Neste duplica su órdago renovable en Róterdam mientras las petroleras bajan los brazos
La finlandesa lidera la transición hacia combustibles sostenibles con una inversión de 2.500 millones de euros para crear la mayor biorrefinería mundial en 2027. Frente al repliegue de gigantes fósiles, la planta transforma aceites usados y grasas en diésel renovable y SAF
El lugar más importante de Europa en los esfuerzos para que la aviación comercial del futuro sea sostenible huele como una almazara de Jaén en plena campaña de aceite. Ese perfume a aceite de cocina usado y restos vegetales flota entre las impresionantes tuberías verdes de la planta que Neste tiene en el corazón del puerto de Maasvlakte, el mayor de Europa.
En un momento no muy favorable a la acción por el clima a nivel de agenda política europea y de un marcado viraje hacia el Oil & Gas por parte de grandes corporaciones como Shell o BP, la multinacional finlandesa Neste ha decidido desmarcarse. La compañía ya trabaja en la ambiciosa expansión de la que ya es la mayor biorrefinería del continente y que va a convertirse, en 2027, en la más grande de todo el mundo. Desde este complejo, la firma produce diésel renovable destinado principalmente a la descarbonización del transporte pesado por carretera, y combustible SAF específicamente diseñado para la aviación comercial.
2.500 millones para liderar el cielo sostenible
Neste ha ejecutado una inversión masiva de 2.500 millones de euros para aumentar su capacidad anual de productos renovables, pasando de las 1,4 millones de toneladas actuales a 2,7 millones de toneladas. De esa imponente cifra, 1,2 millones se destinarán exclusivamente a combustible de aviación sostenible.
En 2023, Neste solo podía producir unas 100.000 toneladas de SAF. Con esta ampliación, multiplicarán su capacidad 22 veces respecto a lo que cosechaban hace apenas tres años, según recalcaron directivos en una rueda de prensa celebrada este miércoles en Róterdam. La decisión estratégica de ampliar se tomó en 2022, en un momento en el que el mercado global aún no ofrecía certezas sólidas sobre la demanda.
El engranaje logístico e industrial que hace posible esta transformación es colosal. Las grasas animales y el aceite de cocina usado llegan continuamente en barcos al muelle ("jetty") de la planta. Desde allí, se bombean a tanques de almacenamiento donde la temperatura se mantiene estable a 60 grados Celsius. “Si no se mantuviera a esa temperatura, la materia prima se solidificaría y no podríamos bombearla por el intrincado sistema de la planta”.
Una vez en el proceso, esta materia prima es purificada en profundidad. Las moléculas largas (triglicéridos) se rompen y se reensamblan mediante un avanzado proceso químico. Es en esta etapa donde cobra protagonismo la isomerización, un paso crucial que reorganiza la estructura molecular del biocombustible para garantizar que no se congele a las extremas temperaturas de altura de los aviones o durante los inviernos más severos en carretera.
Uno de los momentos clave de todo el proceso es el catalizador, el componente químico que activa la transformación del biocombustible y que debe renovarse obligatoriamente cada año. Para ello, la planta debe detener por completo sus operaciones durante seis semanas. “Buscamos optimizar al máximo su duración y eficacia para reducir al mínimo estas paradas críticas”, señalan desde el equipo técnico.
El producto final se convierte en diésel renovable o SAF. Sorprende ver que el biocombustible resultante es completamente transparente e inodoro, tal como demuestran con orgullo los frascos expuestos en las oficinas de la planta.
Pero más allá de la química, lo que más impresiona al visitante es el grado extremo de digitalización. Apenas quince profesionales gestionan desde el centro de control absolutamente todos los procesos de la planta. “Todo está completamente automatizado y se opera en remoto.” El nivel de control se traslada también a sus laboratorios, donde actualmente se analizan unas 100.000 muestras al año para garantizar la calidad de la producción; una cifra que se disparará hasta las 300.000 muestras tras la inauguración de la expansión.
En paralelo, la innovación no cesa: ya han realizado un piloto con 60 kilos de hidrógeno verde, un gas que alimenta las esperanzas de hacer todo el procedimiento aún más sostenible en el futuro.
Grandes diferencias con una refinería fósil
Los portavoces de Neste subrayan que existen dos diferencias fundamentales que cualquier visitante percibe de inmediato al comparar esta biorrefinería con una planta fósil tradicional. La primera es el olor, que abandona los hidrocarburos para evocar la oliva prensada. La segunda es el comportamiento de la antorcha de gas o flare chimney.
En una refinería convencional, la antorcha está casi siempre activa, echando humo y llama para quemar los gases sobrantes del proceso. Aquí, en cambio, apenas se ve funcionar; permanece apagada la mayor parte del tiempo, mostrando un proceso mucho más limpio, eficiente y controlado. “Eso les da una pista clara de la profunda diferencia que hay en los procesos”, explican los técnicos.
El pulso político y el dilema de la demanda
El problema actual del sector no es la oferta, sino la incertidumbre que rodea a la demanda. Uno de los portavoces de la compañía, exejecutivo de la petrolera BP, analizó con total franqueza el repliegue de sus antiguos competidores:
“El petróleo y el gas tradicionales ofrecen rentabilidades probadas del 20% o más. Las compañías europeas han perdido terreno en bolsa frente a gigantes americanos como Exxon y Chevron, y ahora pivotan de nuevo a lo que saben que les funciona. A mí no me distraen los que se retiran, me centro en los que se quedan”.
Mario Mifsud, Vicepresidente de Trading y Ventas de Combustibles Renovables para EMEA y APAC de Neste
Y Neste ha dejado claro que se queda. Aunque el mercado del SAF es todavía volátil (su coste actual triplica el del queroseno fósil), las obligaciones de la Unión Europea obligarán a las aerolíneas a cumplir con mandatos de mezcla que subirán del 2% actual al 6% en 2030, alcanzando el 20% en 2035. Con todo, los directivos admiten que “los saltos normativos son muy grandes y no hay pasos intermedios, lo que complica las cosas”.
A pesar de esto, defienden su enorme ventaja competitiva frente a nuevos actores: “Llevamos décadas en esto. La logística, la cadena de suministro y la química de los residuos es sumamente compleja. Si empiezas de cero hoy, te enfrentas a una curva de aprendizaje enorme”.
Ante las dudas sobre la inestabilidad de la agenda política en torno a la transición energética, Mario Mifsud, Vicepresidente de Trading y Ventas de Combustibles Renovables para EMEA y APAC de Neste, afirmó: “Nosotros invertimos con la vista puesta a 20 o 25 años, pero los políticos son elegidos cada cuatro años. Si tomas decisiones según hacia dónde sopla el viento político de turno, nunca invertirías”.
Los portavoces admiten que, hasta la fecha, incluso los gobiernos de corte más conservador o de ultraderecha que han ganado peso en Europa no han tocado los requerimientos normativos debido al enorme volumen de capital industrial ya desembolsado. Al mismo tiempo, miran con optimismo hacia Asia: “Allí se está invirtiendo mucho dinero a pesar de que hay pocos mandatos de mezcla obligatorios. Singapur, por ejemplo, acaba de anunciar un mandato del 1%. El movimiento continúa y es imparable”.
El ciclo de vida y las estelas de aviación
La transparencia de la firma finlandesa también sirvió para aclarar conceptos erróneos muy asentados en la opinión pública. El principal es la creencia de que los biocombustibles no contaminan en absoluto al ser utilizados: “Mucha gente cree que quemar SAF no genera emisiones de carbono. Sí que las genera, exactamente igual que el fósil al salir del motor. La diferencia real radica en el ciclo de vida completo (desde la recolección de materias primas hasta la producción y la logística), donde la reducción neta de gases de efecto invernadero es de entre el 80% y el 90%”.
Asimismo, pusieron el foco en que el impacto climático real de la aviación comercial no es el 2% o 3% que se cita habitualmente en los informes globales, sino probablemente el doble. Esto se debe a las estelas de condensación que dejan los aviones a gran altura, las cuales generan nubes cirriformes artificiales que atrapan el calor en la atmósfera. El SAF, al quemarse de una forma notablemente más limpia y emitir un porcentaje drásticamente menor de partículas de hollín, reduce de forma directa la formación de estas estelas y mitiga este severo efecto térmico.
Alianzas de gran escala: El motor logístico junto a DHL
Para asegurar la viabilidad de este incremento masivo de producción, Neste se apoya en alianzas estratégicas globales destinadas a traccionar la demanda del mercado. El ejemplo más claro es su estrecha colaboración con DHL Group, un modelo perfecto de cómo crear un mercado secundario robusto.
Desde el año 2022, el gigante logístico ha firmado acuerdos para adquirir más de 800 millones de litros de SAF. En julio de 2025, esta alianza cerró una ambiciosa operación en Singapur para suministrar 9,5 millones de litros destinados a sus cargueros Boeing 777. El objetivo conjunto fijado por ambas compañías es alcanzar las 300.000 toneladas anuales de SAF en 2030.
Leendert van Delft, Vicepresidente Global Sales de DHL Express
Por sí sola, Neste ya produce actualmente 1,5 millones de toneladas de biocombustibles, un volumen suficiente para cumplir por sí sola con todos los mandatos vigentes del Reino Unido y de la normativa RefuelEU. Como recuerdan con insistencia los directivos: “El problema no es la capacidad de oferta; el problema es que las empresas no construyen nueva infraestructura si no están completamente seguras de que alguien va a comprar ese producto”.
Cuando las instalaciones estén plenamente operativas en 2027, esta gran biorrefinería de Róterdam bombeará al mercado 1,2 millones de toneladas anuales de combustible de aviación sostenible. Su olor a almazara jiennense será, quizá, el perfume de la transición energética.
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