Movilidad

Reemplazar la batería de un Tesla podría costarte más de la mitad del valor del coche… si es de segunda mano

Tesla se enfrenta a un nuevo foco de polémica: reemplazar la batería de un viejo Model S puede costar tanto (o más) que el propio coche en el mercado de segunda mano

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No es la primera vez que te lo contamos, pero en esta ocasión la denuncia que un propietario de un Tesla Model S ha puesto en la red nos sirve de nuevo para recordarlo. Y es que se ha vuelto a encender el debate sobre el verdadero coste de mantener un coche eléctrico fuera de garantía. Tras acudir a un servicio oficial en Madison (Wisconsin) en busca de presupuesto para cambiar la batería de su Model S de 2013, el cliente en cuestión se encontró con dos cifras difíciles de justificar en un vehículo con más de una década a sus espaldas.

La opción “básica” consistía en reemplazar su batería original de 60 kWh por otra del mismo tipo, con un coste total de 13.830 dólares (11.682 euros al cambio), de los que más de 13.200 dólares correspondían únicamente al pack de baterías y apenas unos cientos a la mano de obra.

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La alternativa “premium” era dar el salto a un pack de 90 kWh, cuyo precio se disparaba a 18.000 dólares (unos 15.000 euros) más 4.500 dólares adicionales para desbloquear toda la capacidad, hasta alcanzar un total de 23.262 dólares (19.700 euros) con instalación y piezas asociadas. En un mercado de segunda mano en el que un Model S de esos años se mueve entre unos 10.000 y 22.000 dólares según estado, kilometraje y fuente de tasación, el contraste habla por sí solo: la batería puede costar tanto o más que el coche completo.

Qué nos dice este caso sobre el coste real

El presupuesto de Tesla encaja con el rango que manejan otras fuentes independientes para el reemplazo de baterías del Model S cuando ya no hay cobertura de garantía: entre 15.000 y más de 20.000 dólares en función de la capacidad del pack y la complejidad de la intervención. Sólo el componente principal, el pack de alto voltaje, suele situarse entre los 12.000 y 15.000 dólares, a los que hay que sumar mano de obra y piezas auxiliares.

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En el caso concreto del Model S, se trata de uno de los eléctricos con baterías más grandes del mercado, y eso se traduce en un coste muy elevado cuando hay que sustituir el conjunto completo. Aunque muchos propietarios han logrado recorrer cientos de miles de kilómetros con el pack original, cuando llega el momento de un fallo grave fuera de garantía, la factura puede convertirse en una auténtica barrera económica.

Los números no salen

Cuando se acaba la garantía, el problema es muy grande.

Para el propietario medio, la pregunta deja de ser “¿cuánto cuesta cambiar la batería?” para convertirse en “¿tiene sentido invertir esa cantidad en un coche de más de diez años?”. Y en la mayoría de casos, la respuesta es que no. El gran problema está en la relación entre el coste de la reparación y el valor residual del coche. Un Model S de primera generación, con tecnología de hace más de una década y un kilometraje ya elevado, se mueve hoy en un rango de precios que, en muchos casos, no supera los 15.000–22.000 dólares en el mercado estadounidense.

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Si ponemos esas cifras frente a los más de 13.000 dólares de un pack de 60 kWh o los más de 23.000 dólares de la opción de 90 kWh, la lógica económica es clara: es difícil justificar semejante inversión salvo que el coche tenga un valor especial para su dueño o esté en un estado excepcional. En la práctica, muchos propietarios en esta situación se plantean vender el coche tal cual, destinarlo a piezas o buscar alternativas más baratas al servicio oficial.

Este caso también lanza un mensaje a quienes miran al mercado de ocasión de eléctricos “baratos”: el precio de compra puede resultar atractivo, pero el riesgo financiero de una avería de batería fuera de garantía es muy real. En modelos con más años, la depreciación juega en contra del propietario cuando aparece una reparación tan costosa.

Y la opción no oficial

Un Tesla Model S en un taller.Tesla

Ante presupuestos tan elevados, algunos talleres especializados y empresas independientes están tratando de cubrir el hueco con baterías reacondicionadas o packs de segunda mano a precios más contenidos. En el caso del Model S, hay proveedores que ofertan baterías reconstruidas con descuentos de hasta el 60% frente a un pack nuevo de Tesla, incluyendo ciertas garantías propias.

Aun así, incluso estas soluciones “low cost” siguen moviéndose en cifras de varios miles de dólares y no resuelven por completo el desfase entre coste de reparación y valor de un coche muy depreciado. Además, obligan al propietario a renunciar al circuito oficial de la marca y a asumir posibles incertidumbres en cuanto a durabilidad y compatibilidad futura con actualizaciones de software o diagnósticos.

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El resultado es un escenario incómodo: por un lado, un servicio oficial caro pero respaldado por la marca; por el otro, soluciones más asequibles, pero con más incógnitas. Para el usuario, ninguna de las dos vías es perfecta cuando el valor del coche ya ha caído tanto.

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