El presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, le ha pedido directamente al presidente ruso, Vladímir Putin, que detenga de una vez por todas la guerra en Ucrania, algo a lo que nadie se había atrevido hasta ahora y en un contexto marcado por los daños económicos que están padeciendo las exportaciones de petróleo y gas del país centroasiático.
"Tal vez ha llegado la hora de congelar el conflicto", señaló Tokáyev, diplomático de profesión, durante la reunión con Putin celebrada el fin de semana en la ciudad siberiana de Omsk.
Esa frase, a la que el Kremlin ya respondió con una categórica negativa y que Kiev alabó públicamente, se ha extendido como la pólvora desde entonces.
El papel de mensajero
En realidad, Tokáyev, que habló dos semanas antes por teléfono con el presidente de EEUU, Donald Trump, no estaba dando sólo su "modesta opinión", como él dijo.
"No voy a ocultar que recibo muchas señales, de las que ya le informé por teléfono, de Europa y Estados Unidos, sobre la marcha del conflicto entre Ucrania y Rusia", señaló al líder ruso.
Según los analistas, Tokáyev no sólo transmitió su malestar, sino el de las grandes potencias. Y es que son muchos los intereses occidentales y chinos en los ingentes recursos naturales kazajos.
"Usted sabe que, bajo mi punto de vista (...) este es un conflicto entre Estados. No se trata de una guerra civil. Nosotros siempre hemos respetado al pueblo ucraniano, su cultura e idioma, e intuimos que muchos no comprenden muy bien el origen de esta conflicto, incluido nosotros", añadió.
Y es que los drones están poniendo en peligro la estabilidad del mercado energético, que acumula muchos problemas desde el comienzo del conflicto en Irán y el bloqueo del Estrecho de Ormuz.
La suspensión del bombeo de crudo por el Oleoducto del Caspio hasta el puerto ruso de Novorosíisk (mar Negro) y de su posterior trasiego hasta el mercado occidental es un gran problema.
En concreto, la estadounidense Chevron es uno de los principales accionistas del Consorcio del Oleoducto del Caspio (KTK) -posee un 15 % de las acciones-, que transporta el 80 % de las exportaciones de petroleo kazajo.
Países como Alemania dependen más que nunca de los hidrocarburos kazajos desde que cesara la importación de gas y petróleo ruso. La propia España importa anualmente más de 2 millones de toneladas de crudo de la república centroasiática.
"Dado que Tokáyev mantiene periódicamente conversaciones telefónicas con Trump, se reúne con los dirigentes europeos y acaba de regresar de China, es evidente que una guerra de tal magnitud en el continente no se puede eludir. Más aún cuando en esas cancillerías son conscientes de la relación de confianza entre los líderes ruso y kazajo", comentó a EFE el politólogo Talgat Kalíev.
Kazajistán, el riesgo de una crisis energética
Los recientes ataques de drones contra las instalaciones del KTK y los petroleros atracados en la terminal portuaria en Novorosíisk han puesto en una situación muy delicada a Kazajistán. Sólo el pasado año las pérdidas causadas a las compañías por los bombardeos ascendieron a más de 3.000 millones de dólares.
La locomotora económica de Asia Central no cuenta con depósitos subterráneos para albergar sus reservas estratégicas, por lo que depende de la estabilidad de los suministros y su salida por el mar Negro.
Kazajistán tuvo que reducir más de un 20% la extracción en sus yacimientos, lo que supone unas pérdidas de casi 32 millones de dólares diarios, según el experto Olzhas Baidildínov. En el caso del Tenguiz ese descenso superó el 50%, de 925.000 barriles diarios a 406.000.









sergn
29/07/2026