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El sistema de retribución de las redes de gas en España cumple la función esencial de garantizar que las empresas titulares de las infraestructuras de transporte, distribución, regasificación y, almacenamiento puedan obtener una remuneración suficiente para cubrir sus costes y obtener una rentabilidad razonable, sin que ello derive en un coste excesivo para la estructura productiva y el consumidor final.

La arquitectura normativa sobre la que descansa el sistema tiene su fundamento en la Ley 34/1998 del Sector de Hidrocarburos, completada por la Ley 18/2014 y las circulares de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), que desde el Real Decreto-ley 1/2019 asume las competencias plenas sobre metodología retributiva, base regulatoria de activos y remuneración anual. Sus objetivos fundamentales son conseguir la eficiencia económica, transparencia, objetividad y no discriminación.

La Ley exige expresamente que la metodología considere los costes de una empresa eficiente y bien gestionada, con el menor coste para el sistema y con criterios homogéneos en todo el territorio. Los parámetros se fijan por periodos regulatorios de seis años, tomando en cuenta la situación cíclica de la economía, la evolución de la demanda, las mejoras de eficiencia y el equilibrio económico-financiero del conjunto del sistema.

Competitividad y descarbonización

Para los próximos años, el sistema gasista español deberá desenvolverse en un entorno marcado por dos grandes tendencias: la necesidad de reforzar la competitividad de la industria española y la progresiva descarbonización de la economía. En este contexto, la integración de gases renovables, principalmente el biometano, representa una oportunidad estratégica para aprovechar y adaptar las infraestructuras existentes. Sin embargo, esta transformación deberá acometerse en potenciales escenarios de caída estructural de la demanda de gas natural, que exigirá modernizar las redes y garantizar al mismo tiempo la sostenibilidad económica del sistema.

Para tratar responder adecuadamente a estos retos La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, ha presentado un borrador de Circular sobre la metodología de retribución de la distribución de gas natural para el periodo 2027-2032, que se fundamenta en tres pilares fundamentales: la necesidad de garantizar la competitividad industrial, el valor estratégico de las infraestructuras gasistas y la resolución del dilema entre seguridad de suministro, eficiencia económica y sostenibilidad ambiental, cuyo adecuado equilibrio  es fundamental para impulsar la competitividad de nuestra economía

Sin embargo, el borrador regulatorio debe reconoce también la necesidad de descarbonizar de manera rápida y eficiente el consumo industrial y el consumo doméstico.

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El papel del biometano

En lo referente al consumo industrial, el biometano ofrece una vía inmediata de descarbonización para los consumidores actuales de gas natural, sin necesidad de sustituir equipos, modificar procesos productivos o acometer inversiones disruptivas en el corto plazo. Esta cuestión resulta especialmente relevante si se tiene en cuenta que el gas natural representa una parte muy significativa del consumo energético final de la industria española, consolidándose como una fuente clave para su actividad, competitividad y seguridad operativa.

Además, existen procesos industriales intensivos en energía, como la siderurgia, la metalurgia, la industria del vidrio, la cerámica o el cemento, en los que la electrificación no siempre resulta técnica o económicamente viable con las tecnologías actualmente disponibles. En estos casos, el biometano permite reducir la huella de carbono manteniendo las prestaciones energéticas del gas natural y aprovechando las infraestructuras existentes.

Esta misma lógica resulta aplicable al sector residencial. Los hogares que actualmente utilizan calderas de gas pueden beneficiarse de una reducción inmediata de emisiones mediante la incorporación progresiva de biometano en la red, sin necesidad de sustituir sus instalaciones ni alterar sus hábitos de consumo.

El biometano y otros gases renovables surgen como los vectores alternativos ideales para permitir la descarbonización con recursos autóctonos de estos consumos industriales. No obstante, es importante considerar que la penetración de esos gases renovables debe ser progresiva para que pueda ser competitiva y no afecte a los costes de producción. Fomentar el uso de gases limpios y estables en la industria evita los grandes costes que supondría adaptar las instalaciones a otras soluciones, reduciendo así el riesgo de deslocalización y pudiendo ahorrar a las empresas españolas hasta 16.700 millones de euros hasta el año 2050.

La distribución, clave

Asimismo, los distribuidores desempeñan un papel clave en la integración de nuevos proyectos en el sistema gasista, prestando apoyo técnico a los promotores durante las fases de diseño, conexión e inyección. Esta labor facilita tanto la incorporación de gases renovables a la red de distribución como su potencial circulación hacia otras zonas del sistema, contribuyendo a maximizar el aprovechamiento de las infraestructuras existentes.

La red de distribución capilar posee un gran valor estratégico porque funciona con tal fiabilidad que es una garantía de suministro; sin embargo, operar en un entorno regulado significa que la capacidad de las distribuidoras para acometer inversiones críticas ya sea en la renovación de la red, en su adaptación bidireccional para el biometano o en ciberseguridad, depende directamente del marco retributivo que lasreconozca y remunere adecuadamente.

Si el regulador no reconoce los costes inflacionistas en la nueva circular, puede correrse el riesgo de que la inversión no sea suficiente. El sector gasista ya arrastra un periodo regulatorio anterior en el que sufrió una caída retributiva superior a los 2.000 millones de euros, a lo que se ha sumado posteriormente un incremento acumulado de los costes industriales. No asignar los recursos necesarios para mantener y adaptar esta infraestructura provoca un grave riesgo sistémico para la seguridad energética nacional.

En definitiva, para favorecer la competitividad del sector industrial y el equilibrio adecuado del “trilema energético” es imprescindible que la CNMC diseñe una circular basada en la ortodoxia regulatoria, que garantice la simetría de riesgos, remunere justamente la extensión de la vida útil de los activos y plantee incentivos realistas para los gases renovables; solo así se podrá salvaguardar la infraestructura que servirá de soporte para el consumo industrial no electrificable y la descarbonización del futuro.

Juan E. Iranzo es Catedrático de Economía Aplicada.

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