Política energética

Alberto Garzón: “Debemos desideologizar el debate nuclear en España desde un análisis económico pragmático"

El economista y exministro publica “La guerra por la energía”, un ensayo en el que analiza el declive de la hegemonía estadounidense, el ascenso de China y aboga por un nuevo modelo de producción y consumo que nos resitúe dentro de los límites biofísicos del planeta. Argumenta que sustituir gas ruso por el triple de GNL de EEUU no es autonomía energética sino mantener la misma dependencia estructural

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Pregunta: Tras la visión mercantilista entre los siglos XVI y XIX que movía a las potencias luchar por poder y recursos finitos, entramos en las décadas en las que defendían que el libre comercio era un juego no de suma cero, sino de suma positiva. La noción de “garantía de paz” de Richard Cobden prominente sobre todo en los 80. ¿Cree que avanzamos hacia un mundo multipolar donde es previsible que haya cada vez más amenaza o ejercicio de violencia ligada al acceso a recursos?

Respuesta: El libre comercio siempre ha sido un instrumento al servicio de la nación más desarrollada económicamente e industrializada, que podía poner en el mercado los productos más baratos y competitivos. Eso permitió a Reino Unido durante el siglo XIX decir "abrid las fronteras", porque sabía que sus productos desplazarían al resto, incluso destruyendo tejidos productivos previos como el de India.

Cuando otros países siguieron lógicas distintas al libre comercio, como Alemania y EEUU a finales del XIX, retaron la hegemonía británica y eso condujo a las guerras mundiales. De ahí emergió la hegemonía estadounidense, y cuando ya fueron la potencia dominante, impulsaron el libre comercio.

China, por su parte, se ha desarrollado sin seguir la receta neoliberal: abrió mercados pero manteniendo un fuerte control estatal y planificación, lo que le ha permitido rivalizar con EEUU. Hoy, paradójicamente, China es el principal defensor del libre comercio porque ocupa el lugar que antes ocuparon Reino Unido y EEUU.

La respuesta de EEUU no es irracional, pero es bárbara: no acepta su nueva posición en la división internacional del trabajo y quiere seguir siendo hegemónico, incorporando la coerción para defender sus privilegios. En esa batalla, el centro es la energía y los recursos naturales, porque todas las economías los necesitan, y la mayor vulnerabilidad de regiones como Europa son los riesgos de disrupción del suministro.

EEUU ha mediado para la firma de la paz entre República Democrática del Congo y Ruanda el 4 de diciembre a cambio de garantizarse su acceso al cobalto (70% de las reservas mundiales) ¿Es un ejercicio de realpolitik o soft power? ¿La pacificación extranjera de conflictos en África es una estrategia para hacer de contrapeso al dominio de China?

EEUU necesita garantizar un abastecimiento continuo de los minerales y los recursos que ellos consideran importantes y eso no lo consigue si el control es de potencias rivales. Recordemos cuando presionó al gobierno neerlandés para que la empresa ASML no vendiera sus máquinas punteras de fabricación de microchips a China.

Toda gran batalla actual es político-económico-militar. Política industrial y seguridad nacional juntas. Como la compartimentación tradicional ha desaparecido, la paz es un instrumento, en el sentido literal del término. Aunque Trump insista en construir su narrativa de pacificador, busca estabilidad política que le garantice la continuidad de los negocios e interpreto lo que está sucediendo en Irán en esa clave: aprovechar la vulnerabilidad del régimen iraní para intentar algo parecido a Groenlandia o Venezuela. Cambio de gobierno o el mismo, pero más colaborativo con los intereses de EEUU, eso le puede valer y probablemente terminen por ahí.

El 95% de las tierras raras proceden de solo tres países: China, Malasia y Rusia. Además, China controla, directa o indirectamente, el 50% de la producción global de litio y posee el 81% de la capacidad mundial de procesamiento de minerales críticos. ¿Cree que la minería doméstica es un "mal necesario" y que el retraso de Europa en la carrera por los minerales críticos condiciona severamente el margen de maniobra actual"?

¿Qué tipo de sociedad queremos? Si queremos una sin combustibles fósiles porque sabemos que generan, entre otras cosas, el cambio climático, eso implica transitar hacia energías renovables. Una vía es la vuelta a renovables tradicionales como la madera, que sería un retroceso a parámetros de sociedades agrarias, y la otra es transitar hacia renovables de nueva generación como fotovoltaica, que tienen costes asociados a la extracción de minerales y otros procesos, que considero necesarios.

¿Llega Europa tarde a la carrera de los minerales críticos?
El 93% de los imanes permanentes para turbinas eólicas se importan desde China, el 95% de las tierras raras proceden de solo tres países. La estrategia europea se basa en fomentar una minería responsable, intensificar la diplomacia con aliados para asegurar suministros, y potenciar la circularidad. Aunque aprobó la CRMA, avanza con lentitud y falta de fondos frente a EE.UU. y China.

Hace falta romper con la hipocresía de aceptar que son necesarios pero externalizarlos lejos, a Chile, Australia o el Congo. La transición requiere una gestión de la minería a nivel interno y eso conlleva una gestión política de los territorios.

Europa tiene muy pocos de esos recursos, por lo que necesita diversificar su cartera de suministro. Eso se intentó con el acuerdo con Mercosur, que busca garantizar el suministro de minerales críticos, aunque Brasil, el socio más importante, también quiere jugar con otros actores y no volcarse exclusivamente con la Unión Europea.

La UE parte de una posición de extraordinaria debilidad en tres ámbitos: el militar (ha externalizado su defensa con la OTAN), el industrial y el energético-minero, porque depende de materias primas que no tiene. Europa es un gran perdedor en esta distribución azarosa de la geología.

Europa parece ir rezagada en política industrial frente a China (reforzada desde 1978) y EEUU (tras la crisis de 2008), también en materia de emisión conjunta de instrumentos financieros para reforzar capacidad defensiva. ¿Europa impulsa eficazmente su autonomía energética reduciendo dependencia del gas ruso (del 40 % en 2021 a aproximadamente el 12 % en 2025) pero triplicando el GNL que importa EEUU?

La verdadera autonomía no consiste en reemplazar un proveedor por otro, sino en un cambio estructural que permita dejar de depender de los combustibles fósiles. En ese sentido, España puede sacar mucho partido a las renovables de nueva generación. Pero hay que bajarlo a lo concreto: España ha reducido mucho la dependencia del carbón y del gas natural, pero no la del petróleo, porque para el transporte sigue siendo la principal fuente. La transición al vehículo eléctrico está siendo difícil, costosa, y además implica minerales. Una política más ambiciosa necesitaría hablar de transporte público y de diseño de ciudades; es decir, necesitaría abordar varias capas más allá de la puramente energética.

España, líder en regasificación, es clave para el futuro de los precios del gas en Europa
El país, gracias a su mix renovable-gas y a su red de terminales, ha logrado amortiguar mejor la volatilidad que otras economías: mientras Alemania sufrió picos de hasta 550 €/MWh en la pasada primavera.

Pero no cabe duda de que sustituir el combustible fósil de Rusia por el gas natural licuado de EEUU te mantiene en la misma dependencia estructural, por mucho que creas que uno se va a comportar mejor que otro. Creo que los líderes europeos empiezan a darse cuenta de la actitud ofensiva de EEUU, aunque no todos, ni quizá la mayoría.

En su libro usted analiza cómo la estructura del capitalismo global depende de un flujo constante de energía barata y segura. Hoy con un nuevo sobresalto, el mercado energético observa con temor el Estrecho de Ormuz, donde la escalada de tensión en oriente medio amenaza con un nuevo 'shock' global que disparará los precios del crudo y el gas (hoy martes el gas ha subido un 43%). ¿Es la 'seguridad energética' un concepto obsoleto?

La economía ecológica aporta dos conceptos útiles: el metabolismo endosomático y exosomático, que describen cómo los organismos, pero también las sociedades, operan con lógicas de flujos de energía de entrada y generan desechos. La economía funciona dentro del sistema Tierra, no al margen, y su crecimiento no es por tanto ilimitado. Si necesitamos un flujo de entrada continuo de energía y recursos materiales, tenemos que explorar de dónde proceden esos flujos. Ninguna economía es totalmente independiente a nivel internacional y muchos de esos recursos provienen de lugares que, si ponemos la lupa, quizá no nos gustaría cómo se producen.

Imagen: Marine Traffic

Para que nuestros productos electrónicos funcionen, hacen falta minas en el Congo. Para sostener nuestro metabolismo, importamos productos fabricados en Asia en condiciones laborales extremas. Y en el caso de energía exosomática tales como los combustibles fósiles, procede de unos lugares geográficamente beneficiados por el azar geológico, que suelen ser zonas de alta tensión geopolítica. Todo ello introduce una vulnerabilidad estructural.

Con esta disputa y este nuevo mundo marcado por la guerra por la hegemonía entre EEUU y China, lo que antes entendíamos como un simple mecanismo de mercado donde lo único que variaba era el precio, ahora se ha convertido en un escenario lleno de obstáculos geopolíticos.

George Orwell (autor de 1984) acuñaba el lema: 'La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza' criticando la neolengua para anular la capacidad crítica mediante paradojas. Tradicionalmente, hemos visto ese mecanismo de disfrazar conflictos de 'misiones de paz' para ocultar intereses energéticos. Sin embargo, en los últimos años parece que el poder está abandonando ese disimulo. ¿Estamos pasando de una era de manipulación del relato por necesidad moral a una de transparencia como demostración de hegemonía?"

Ese juego del doblepensar que describía Orwell es muy propio de épocas en las que había que disfrazar de universalismo y derechos humanos lo que en el fondo eran intereses materiales. En la guerra de Irak se hablaba de armas de destrucción masiva, de un régimen dictatorial, pero la realidad era que o lo de las armas era falso, o los mismos criterios de derechos humanos que se alegaba deber imponer a Irak podían aplicarse a otros muchos países que eran aliados occidentales. Lo que había detrás era un problema de suministro de recursos básicos críticos para el metabolismo de las sociedades occidentales.

Hoy es que el imperialismo se muestra más descarnado, está desnudo. Se cambia un régimen chavista por otro régimen chavista, no hay una modificación sustantiva. Simplemente se busca un gobierno más predispuesto a facilitar privilegios a EEUU, garantizarle el control de la cadena de suministro y, de paso, expulsar la influencia de China, con quien está compitiendo tanto en Venezuela como en Irán. Si sumas Venezuela e Irán, representan el 20% de las importaciones de petróleo de China que, a pesar de su transición energética, sigue requiriendo un flujo muy alto de crudo.

Vemos un imperialismo más descarado porque ya no funciona el escenario de libre comercio que dominó hasta hace muy poco. Según aquel paradigma, salvo excepciones, lo que necesitases lo podías comprar en el mercado si no lo tenías en tu territorio. Ahora ya no funciona así. Ahora lo que hay es un intento de imponer un neomercantilismo por el cual EEUU dice: "Yo ya no soy la potencia tecnológica más potente, o al menos mi posición hegemónica está siendo retada, y creo que si mantengo las mismas reglas de juego, China acabará ganando. Por tanto, hay que defenderse de este reto". Y para defenderse, abandonan el libre comercio e incorporan una dimensión acentuada de coerción y “diplomacia militar”, que se va graduando.:

¿El sistema económico actual es incapaz de estabilizarse sin el control violento de las fuentes de energía? ¿Pesa más la necesidad de capturar recursos ajenos dados los límites biofísicos del planeta o las tensiones relacionadas con que la hegemonía de EEUU está hoy más en cuestión que hace 20 años?

El capitalismo busca ilimitadamente el crecimiento y este depende del consumo de energía y recursos naturales. El libre comercio ya no es el instrumento que EEUU quiere para defender su posición hegemónica, porque ese poder económico ya no les garantiza automáticamente los suministros energéticos que necesitan. Necesitan otra vía.

Además, como los recursos son escasos en términos absolutos y en términos relativos, la relación entre oferta y demanda genera cuellos de botella. Quien controle el abastecimiento de esos minerales tiene un control político descomunal. China ya lo demostró en 2010, cuando dejó de exportar tierras raras a Japón y casi colapsó los sectores industriales que dependían de ellas.

La fiebre por los minerales críticos se traduce en una especie de conquista territorial del mundo. Antes se hacía mediante el libre comercio; ahora se hace mediante mecanismos que tienen más que ver con la diplomacia militar, unas veces con más peso diplomático, otras con más peso militar, pero siempre van de la mano.

Habla en su libro de la “Caja de Pandora” que se abre cuando mejoró sustancialmente el potencial nivel de vida por la adopción masiva de los combustibles fósiles. Hoy se prevé que el crecimiento de la población mundial se estabilice antes de los 10.000 millones de personas pero apunta que su impacto depende más de redefinir el modelo de consumo y producción que de aspectos cuantitativo. ¿Cuáles son los pilares esenciales de ese cambio?

Hemos de resituar conceptualmente la economía dentro de los límites del planeta y entender que no todas las actividades son igualmente intensivas en emisiones de CO2 o en gasto de energía. Cuando hablamos de cambiar el modelo, hablamos de reescalar. Hay actividades que tienen que crecer porque satisfacen necesidades básicas: sanidad, educación, vivienda, energía. Podemos establecer un suelo social que garantice la vida digna de la gente. Y hay otras actividades que deberían decrecer porque son lesivas para el planeta.

Pongo un ejemplo de mi provincia, Málaga. En los últimos años se producían aguacates a grandes cantidades. ¿Qué ocurre? En Málaga hace muchísimo calor, casi como en el trópico, pero no llueve. Dependen del regadío en unas condiciones donde la sequía es estructural. Hace dos años nos cortaron el agua. Hay actividades que son insostenibles ecológicamente, aunque sean rentables desde el punto de vista económico. El mercado intenta hacernos creer que ambas cosas van de la mano, pero no es así.

Cuando hablamos de redefinir nuestra economía, hablamos de atender a la lógica ecológica además de la económica. No se trata únicamente de lo que dé rentabilidad, sino de lo que sea compatible con los límites del planeta.

Usted ha indicado que la energia nuclear no es una opción real porque su materia prima es finita y los riesgos que conlleva en gestión de residuos son excesivos. ¿Entiendo que se posiciona directamente a favor de iniciar ya el cierre nuclear en España? ¿El modelo sustitutivo actual puede descansar sobre instrumentos como como el hidrógeno verde, el biometano o el sistema de Garantías de Origen para energia renovable?

A mi juicio esas soluciones son complementos. El desembarco generalizado tiene que ser fotovoltaica, solar, hidroeléctrica, entre otras. Desplegar una nueva central nuclear es carísimo y hay que subrayar el reto de la gestión de residuos. El debate está muy ideologizado en España, es necesario un análisis económico pragmático sobre su rol como energía de transición y arrojar luz sobre la idea de que desincentivan un despliegue más rápido de las renovables.

El debate está muy ideologizado en España. Cada país tiene sus singularidades, su desarrollo histórico, su experiencia con el movimiento ecologista. Francia tiene una capacidad y un arraigo cultural muy significativo (hasta la izquierda la apoya), mientras que en Alemania el movimiento ecologista (vinculado a tendencias pacifistas) hizo presión desde el inicio.

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La globalización neoliberal contribuyó según sus tesis a la descomposición del tejido social que sostenía el pacto keynesiano-fordista, generando desconcierto a aquellos que durante el siglo XX fueron considerados el motor del desarrollo occidental. En este escenario de menores certezas materiales, ¿cree que es posible reconstruir un nuevo contrato social en un entorno de escasez energética?

Ni el modelo fordista ni el neoliberal van a volver. Es necesario actualizar el pensamiento contemporáneo para reconocer los límites del planeta y que el modo de vida no sea a costa del sufrimiento de gente de otras partes del mundo y que unas economías explotan a otras o se aprovechan de las circunstancias de precariedad y explotación de otras partes. La deslocalización de industrias, la automatización del trabajo y la primacía del capital transnacional socavan cimientos materiales en las democracias liberales.

Desde el ecosocialismo planteo la pertinencia de un nuevo contrato social y sistema económico en el que la contradicción capital-trabajo no es lo central, sino que lo central es un peso significativo del Estado para establecer un suelo social garantizando unas condiciones mínimas de vida y con un nivel de producción dentro de los límites del planeta, no en términos de criterio mercantil y de rentabilidad, sino siguiendo el mismo criterio que ocurre con la sanidad y la educación.

El sociólogo italiano Paolo Gerbaudo (King's College London) considera que los nuevos populismos extremistas han abandonado el cosmopolitismo característico del neoliberalismo y su retórica de libre circulación de capitales, bienes y personas, reconfigurándose así las identidades populares en clave nacionalista. ¿Considera que este repliegue hacia lo nacional es porque se ha convencido a los ciudadanos del juego de suma cero?

En el fondo sí, hay una pulsión, no es explícita, no es teórica, pero se trasmite el mensaje perverso de aquí no cabemos todos. Y la conclusión no es compartamos sino algunos se quedan fuera. Esa es la raíz más profunda que tiene el nacionalismo y los movimientos de extrema derecha, que en el libro identifico con ese proyecto de “barbarie y fortaleza”, de países o movimientos políticos nativistas que abogan por ese repliegue. Lo que estás diciendo es que pueden entrar recursos pero no personas. Puedes importar gas natural de Argelia, pero no puede venir una patera de allí.

Es necesario un movimiento progresista internacional que dé una respuesta distinta a esto y no es sencillo. En un periodo de crisis ecosocial en el que la gente siente gran ansiedad es fácil que el discurso xenófobo de la extrema derecha cale.

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