Petróleo & Gas

La OPEP en serios problemas: Irak y la crisis en su política de cuotas

Irak, el segundo mayor exportador de la OPEP, amenaza con abandonar la organización si no se le concede una cuota de producción de acuerdo a su capacidad real, estimada en estos momentos en torno a los 7 millones de barriles diarios para 2029

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El mundo se enfrenta a un momento histórico que puede cambiar el rumbo y las fuerzas en la gestión de los flujos energéticos globales. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), la institución que ha decidido durante décadas el ritmo de exportación de petróleo y gas, y los precios de referencia, ahora está mostrando signos evidentes de fragilidad.

En el centro de la crisis actual se encuentra Irak, miembro fundador del cártel y el segundo mayor productor antes de la guerra en Irán, quien ha presionado exigiendo un aumento en su cuota de producción llegando al punto de que los mercados podrían llegar a sopesar una salida formal del grupo. Aunque voces oficiales iraquíes se han dado prisa en desmentir los rumores de abandono y reafirmar su compromiso con la política de cuotas, el mensaje detrás de este revuelo suscita cierto miedo de que la “forma de hacer” de la OPEP peca mucho de falta de adaptación a los nuevos tiempos que estamos viviendo.

Tras el cierre del Estrecho de Ormuz, la fragilidad de la OPEP ha quedado expuesta, demostrando que bajo ciertas condiciones disruptivas la coordinación entre países miembros resulta menos relevante que la urgencia interna del propio país en cuestión.

Irak solicita incrementar su cuota petrolera a la OPEP y niega una posible salida
Las autoridades de Irak han indicado que la OPEP ha iniciado ya un proceso de análisis sobre las cuotas de producción de sus miembros.

El precedente de EAU y la posible salida de Irak

Los movimientos internos que estamos viendo ahora en algunos miembros del cártel pueden venir dados por tensiones estructurales que se remontan a la creación de la OPEP. Irak, que ayudó a fundar la OPEP en 1960 en su propia capital, ha operado bajo circunstancias ciertamente excepcionales. En todos estos años, Irak ha sufrido guerras internas, sanciones internacionales y ataques terroristas, lo que ha diezmado considerablemente su industria energética.

Bagdad argumenta que el límite actual en su producción no refleja estas circunstancias, y que espera ver incrementada su producción en los próximos años dada la urgencia de reconstruir una industria (y un país) con mucho potencial económico. El detonante clave que ha dado mayor importancia a esta crisis fue la salida de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, la cual se hizo efectiva el pasado 1 de mayo.

La decisión de Abu Dabi de abandonar el grupo para aprovechar plenamente su capacidad de producción sentó un peligroso precedente. Dicha maniobra demostró que renunciar a las exigencias del cártel a favor de sacar partido económico a las reservas energéticas es ya una alternativa estratégica viable.

Las razones del desaire iraquí

La desazón por parte de Irak es una cuestión puramente de números (y de dinero). Para poner el problema en perspectiva, miremos la diferencia entre las exigencias de la OPEP y la capacidad de producción. Mientras que la cuota oficial asignada a Irak para julio de 2026 es de 4,4 millones de barriles diarios (mbd), la Agencia Internacional de la Energía estima que la capacidad técnica ronda los 4,9 mbd. Para el 2026, el país espera alcanzar los 7 mbd. A esta diferencia sustancial entre cuota y capacidad de producción se le suma la dependencia casi total de Irak respecto a las exportaciones marítimas que deben cruzar un Golfo Pérsico cada vez más inestable como ya hemos visto en Irán.

La interrupción del tráfico en Ormuz le ha supuesto a Irak una pérdida económica sin precedentes. En mayo, los envíos iraquíes cayeron drásticamente hasta los 1,5 mbd. La firma Mizuho Securities ha advertido de que si Irak se retira y genera una guerra de precios al intentar maximizar su producción sin coordinación, el exceso de barriles en el mercado hundiría los precios por debajo de los 50 dólares, llevando el barril a niveles no vistos desde el COVID.

La OPEP+ aumentará su oferta de crudo en 188.000 barriles diarios a partir de agosto
El documento hace así referencia al plan de la OPEP+, iniciado hace más de un año, para revertir, de forma gradual y con incrementos mensuales moderados.

Demasiados intereses enfrentados

Si echamos un vistazo a todas las partes involucradas en esta crisis, podríamos ver la gran diversidad de prioridades y decisiones contrapuestas que hacen muy difícil que todos estén contentos con cualquier resolución potencial al conflicto. Por un lado, la prioridad de Irak es incrementar de inmediato sus ingresos internos para evitar el colapso presupuestario del país, por lo que sí o sí necesita de un mayor número de barriles vendidos.

En el extremo opuesto se encuentra Arabia Saudí, que, como líder oficioso del cártel, ha tenido que asumir el peso de los recortes en la producción viéndose reducidos también sus ingresos internos. Sin embargo, financiar sus megaproyectos en el marco de la Visión 2030 le requiere ahora un punto de equilibrio del crudo entre los 108-111 dólares, lo que le dificulta su capacidad de actuación en el caso de que un país productor como Irak comience una guerra de precios inundando el mercado. Con este escenario, Turquía asume un posicionamiento estratégico clave al instar a Irak que aumente las exportaciones de crudo por el oleoducto Kirkuk-Ceyhan a 1,5 mbd antes del 27 de julio.

De esta forma, se matan dos pájaros de un tiro: generar acuerdos comerciales vinculantes y reducir la dependencia de Ormuz. No quiero dejar sin mencionar a las grandes petroleras internacionales. Compañías como BP, con inversiones planteadas de hasta 25.000 millones de dólares en Kirkuk, y TotalEnergies, con 10.000 millones en Basora, necesitan seguridad y las menores disrupciones posibles para rentabilizar el gran volumen de producción que presenta el país.

El Reino Saudí contra las cuerdas

A nivel geopolítico, Arabia Saudí ha quedado atrapada entre sus obligaciones como “jefe” del cártel y su propia situación interna. En 1986, Riad pudo inundar el mercado y hundir el precio del barril a 8,55 dólares para castigar a sus detractores porque su economía podía soportarlo. Hoy, frente a un hipotético escenario de Brent a 50 dólares, las reservas del banco central saudí aguantarían poco más de 2 años. No puede castigar a Irak sin hacer daño al mismo tiempo a su economía interna.

A su vez, la nueva infraestructura de exportación que tiene a su disposición Irak puede equilibrar la balanza de poder. La salida hacia el puerto turco de Ceyhan brinda a Irak una vía de exportación que mitiga en gran parte su excesiva dependencia del tránsito por el Golfo Pérsico. Su vecino Irán, operando bajo otro esquema y vendiendo en mercados secundarios, termina de mermar la autoridad central de la organización, que ya no puede forzar la disciplina de sus miembros para que estén alineados con las exigencias de la OPEP.

El final de la OPEP más cerca que nunca

Aunque a corto plazo las presiones de Irak desemboquen en concesiones técnicas para acomodar su cuota, el horizonte a medio plazo no es muy alentador. La OPEP se encamina hacia un régimen de rivalidad bilateral por el mayor número de trozos del pastel.

Mientras Estados Unidos absorbe parte de la demanda como proveedor fiable, potencias petroleras como EAU e Irak apuestan por extraer y sacar el mayor rendimiento económico a sus reservas antes de que la transición energética transforme por entero sus economías. Este ligero desacuerdo entre Irak y la OPEP es algo más que un simple encontronazo. Lo calificaría más como síntoma de un cambio en las grandes fuerzas globales que dictan el mercado de la energía.

 

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