La reciente salida de Albert Manifold como presidente de BP no es solo un escándalo aislado, sino un síntoma de algo mucho más profundo que está afectando desde hace años a la petrolera británica. En una industria que exige visión a largo plazo, ¿puede una compañía sobrevivir cuando sus altos cargos parecen estar en un viaje sin rumbo fijo?
Resulta extraño lo que está pasando en la actualidad con BP. Mientras duplicaba sus beneficios a principios de este año impulsada por la subida de precios a raíz de la guerra de Irán, su estabilidad interna no hacía nada más que desmoronarse. La fulminante destitución de Albert Manifold tras apenas ocho meses en el cargo, bajo acusaciones de comportamientos inaceptables y fallos de gobernanza que él mismo ha tachado de "mentiras", no es un suceso aislado. Este conflicto hace que BP esté mandando una imagen al mercado de profunda crisis de identidad y de liderazgo.
En la más que inestable situación geopolítica en la que nos encontramos, el sector del O&G navega en un entorno complejo entre guerras y debates constantes sobre su papel en la transición energética y el daño climático que inflige al planeta con su actividad. Para lidiar con todo esto, y además estar por encima de tus competidores, se requiere de un líder fuerte, una figura capaz de delimitar y estructurar una estrategia a largo plazo. BP está en el camino de encontrar a ese líder, pero le está costando.
Con el nombramiento de Meg O'Neill, la empresa va ya por su quinto CEO desde 2020, tras las salidas de Bernard Looney en 2023 y la repentina marcha de Murray Auchincloss a finales de 2025. Esta constante salida de CEOs impide establecer el rumbo fijo que una compañía como BP necesita para no estar en la cola de sus competidores (que es precisamente lo que está pasando ahora respecto a las petroleras americanas).
Caos e incertidumbre
Como todos sabemos, a los mercados no les gusta la incertidumbre y, de hecho, tienden a penalizarla en cuanto tienen la oportunidad de hacerlo. La noticia del despido de Manifold provocó una caída de casi el 10%, perdiendo miles de millones en valoración bursátil en cuestión de horas antes de estabilizarse con una caída del 4%. La pérdida de confianza no es solo de cara a la galería, sino también a nivel interno. En la asamblea general de abril, un 18% de los accionistas votó en contra de la reelección de Manifold por recelos sobre la gobernanza y su bloqueo a la resolución climática del grupo Follow This. Mientras la empresa está dando bandazos, los inversores empiezan a percibir que el verdadero riesgo de BP no reside en la volatilidad del mercado (que también), sino en su poca capacidad de gestión y liderazgo a largo plazo.
Es cierto que algunos podrían defender que la rápida destitución de Manifold refleja, precisamente, que los mecanismos de control y gobernanza internos funcionan. El propio Manifold ha argumentado en su defensa que su cese es debido al empeño personal en evitar excesos y recortar gastos, incomodando a un consejo que no quiere renunciar a chóferes y jets privados. No obstante, la recurrencia de estas crisis demuestra la incapacidad de las altas esferas en BP para generar un entorno apacible y con la mira puesta en el largo plazo.
La caída de Manifold destapa también una peligrosa guerra de egos en el seno de la compañía. Fuentes internas revelan que el expresidente cruzó una línea roja entre la supervisión y la intromisión, incomodando a la recién nombrada CEO, Meg O'Neill, y enfrentándose públicamente al director Simon Henry. A esta tensión se suma la presión de inversores activistas como Elliott, que posee el 5% de la compañía. BP no solo lucha contra sus competidores, sino también contra sus demonios internos.
BP se encuentra en un laberinto del cual tiene que salir pronto. Si la corporación no logra encontrar y, sobre todo, mantener a un líder con una visión clara y unificada sobre el futuro de BP, corre el riesgo de ser pasto de sus competidores cercanos. El pilar de la gobernanza no es papel mojado, más bien es una garantía de supervivencia y buen hacer dentro de una compañía. ¿Algún candidato para presidir BP?
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