Las compañías de petróleo y gas están arrendando grandes extensiones de aguas estatales de Texas para el almacenamiento geológico marino de CO₂ a largo plazo, una tecnología emergente y compleja que requiere materiales y operaciones altamente especializados. El último informe del Institute for Energy Economics and Financial Analysis (IEEFA) ofrece una revisión detallada de los riesgos asociados a los componentes de inyección y almacenamiento geológico de los proyectos de captura y almacenamiento de carbono.
El almacenamiento de CO₂ en alta mar es una actividad arriesgada
La posibilidad de fugas y la falta de opciones eficaces para mitigarlas ponen en duda el argumento de que la CCS ayuda a proteger el clima, según IEEFA

Riesgos
Según el informe, estos riesgos están siendo subestimados por la industria de los combustibles fósiles, y destaca los siguientes:
- El marco regulatorio del almacenamiento geológico marino de carbono en Estados Unidos se encuentra en desarrollo, no ha sido suficientemente probado o está experimentando cambios importantes. Esto genera incertidumbre que puede dificultar el acceso a financiación y aumentar la exposición a responsabilidades legales.
- Los desafíos operativos, especialmente durante las fases de inyección de CO₂ y estabilización de la pluma de dispersión, podrían provocar fugas más difíciles de detectar, gestionar y mitigar en proyectos marinos.
- La falta de datos a largo plazo sobre almacenamiento en proyectos comerciales que operen en condiciones reales implica que los riesgos podrían ser mayores de lo que actualmente se supone.
- La posibilidad de que las fugas desde el reservorio de almacenamiento sean superiores a las previstas cuestiona la lógica de la CCS como solución climática y supone un riesgo de responsabilidad legal a largo plazo.
“La duración del período de mayor riesgo es uno de los principales problemas de los proyectos de almacenamiento de CO₂. Los proyectos de almacenamiento a largo plazo requieren predecir riesgos futuros durante 50 años en las fases de inyección y estabilización de la pluma, y posteriormente durante cientos de años después de finalizar la inyección”, afirmó Anika Juhn, analista de datos energéticos de IEEFA y autora del informe.
“Por el contrario, los proyectos convencionales de petróleo y gas se centran en riesgos conocidos durante las fases iniciales de operación y abarcan horizontes temporales mucho más cortos”, añadió.

Las fugas de CO2 son díciles de evaluar
La probabilidad y la posible gravedad de una fuga de CO₂ desde un reservorio de almacenamiento geológico son difíciles de evaluar, ya que el análisis de riesgos de estos proyectos es un campo relativamente nuevo, con horizontes temporales más largos, escasez de datos actuales y ausencia de información sobre almacenamiento a muy largo plazo, factores que incrementan la incertidumbre. Sin embargo, el informe de IEEFA concluye que la probabilidad de fugas está lejos de ser nula y que sus consecuencias podrían ser graves.
A medida que se comprendan mejor las posibles fuentes adicionales de fuga y pérdida de CO₂, la viabilidad de la CCS como solución eficaz para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero seguirá siendo cada vez más cuestionada.
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