales.

En el escenario de transición económica, la demanda de carbón disminuye rápidamente a medida que las energías renovables y el gas, más competitivos en precio, lo reemplazan en el sector energético. El gas natural es el único combustible que presenta un crecimiento a largo plazo. La demanda mundial aumenta un 25 % entre 2024 y 2050, alcanzando los 5.449 mil millones de metros cúbicos, debido a las menores expectativas de precios de los combustibles a largo plazo y a la mayor demanda de electricidad de los centros de datos.

El escenario base contrasta marcadamente con el escenario de cero emisiones netas para 2024, que prevé una fuerte caída de la demanda de gas a corto plazo y una reducción aproximada a la mitad para mediados de siglo. Por lo tanto, existen futuros muy divergentes posibles para el gas natural, y su papel en la transición energética será muy diferente según la trayectoria de transición que se adopte en cada región.

Tecnologías clave aún rezagadas

Sectores difíciles de descarbonizar, como la aviación, el transporte marítimo o la industria pesada, avanzan con lentitud. Tecnologías como el hidrógeno, la captura de carbono o los combustibles sostenibles aún no logran despegar sin apoyo político adicional, lo que limita su impacto en la reducción de emisiones.

Los altos costes y la baja demanda frenan el despliegue del hidrógeno
Para resolver este problema es necesario abordar la producción, la demanda y la infraestructura de forma simultánea, en lugar de hacerlo de forma secuencial, dice la Agencia Alemana de la Energía.

Las emisiones podrían haber tocado techo

Las emisiones de CO2 relacionadas con la energía han aumentado a nivel mundial en la mayoría de los años desde la década de 1950, pero parece que la incorporación de energías limpias finalmente ha alcanzado el ritmo del crecimiento de la demanda energética.

Los modelos de BNEF indican que 2024 pudo haber sido el año pico de emisiones, lo que significa que 2025 podría ser el primer año de descenso estructural de las emisiones (excepto años atípicos como 2020 o 2009). Si bien muchas economías avanzadas ya han experimentado descensos estructurales de las emisiones impulsados ​​por el crecimiento de las energías limpias, esta sería la primera vez que se observa un fenómeno de este tipo a nivel global. A partir de ahora, las emisiones comenzarían a descender gradualmente, con una reducción del 22% para 2050. No obstante, este ritmo, según los analistas de BNEF, es insuficiente y conduciría a un calentamiento de aproximadamente 2,6 °C a finales de siglo.

La clave: más políticas y más inversión dirigida

El informe concluye que confiar únicamente en la lógica del mercado no bastará para evitar los peores efectos del cambio climático. Aunque la inversión necesaria para alcanzar emisiones netas cero es solo un 15-19% superior a la del escenario base, será imprescindible una acción política decidida para redirigir el capital hacia tecnologías limpias.

En definitiva, la transición energética ya está en marcha, pero sin medidas más ambiciosas, el mundo seguirá lejos de los objetivos climáticos globales.

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