Cinco años de investigación práctica sobre proyectos de hidrógeno en Alemania han revelado una brecha persistente entre la ambición y la realidad, con altos costes de producción, una demanda débil y la incertidumbre en materia de infraestructuras que siguen frenando al sector, según un avance de las conclusiones publicado por la Agencia Alemana de Energía (dena).
Una producción costosa
La producción de hidrógeno renovable sigue siendo costosa y la disposición de los consumidores a pagar es limitada mientras las alternativas a los combustibles fósiles sigan siendo más baratas, escribió Konstantin Brosch, experto de dena, en una publicación que resume las lecciones aprendidas de un programa de investigación que acompaña a los proyectos piloto alemanes denominados "laboratorios del mundo real", diseñados para probar tecnologías de hidrógeno en condiciones industriales. Los resultados completos se publicarán en un próximo informe final.
"Las cuestiones decisivas son, sobre todo, de índole económica y regulatoria", escribió Brosch, añadiendo que aún faltan en gran medida instrumentos políticos diseñados para convertir los ambiciosos objetivos de energías renovables en compromisos de compra fiables a largo plazo.
El hidrógeno producido a partir de electricidad renovable, conocido como hidrógeno verde, se considera esencial para descarbonizar industrias que no pueden electrificarse fácilmente de forma directa, como la siderúrgica y la química. Alemania ha convertido el hidrógeno verde en un pilar fundamental de su estrategia de descarbonización industrial, pero el sector ha tenido dificultades para pasar de los proyectos piloto a la producción a escala comercial.
No, sin compradores garantizados
Muchos otros países, además de Alemania, están implementando estrategias similares en materia de hidrógeno y se enfrentan al mismo dilema: los productores no invertirán sin compradores garantizados, y los compradores no se comprometerán sin un suministro e infraestructura fiables. El análisis de dena concluyó que para resolver este problema es necesario abordar la producción, la demanda y la infraestructura de forma simultánea, en lugar de hacerlo de forma secuencial.
La electricidad sigue siendo el principal factor que influye en el coste de la electrólisis, y los costes de inversión a menudo se subestiman, escribió Brosch. Los instrumentos políticos existentes, como las cuotas de gases de efecto invernadero, tienen un impacto limitado en la demanda debido a la volatilidad de los precios y la incertidumbre en la planificación.
Y aunque Alemania ha aprobado un plan para una red nacional de gasoductos de hidrógeno —la denominada red central—, su tamaño y plazos reales dependen en gran medida de la rapidez con que se construyan las centrales eléctricas de gas preparadas para el hidrógeno, lo que deja el panorama de la infraestructura en la incertidumbre.
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