Flotante y volante: el doble asalto de China para liderar la eólica total
Tras décadas de proteccionismo y planificación centralizada, los seis mayores fabricantes de aerogeneradores son chinos. Gamesa formó a 500 proveedores locales que después alimentaron a sus rivales y su cuota se hundió al 3%. Hoy, Europa investiga subsidios chinos y Pekín amenaza con represalias
Mientras sus vecinos asiáticos luchan por asegurar suministros de petróleo y gas, China ha activado una estrategia de dominio eólico que empezó a gestarse hace dos décadas.
Ahora, el gigante asiático no solo ha consolidado su dominio en la eólica terrestre y marina, sino que acaba de sumar dos nuevos hitos tecnológicos: por un lado, la instalación (ya operativa) de la plataforma flotante más grande del mundo; por otro, la prueba exitosa de un aerogenerador volante que alcanzó los 2.000 metros de altitud y se conectó a la red, aunque todavía en fase de prototipo.
El año pasado, China instaló dentro de sus fronteras tres veces más potencia eólica que el resto del mundo junto. Sus exportaciones de turbinas y componentes a la Unión Europea saltaron un 66%, mientras que los envíos a países en desarrollo acogidos a la iniciativa 'Franja y Ruta' (el megaproyecto chino de infraestructuras y financiación lanzado en 2013 para conectar Asia, África y Europa bajo el paraguas de Pekín) aumentaron un 74%. El centro de gravedad global de la industria se ha desplazado de forma decisiva: las seis mayores fabricantes de aerogeneradores del mundo son ya chinas, desbancando a europeas como Vestas o Siemens Gamesa y a gigantes estadounidenses como General Electric.
Rystad Energy OffshoreWindCube
La situación actual se fundamenta en una política industrial basada en subsidios y restricciones a las importaciones que se intensificó en 2005 con la directiva Notificación 1204, que exigía que al menos el 70% de los componentes de cada aerogenerador (“contenido local”) fueran fabricados en China.
Los proyectos que no alcanzaran ese umbral no serían aprobados. Vestas, GE, Gamesa y Suzlon respondieron construyendo factorías en China. El plan funcionó a la perfección para Pekín. Gamesa, que entonces tenía un 30% de cuota de mercado, formó a más de 500 proveedores chinos para fabricar componentes según diseños españoles, que poco después empezaron a suministrar a los rivales domésticos emergentes. En una década, la cuota de Gamesa se desplomó al 3%.
Aunque Estados Unidos impugnó con éxito esas restricciones ante la OMC en 2009, Pekín simplemente cambió de táctica: declaró la eólica como sector estratégico, canalizó subsidios a empresas locales y los gobiernos municipales comenzaron a comprar únicamente a fabricantes chinos para sus parques. Hoy, compañías como Ming Yang Smart Energy (tercera del mundo) o Goldwind (la mayor) son fruto de ese vivero industrial.
La conquista de los mares profundos
La semana pasada, China Three Gorges Corporation completó la instalación de la que califica como mayor plataforma eólica flotante monounidad del mundo. El proyecto "Tres Gargantas Pilot" (Sanxia Linghang) se encuentra a más de 70 kilómetros de la costa de Yangjiang, en aguas de más de 50 metros de profundidad, y monta una turbina de 16 MW.
Las dimensiones son colosales: la plataforma mide 91 metros de ancho por 80,8 de largo, desplaza 24.100 toneladas y su rotor de 252 metros de diámetro barre una superficie equivalente a siete campos de fútbol. Diseñada para resistir olas de más de 20 metros y vientos de 270 km/h, se fija al lecho marino mediante nueve anclas de succión que combinan cadenas tradicionales con cables de poliéster de alto rendimiento, una primicia en el sector offshore chino. La línea de anclaje integra además un cable dinámico de 66 kV desarrollado íntegramente en el país.
Una vez operativa, se espera que genere 44,65 GWh anuales, suficientes para abastecer a 24.000 hogares. Pero lo relevante no es solo su tamaño, sino lo que representa: China está trasladando su eólica a aguas profundas, donde los vientos son más constantes y la cercanía a las densas regiones costeras reduce las pérdidas de transmisión. El mes pasado, China Huaneng Group completó el proyecto offshore más profundo del país, a 45 millas de la costa de Yantai con calados de 55 metros. En apenas un año, Pekín ha pasado de proyectos mareales sencillos a liderar la carrera de las plataformas flotantes de gran capacidad.
Aerogeneradores volantes
La startup Linyi Yunchuan Energy Technology, en colaboración con la Universidad de Tsinghua, ha probado este año con éxito el S2000 Stratosphere Airborne Wind Energy System (SAWES): una aeronave de 60 metros de largo y 40 de ancho y alto, con forma de dirigible, rellena de helio y equipada con 12 turbinas integradas en su cuerpo.
El artefacto ascendió durante 30 minutos hasta los 2.000 metros sobre la provincia de Sichuan, donde los vientos son más estables y potentes. Allí generó 385 kWh que se inyectaron directamente a la red de microensayo mediante un cable de amarre que también transmite la electricidad. La empresa afirma que su capacidad máxima alcanza los 3 MW y que una hora de operación puede cargar completamente 30 vehículos eléctricos de alta gama.
Según Jianxiao Wang, profesor de la Universidad de Pekín involucrado en el proyecto, "utilizamos hasta un 90% menos de material que las turbinas tradicionales. No necesitamos cimientos de hormigón, ni torres de acero, ni alteramos el ecosistema del suelo. El impacto visual y sonoro es mínimo: es prácticamente silencioso a nivel del suelo".
Además, la empresa asegura que el S2000 puede transportarse en contenedores estándar y desplegarse en unas ocho horas, lo que lo hace ideal para zonas de desastre, puestos fronterizos aislados o cualquier ubicación donde la construcción de una torre convencional sea inviable. La compañía ya acumula pedidos por valor de casi 500 millones de yuanes (73 millones de dólares) para sus plataformas S1500 y S2000, y tiene en desarrollo los modelos S4000 y S6000, este último destinado a alcanzar la estratosfera.
Luces y sombras de una tecnología aún inmadura
Pero no todo es optimismo. El profesor Mark C. Kelly, de la Universidad Técnica de Dinamarca, advierte que no ha visto datos revisados por pares sobre la producción real del SAWES por encima de los 1.000 metros. "Cómo se comporta el viento por encima de los 100 metros no es sencillo", señala. La fiabilidad del cable de amarre de 2 kilómetros en condiciones de tormenta o su interferencia con el espacio aéreo civil son interrogantes mayúsculos. El historial de los sistemas eólicos aerotransportados está lleno de prototipos prometedores (como el Makani de Google) que nunca lograron ser comerciales.
Además, la disponibilidad y el coste del helio (un recurso finito y cada vez más caro) podrían convertirse en un cuello de botella. Por último, el mantenimiento de un artefacto que debe regresar a tierra para cada reparación podría encarecer su operación frente a una turbina convencional. El próximo hito no es volar más alto, sino demostrar meses de operación continua con un factor de carga y un coste por kWh competitivos.
Geopolítica y resistencia comercial
Mientras China acelera en estos tres frentes, Occidente mira con inquietud. La administración Trump no solo ha frenado más de 150 proyectos eólicos al retrasar las revisiones militares, sino que ha destinado 2.000 millones de dólares a compensar a empresas que abandonan parques marinos. La Unión Europea ha abierto una investigación antisubvención a Goldwind (el mayor fabricante mundial) y Reino Unido bloqueó a Ming Yang la instalación de turbinas en sus aguas por seguridad nacional. Pekín ya ha condenado estas decisiones, augurando represalias.
La eólica aportó ya el 10% de la electricidad del país el año pasado (frente al algo más de la mitad del carbón, que cede dos puntos anuales), con 660 GW instalados a marzo de 2026. China ha cumplido sus objetivos de emisiones y capacidad renovable cinco años antes de lo previsto. Lo que en 2020 parecía una meta ambiciosa para 2030, alcanzar los 1,2 teravatios de potencia instalada, se ha convertido en una realidad ya en 2025. Este despliegue masivo, que solo en 2024 sumó 80 GW eólicos y 277 GW solares, permite que las fuentes limpias cubran ya toda la nueva demanda eléctrica del gigante asiático.
Este acelerón no solo redefine el panorama energético interno, sino que altera la termodinámica del cambio climático global. Al acaparar el 39% de la capacidad eólica mundial y generar más energía solar que el resto del planeta combinado, China está logrando que el pico de sus emisiones de carbono sea inminente. Proyectos faraónicos como la central solar de Ruoqiang, en pleno desierto de Taklamakán, demuestran que la transición es compatible con el crecimiento económico. Mientras Occidente debate sobre aranceles y seguridad, Pekín ha demostrado que la carrera por el futuro no solo se gana innovando en el aire o el mar, sino ejecutando a una velocidad que ya nadie puede ignorar.
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