El sudeste asiático se prepara para una transformación histórica de su sistema eléctrico. Aunque la viabilidad técnica de los cables submarinos que conecten las redes eléctricas de la región está ampliamente demostrada, el principal desafío ya no es tecnológico, sino institucional. Así lo señala un nuevo informe de Ember, presentado en Singapur, que advierte de que las ambiciosas metas de interconexión eléctrica de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) dependerán de una gobernanza más sólida y de una mejor coordinación regional.
La ASEAN necesita reforzar la gobernanza para impulsar su red de cables submarinos de energía
Ember advierte de que las ambiciosas metas de interconexión eléctrica de la ASEAN dependerán de una gobernanza más sólida y de una mejor coordinación regional

Cinco proyectos de cables submarinos
Según el estudio, la región prevé desarrollar cinco proyectos de cables submarinos de aquí a 2040, dentro de un plan más amplio que contempla 18 nuevas interconexiones eléctricas. El objetivo es más que duplicar la capacidad actual de intercambio energético, que hoy alcanza los 7,7 gigavatios. Para lograrlo, será necesario transformar los compromisos políticos en mecanismos permanentes de planificación, financiación y ejecución de proyectos.

El informe subraya que la interconexión eléctrica regional aportaría beneficios estratégicos para todos los países miembros: reforzaría la seguridad energética, facilitaría el acceso a fuentes de energía más limpias y económicas, impulsaría el comercio transfronterizo y contribuiría a una transición más coordinada hacia una economía baja en carbono.
La región dispone de abundantes recursos renovables, aunque distribuidos de forma desigual. La energía hidroeléctrica se concentra principalmente en la subregión del Mekong, mientras que la energía solar y la eólica marina experimentan un rápido crecimiento en otros países. Los cables submarinos permitirían transportar esa electricidad limpia desde las zonas de producción hacia los grandes centros de consumo, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles importados y disminuyendo los costes globales del sistema.
La experiencia internacional respalda esta estrategia. En Europa, las interconexiones submarinas entre países generan un valor comercial anual cercano a los 375 millones de euros, cifra que puede alcanzar los 500 millones si se incluyen otros servicios energéticos. Actualmente, el continente cuenta con unas 25 interconexiones submarinas operativas, con una capacidad conjunta superior a los 22.000 megavatios.
El caso del sudeste asiático resulta especialmente favorable debido a su geografía. Países archipelágicos como Indonesia y Philippines ya dependen de cables submarinos para integrar sus sistemas eléctricos nacionales. De hecho, Filipinas utiliza desde hace años conexiones de corriente continua de alta tensión para enlazar las principales redes de sus islas.
Tres grandes retos
No obstante, el informe identifica tres grandes retos que deben abordarse de manera simultánea. El primero es la planificación regional. Aunque el actual plan maestro de interconexión de ASEAN constituye una base sólida, el crecimiento del sistema exigirá mecanismos más eficaces para priorizar proyectos y coordinar inversiones, con el fin de maximizar los beneficios para toda la región.
El segundo desafío es el reparto de costes y beneficios. Los proyectos multilaterales requieren acuerdos claros sobre cómo se distribuyen las inversiones y las ganancias entre los países participantes. Sin una metodología común, cada iniciativa deberá negociar sus condiciones de forma individual, lo que incrementará los costes administrativos y retrasará su puesta en marcha. Un ejemplo es el proyecto de integración eléctrica que involucra a Brunéi, Indonesia, Malasia y Filipinas.
El tercer reto está relacionado con el entorno marítimo. Los cables submarinos atraviesan aguas territoriales, zonas económicas exclusivas y espacios compartidos con rutas marítimas, actividades pesqueras e infraestructuras de telecomunicaciones. Esto obliga a coordinar a numerosas autoridades energéticas, marítimas y medioambientales, ampliando considerablemente el número de actores implicados.
Ante esta situación, Ember recomienda reforzar la función regional de planificación de generación y transmisión eléctrica, desarrollar metodologías comunes de evaluación de costes y beneficios, y crear un grupo de trabajo específico para los cables submarinos.
La experiencia europea demuestra que el éxito de estas infraestructuras no depende únicamente de la tecnología disponible, sino también de instituciones capaces de adaptarse a una creciente complejidad. ASEAN ya cuenta con bases sólidas, como el nuevo memorando de entendimiento sobre la red eléctrica regional firmado en 2025 y diversas instituciones energéticas de referencia. El reto ahora será convertir esa voluntad política en una estructura de gobernanza capaz de sostener la próxima fase de integración energética del sudeste asiático.
No hay comentarios








Deja tu comentario
Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Todos los campos son obligatorios