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CATL impulsa una alianza global para facilitar el reciclaje de baterías

La iniciativa llega antes de la entrada en vigor del pasaporte digital de baterías en Europa, previsto para 2027

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Dentro de todo el ecosistema que da forma al coche eléctrico, la batería se ha convertido en uno de los componentes más valiosos. En este sentido, el sector todavía parece arrastrar una contradicción evidente: mientras seguimos hablando de las autonomías, las potencias de carga o los precios de los coches cero emisiones, todo lo que gira alrededor del final de ciclo de un paquete de celdas sigue siendo una incógnita.

Diferentes metodologías, información incompleta y valoraciones poco homogéneas acaban por no dar forma a un contexto que, en realidad, podría ser determinante para asegurar un ciclo de vida todavía más sostenible. Y es que una batería usada puede ofrecer aún muchos más años de utilidad como almacenamiento estacionario, puede reacondicionarse o puede reciclarse para recuperar materiales críticos. El problema es que no siempre se diseñó pensando en que alguien tuviera que desmontarla, diagnosticarla y volver a darle valor diez o quince años después.

Un lobby por las baterías

La nueva alianza introduce estándares técnicos unificados para el desmontaje de celdas de baterías y sistemas de reciclaje.CATL

Ahí quiere entrar la nueva alianza impulsada por CATL junto a fabricantes y empresas tecnológicas como BMW, Renault, Volvo, Xiaomi y Google. El grupo, presentado durante la London Climate Action Week, nace con un objetivo muy concreto: desarrollar normas comunes para que las baterías de vehículos eléctricos sean más fáciles de evaluar, reutilizar, reparar y reciclar.

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La iniciativa se articula dentro de la Global Energy Circularity Alliance, coordinada por la Fundación Ellen MacArthur, y llega en un momento especialmente sensible. Europa está endureciendo la regulación sobre baterías, el pasaporte digital será obligatorio para las baterías de vehículos eléctricos a partir de 2027 y los fabricantes necesitan demostrar no solo cuánto contamina producir una batería, sino también qué ocurre con ella cuando termina su primera vida útil.

Diseñar para desmontar, no solo para fabricar

Batería de CATLCATL

El primer gran proyecto de la alianza será la Battery Circular Design Guide, una guía prevista para 2027 que establecerá criterios comunes sobre varios aspectos que hoy todavía dependen demasiado de cada fabricante. Entre ellos estarán las pruebas de diagnóstico de celdas, la facilidad de desmontaje de los paquetes, el reacondicionamiento de componentes y los parámetros técnicos para evaluar baterías en turismos eléctricos y vehículos comerciales.

Si cada fabricante diseña sus baterías con arquitecturas, fijaciones, sistemas de refrigeración, adhesivos y formatos de información completamente distintos, el reciclaje se encarece y la segunda vida se complica. Si existen normas compartidas, un operador puede saber mejor qué tiene entre manos, cuánto vale esa batería y qué destino resulta más razonable.

El valor residual también depende de saber leer una batería

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CATL y sus socios quieren fijar criterios comunes sobre historial de uso, estado de salud, degradación y responsabilidades de reciclaje. Son datos decisivos para fabricantes, empresas de renting, operadores logísticos, aseguradoras e inversores. En la actualidad, buena parte del mercado eléctrico de ocasión sigue condicionado por la cuestión relativa al precio real de la batería.

Dos coches con los mismos kilómetros pueden haber tratado su batería de forma muy distinta. Uno puede haber cargado casi siempre en casa y mantener una salud excelente; mientras que otro puede haber acumulado recargas rápidas, temperaturas extremas y ciclos más exigentes. Sin una información fiable y comparable, el riesgo se traduce en depreciación.

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Un estándar común permitiría valorar mejor esos activos y reducir incertidumbre financiera. Para el usuario particular, eso puede acabar siendo tan importante como la autonomía inicial del coche. Si el comprador de segunda mano confía en el diagnóstico de la batería, el eléctrico gana valor residual. Si no confía, seguirá descontando riesgo en el precio.

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CATL.Martin Schutt/dpa

La alianza también tiene una lectura geopolítica. CATL es el mayor fabricante mundial de baterías y uno de los pocos grupos capaces de influir en la cadena de valor de los paquetes de celdas. El hecho de que se haya puesto al frente de una iniciativa de estandarización junto a fabricantes europeos y tecnológicas globales muestra hasta qué punto la industria intenta anticiparse a una regulación que cada vez será más exigente.

El Reglamento Europeo de Baterías introduce nuevas obligaciones sobre sostenibilidad, trazabilidad, recuperación de materiales y pasaporte digital. A partir de 2027, las baterías de vehículos eléctricos deberán contar con información accesible sobre origen, composición, huella de carbono, rendimiento y gestión al final de vida. Para los fabricantes, cumplir no será solo una cuestión administrativa; afectará a diseño, proveedores, software, logística y reciclaje.

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China llega a esa fase con una ventaja industrial evidente. CATL ya trabaja con su filial Brunp Recycling en procesos de recuperación de materiales y asegura haber reciclado grandes volúmenes de residuos de baterías con tasas muy elevadas de recuperación de minerales críticos. La alianza refuerza esa posición porque permite a la compañía participar en la definición de los estándares que otros tendrán que seguir.

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