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Alemania acelera su salida del gas, pero afronta obstáculos en industria y calefacción

El éxito de la transición dependerá de la capacidad de Alemania para acelerar la transformación de sectores clave como la industria, la calefacción y la generación eléctrica

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Alemania avanza en su proceso de abandono del gas fósil, aunque el camino hacia la neutralidad climática prevista para 2045 sigue plagado de contradicciones políticas y desafíos estructurales. Mientras el Gobierno defiende en los foros internacionales la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, en el ámbito nacional mantiene iniciativas que, según organizaciones ecologistas y expertos, podrían prolongar la dependencia del gas durante décadas.

Alemania necesita centrales de gas y baterías como energía de respaldo
Según el think tank Epico, el almacenamiento en baterías debería incluirse en las licitaciones previstas por el gobierno lo antes posible para garantizar la seguridad del suministro de manera rentable y tecnológicamente neutral.

La reducción de la demanda de gas registrada desde la pandemia de COVID-19 y agravada posteriormente por la crisis energética ha reforzado la percepción de que la transición energética ya está en marcha. Sin embargo, investigadores y analistas advierten de que Alemania necesita una estrategia más clara para garantizar que la disminución del consumo se traduzca en una verdadera salida del combustible fósil.

Durante la Conferencia sobre la Transición Lejos de los Combustibles Fósiles celebrada en Santa Marta (Colombia), el secretario de Estado alemán Jochen Flasbarth defendió la necesidad de acelerar el despliegue de energías renovables y reducir la dependencia global de los combustibles fósiles. Según el responsable alemán, la crisis energética derivada de los conflictos internacionales ha demostrado la vulnerabilidad de los países dependientes del petróleo, el carbón y el gas, reforzando la urgencia de avanzar hacia sistemas energéticos más resilientes.

Políticas controvertidas

No obstante, las políticas internas del Gobierno alemán generan controversia. Activistas climáticos del movimiento Fridays for Future han intensificado sus protestas contra la construcción de nuevas infraestructuras gasistas y exigen un calendario más ambicioso para eliminar el uso del gas. Las críticas se centran especialmente en los planes para apoyar nuevas centrales eléctricas de gas, permitir nuevas explotaciones en el mar del Norte y flexibilizar las exigencias de uso de energías renovables en los sistemas de calefacción.

Alemania planea desmantelar la red de distribución de gas en busca de una calefacción neutra en emisiones

Las proyecciones de la Agencia Federal de Medio Ambiente (UBA) indican que Alemania necesitará medidas adicionales para cumplir sus objetivos climáticos. Aunque la coalición liderada por el canciller Friedrich Merz mantiene formalmente esos compromisos, organizaciones ecologistas denuncian que algunas de sus decisiones podrían ralentizar la transición energética. Greenpeace Alemania considera que existe una contradicción entre el discurso internacional del país y las políticas aplicadas dentro de sus fronteras.

La polémica se intensificó tras el anuncio de la empresa pública Securing Energy for Europe (SEFE), que negocia un acuerdo para importar un millón de toneladas anuales de gas natural licuado (GNL) procedente de Canadá a partir de la próxima década. El contrato podría extenderse durante hasta 20 años. La compañía defiende que Europa seguirá necesitando gas para cubrir parte de la demanda industrial y respaldar la producción renovable cuando las condiciones meteorológicas no permitan una generación suficiente.

A pesar de estas decisiones, los expertos sostienen que la transición energética alemana continúa avanzando. El abandono del carbón sigue su curso y el aumento de las matriculaciones de vehículos eléctricos abre la puerta a una futura reducción del consumo de petróleo, que sigue siendo la principal fuente energética del país.

Gas: evolución contradictoria

En cuanto al gas, los datos muestran una evolución contradictoria. Aunque en términos relativos representó el 27 % del consumo energético alemán el año pasado, su demanda total lleva varios años descendiendo. Según Andreas Schröder, analista de la consultora ICIS, el consumo de gas comenzó a caer con la pandemia y se redujo aún más tras la crisis energética, impulsado por los altos precios, las mejoras en eficiencia energética y la disminución de la actividad en sectores industriales intensivos en energía.

Además, cambios estructurales como la expansión de las bombas de calor están reduciendo gradualmente la dependencia de las tradicionales calderas de gas. A escala europea, la demanda de este combustible en 2025 se situó más de un 20 % por debajo de la media registrada antes de la guerra de Ucrania.

Sin embargo, persisten importantes obstáculos. La industria pesada avanza lentamente debido a sus largos ciclos de inversión y a la existencia de infraestructuras gasistas ya amortizadas. A ello se suma la previsión de una abundante oferta mundial de GNL en los próximos años, un escenario que podría mantener bajos los precios del gas y dificultar la sustitución de los combustibles fósiles por alternativas más limpias.

En consecuencia, aunque la salida del gas parece haber comenzado, el éxito de la transición dependerá de la capacidad de Alemania para resolver estas contradicciones y acelerar la transformación de sectores clave como la industria, la calefacción y la generación eléctrica.

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