Petróleo & Gas

Cómo las refinerías salvaron el verano europeo de la escasez de queroseno

Tras el estallido del conflicto con Irán, las refinerías europeas se reconfiguraron a un tiempo récord. Al disparar la producción local de queroseno (un 22% interanual en marzo), han evitado el colapso de los vuelos estivales y estabilizado los mercados energéticos

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El inicio de los bombardeos conjuntos de EEUU e Israel contra Irán el pasado mes de febrero amenazó con paralizar los planes de vacaciones de millones de europeos. Tradicionalmente, Oriente Medio suministra una cuarta parte del combustible de aviación que consume el viejo continente durante su temporada alta. Con las principales rutas de exportación desde el Golfo Pérsico cortadas abruptamente, el sector turístico se asomó al riesgo de desabastecimiento de queroseno.

Sin embargo, las refinerías europeas supieron reaccionar a tiempo para evitar la tormenta perfecta. "Empezamos a pensar: 'Muy bien, esto viene hacia nosotros'. En algún momento tendríamos que cambiar a la producción máxima de queroseno", afirmó al Financial Times Francisco Quintana, director de la refinería de BP en Castellón, que tuvo que reunir a su equipo de ingenieros para reconfigurar contrarreloj unas instalaciones con capacidad para procesar 110.000 barriles diarios.

La planta de Castellón logró elevar su producción de combustible de aviación un 30%. Con el objetivo de maximizar el queroseno, los ingenieros debieron recurrir a simuladores informáticos para examinar reactores y tuberías, alterar las variables de temperatura, presión y catalizadores dentro de los procesos de refinamiento, y negociar a diario con la mesa de 'trading' en Londres para conseguir cargamentos de crudos específicos idóneos para esta mezcla.

Refinería de BP en Castellón

Este planteamiento técnico se repitió en otras instalaciones del continente. Según la Agencia Internacional de la Energía, la producción europea de combustible de aviación escaló un 22% interanual en marzo, alcanzando la cifra récord de 1,3 millones de barriles diarios. Este esfuerzo logró cubrir el vacío logístico de las importaciones, reduciendo a la mitad la necesidad de recibir combustible extranjero por vía marítima en pleno ecuador del verano.

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La rápida adaptación de los refineros evitó el desabastecimiento físico en los aeropuertos, relajando la cotización del queroseno en los mercados internacionales. No obstante, el sistema opera bajo una tensión latente. Los inventarios de queroseno en Europa se mantienen en niveles mínimos, ofreciendo una cobertura de seguridad menor a los 30 días frente a los casi 100 millones de barriles que acumula EEUU.

A nivel geopolítico, la extrema dependencia del exterior sigue siendo el talón de Aquiles de un continente que ha visto mermada su capacidad tras décadas de desinversión y cierre de refinerías (hoy cuenta con unas 70, frente a las más de 130 de EEUU). Aunque se ha recurrido con éxito a flujos de emergencia desde Nigeria, EEUU e India, el Comisario de Energía de la UE, Dan Jørgensen, ha advertido de que los inventarios serán muy ajustados hacia el final de la temporada estival.

La resiliencia de instalaciones como la de Castellón ha sido el verdadero escudo frente al caos en los aeropuertos. En palabras de Brenda Stout, directora global de refino de BP: "Hace diez o veinte años, las plantas se diseñaban en torno a una fuente de crudo fija y lo que producías se adaptaba al mercado de forma mucho menos dinámica". Hoy, esa agilidad para cambiar la receta del combustible sobre la marcha ha evitado que el conflicto en Oriente Medio arruinase las vacaciones de todo un continente.

España como escudo de un bloque con calma tensa hasta septiembre

A pesar de que el choque geopolítico ha dejado al descubierto la tremenda dependencia exterior del continente, la Comisión Europea ha optado por lanzar un mensaje de calma. El Ejecutivo comunitario no prevé problemas graves de desabastecimiento de queroseno, al menos, hasta que finalice la temporada de verano, especialmente tras constatar una caída de los precios a raíz de los recientes acuerdos de desescalada que han congelado temporalmente el conflicto en el Golfo Pérsico. No obstante, Bruselas vigila de cerca la situación y admite que podría afrontar un escenario "más serio" de cara al otoño si el flujo no se normaliza.

En esta coyuntura, la península ibérica se ha erigido en bastión energético de la región. Mientras Europa desmantelaba su soberanía industrial cerrando hasta 35 refinerías en los últimos quince años, España optó por blindar la suya invirtiendo de manera constante en sus plantas. El presidente de Repsol, Antonio Brufau, ha defendido este modelo estratégico, calificando el sistema de refino español como “el mejor de Europa” y destacando su papel como "amortiguador" ante las disrupciones globales.

Con ocho instalaciones operativas preparadas para procesar crudos de orígenes muy diversos, como los procedentes de la cuenca atlántica, España mantiene una posición más robusta que los vecinos del norte y actúa como un escudo para un continente que sigue importando el 60% de la energía que consume.

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