Cuando yo era un crío había una serie en televisión que se titulaba “El Equipo A” . Aquellos que peinen canas (o que ya no las peinen) seguro que recordarán la furgoneta negra con una raya roja y los coches volando que la caracterizaban. Esto viene a colación de que uno de los protagonistas, Hannibal, en cada episodio y después de haber derrotado a los malos. siempre decía la frase: “Me encanta que los planes salgan bien”.
En el sector eléctrico llevamos ya un tiempo viviendo tiempos convulsos. Estas alteraciones se dan también en otros ámbitos energéticos (y no energéticos) pero me voy a centrar en este escrito a comentar algún aspecto del devenir de los electrones en nuestro país.
Y el problema es que el “Plan” no está saliendo como se había previsto. Y me refiero al Plan Nacional de Energía y Clima (PNIEC), que rige las directrices y políticas que guían el desarrollo energético de nuestro país y en el que algunas partes se están cumpliendo aceleradamente y otras no se alcanzarán ni de lejos sus metas al final del período considerado, que abarca hasta el año 2030.
En el primer grupo encontramos la energía solar fotovoltaica, donde ha habido un gran crecimiento, superándose las previsiones ya que en estos momentos roza los 51 GW de potencia de generación instalada frente a los 46,5 que preveía el PNIEC en 2025. Eso tiene una parte buena que es que se dispone de gran cantidad de energía barata y una parte no tan buena, determinada por el hecho de que dicha energía se concentra en las horas centrales del día.
A eso hay que sumarle el hecho de que dicho crecimiento no se ha visto acompañado con el de la demanda eléctrica (el coche eléctrico no se ha extendido tanto como se previó, las viviendas no se han pasado masivamente a la bomba de calor y a las industrias les está costando electrificarse para llevar a cabo su descarbonización) habiéndose apenas alcanzado en 2025 los niveles de consumo eléctrico prepandemia.
Todo lo anterior se refleja en fuertes oscilaciones en los precios del MWh en el mercado mayorista en el que, cada vez más días, pasa de costar 0 € (o incluso precios negativos) en las horas solares y fines de semana con baja demanda y en las que “sobra electricidad”, a costar 170 € (o incluso 200 €) a las 9 de la noche, cuando el precio lo determinan las centrales de gas.
Así que tenemos numerosas horas con precios que hacen que los promotores de centrales renovables se lo piensen dos veces antes de llevar a cabo nuevos proyectos, ya que la rentabilidad de los mismos se ve amenazada. Eso impacta directamente en las fotovoltaicas, pero también atañe a la implantación de energía eólica (que también sufre la contestación social y muchos trámites administrativos), donde ya se va con retraso (33 GW frente a los 36 previstos para 2025, y que debería acelerar mucho si quiere llegar al objetivo de 62 MW en 2030 (es decir, incrementar casi 29 GW habiendo instalado solo 4,6 MW en los últimos 5 años).
Desbarajuste en el mercado
Por otro lado, tenemos horas en las que, permítanme expresarlo de forma sencilla, “la electricidad barata escasea” y hay que producirla mediante ciclos combinados. Éstos funcionan partiendo del gas como materia prima, sustancia que de por sí es cara y que además depende fuertemente, tanto en precio como en disponibilidad, de acontecimientos geopolíticos, como quedó patente al comienzo de la guerra de Ucrania y con el actual bloqueo del estrecho de Ormuz (de cuyas consecuencias nos estamos salvando en parte por tener los embalses a rebosar después de las abundantes lluvias, lo que permite una gran generación hidroeléctrica).
Este desbarajuste podría paliarse, tal y como está previsto en el PNIEC, mediante la instalación de almacenamientos (tanto baterías como embalses de bombeo), que capten energía eléctrica en los períodos en las que ésta es abundante (tanto que incluso hay veces que no se puede producir ya que la red no puede absorberla y se “desperdicia”) y la devuelvan a la red en esos momentos en los que es necesaria.
Esto permitiría dar mayor uniformidad a la demanda y aplanaría esa curva de precios que ahora tiene desniveles tan importantes. Es cierto que, de acuerdo a los datos de Red Eléctrica de España, hay un gran número de instalaciones de este tipo que han solicitado permisos de acceso a la red, pero la realidad es que en los últimos años solo se ha conectado una potencia simbólica a la misma (puede que por que prevén un bajo retorno de su inversión o por falta de otros incentivos).
Esto también sería aplicable a las centrales solares térmicas con almacenamiento (conocidas como termosolares) con nulo desarrollo en los últimos años.
Tenemos un problema
Al comienzo de cada capítulo de “El equipo A” y como introducción al mismo, se escuchaba el soniquete: “Si usted tiene algún problema y si se los encuentra, quizá pueda contratarlos”. Pues el problema lo tenemos, pero de momento, no se encuentran los desarrollos necesarios para paliarlo.
Otra de las piezas de este Tetris lo constituyen las centrales nucleares, hoy por hoy a pleno rendimiento y funcionando casi permanentemente (lo que se refleja en el hecho de que a pesar de representar el 5% de la potencia de generación instalada producen el 20% de la energía) y que son competencia directa tanto para las renovables como para el gas. Actualmente hay previsión de que todas se hayan clausurado en 2035, tema que levanta ampollas ya que tanto sus defensores como sus detractores son acérrimos.
En el PNIEC venía justificada la no necesidad de cuatro de dichos reactores para 2030, pero no sé muy bien como acabará el asunto en vista del acierto del resto de previsiones del mismo y de que la Unión Europea, ante el prieto collar que es la dependencia de los hidrocarburos, está abogando por el mantenimiento de dicho tipo de generación.
No quiero dejar de mencionar, aunque sea muy brevemente, la escasa interconexión internacional de nuestra red, principalmente con Francia que, aunque se esté ampliando con una nueva línea a través del Golfo de Vizcaya deja en la planificación de la red de transporte otros dos proyectos para más allá de 2030 (es decir, totalmente en el aire, debido en gran parte a que los galos se resisten como un gato panza arriba a su construcción).
Si estas conexiones fueran más robustas permitirían aumentar exportaciones en periodos de bonanza e importaciones en las de carestía, mitigando mucho algunos de los problemas antes expuestos (aparte de otros efectos beneficiosos entre los que cabe destacar el aumento de la resiliencia de la red eléctrica).
En el equilibrio está la virtud y aquí habría que aplicarlo a demanda, a los diferentes medios de generación, almacenamiento e interconexión internacional, aprovechando las ventajas de cada uno de ellos y reduciendo sus desventajas mediante su adecuada combinación.
Como conclusión, cabe decir que, a mí, como a Hannibal, me encanta que los planes salgan bien, pero que para que este plan energético lo haga en lo relativo a la parte eléctrica, quizás se deberían reconsiderar las hipótesis de partida, analizar la situación actual y repensar las acciones y políticas a seguir e incluso (esto primordialmente) los objetivos a conseguir.
Julio Balana es experto en mercados energéticos del Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales.





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