Japón no está completamente protegido frente al impacto del cierre del estrecho de Ormuz. Aunque solo el 6% de sus importaciones de gas natural licuado (GNL) pasan por esa ruta, su alta dependencia de los precios internacionales lo deja vulnerable a subidas globales, según una nota informativa de IEEFA.
Japón sigue expuesto al encarecimiento global del gas pese a diversificar suministros
Su alta dependencia de los precios internacionales lo deja vulnerable a subidas globales, según una nota informativa de IEEFA

El coste de las importaciones se dispara
La experiencia tras la guerra de Ucrania lo evidencia: entre 2021 y 2022, el coste de las importaciones de GNL se disparó un 65% en dólares y un 98% en yenes, pese a una ligera caída del volumen. Un patrón similar empieza a repetirse tras el conflicto con Irán, con fuertes alzas en los precios spot.

El encarecimiento del GNL se traslada directamente a la electricidad. Las tarifas mayoristas y minoristas ya subieron con fuerza en 2022, provocando quiebras y retiradas de comercializadoras, y ahora las eléctricas prevén nuevas subidas: los hogares podrían pagar unos 15.000 yenes más al año desde abril de 2026.
El impacto macroeconómico también es relevante. El aumento de los costes energéticos, agravado por la debilidad del yen, impulsa la inflación y frena el crecimiento. Un shock prolongado podría reducir el PIB hasta un 3% en 2026, mientras el Estado enfrenta mayores tensiones fiscales por el gasto en subsidios energéticos.
Diversificación de proveedores
La estrategia japonesa de diversificar proveedores de GNL reduce riesgos de suministro, pero no evita las subidas de precios en un mercado global tensionado. Episodios como la guerra en Ucrania o la crisis en Oriente Medio demuestran que los shocks externos se trasladan igualmente a su economía.
A medio plazo, el informe señala que la seguridad energética del país dependerá de acelerar el desarrollo de energías renovables y ofrecer señales regulatorias más claras que incentiven la inversión, ya que ni la diversificación ni el retorno nuclear garantizan por sí solos estabilidad frente a futuras crisis.
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