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Urbasos (R.I. Elcano): “La idea del 'petróleo robado' por Venezuela no se sostiene históricamente; es para consumo interno en EEUU”

ENTREVISTA | El analista del Real Instituto Elcano asegura que la producción venezolana de crudo no tiene capacidad para alterar el mercado global a corto plazo

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En una entrevista con Ignacio Urbasos, investigador para Energía y Clima del Real Instituto Elcano, el experto desmonta con datos históricos y análisis geopolítico las justificaciones clave de la intervención estadounidense en Venezuela. Urbasos argumenta que las sanciones previas fortalecieron paradójicamente a potencias rivales como China y que la producción venezolana no tiene capacidad para alterar el mercado global a corto plazo. Además, sugiere que el escenario más probable no es un cambio de régimen abrupto, sino una compleja continuidad controlada.

A la luz de las expropiaciones iniciadas 2007 y que empezaron a tensar las relaciones entre EEUU y Venezuela, ¿cómo valora la narrativa actual de "petróleo robado" que utiliza la administración Trump para justificar sus acciones? ¿Qué peso tienen realmente esas reclamaciones como motivación para la intervención?

La idea del “petróleo robado” no se sostiene históricamente. En Venezuela no hubo una expropiación masiva, sino una renegociación de contratos para que PDVSA tuviera mayoría, una práctica común en países productores. El proceso ocurrió hace casi 20 años, bajo Chávez y no bajo Maduro, lo que debilita su uso como justificación actual.

Además, empresas estadounidenses como Chevron aceptaron las nuevas condiciones y permanecieron en el país, lo que refuerza la falta de solidez del argumento, más útil para consumo político interno en EE.UU. que basado en hechos históricos.

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La abrupta desaparición del "corredor venezolano" lanza a China una triple encrucijada: la posible pérdida de miles de millones en inversiones (cerca de 2.100 millones de dólares desde 2016), la búsqueda urgente de un sustituto para las 470,000 barriles diarios de crudo pesado y barato que alimentaban a sus refinerías, y el escalofrío geopolítico de que ningún socio energético está a salvo de una intervención.

Más allá del petróleo, ¿hasta qué punto cree que esta intervención busca "desalojar" la influencia de China, Irán o Rusia en el hemisferio occidental? ¿Qué reacción espera de aliados regionales clave como Brasil o Colombia?

Las sanciones de EE.UU. a Venezuela han tenido un efecto paradójico: han beneficiado principalmente a China, que se convirtió en el principal destino del crudo venezolano, comprado con fuertes descuentos, en yuanes y a través de circuitos opacos.

Además, Rusia controla cerca del 20 % de la producción mediante empresas mixtas con PDVSA, mientras que Irán ha sido clave para mantener operativa la industria mediante asistencia técnica y suministro de condensados. En este contexto, la intervención estadounidense puede interpretarse como un intento de desalojar a China, Rusia e Irán del hemisferio occidental.

A nivel regional, Colombia observa la situación con temor, al percibir paralelismos que podrían convertirla en un próximo objetivo, mientras que Brasil vive la operación como un golpe a sus aspiraciones de liderazgo regional, agravado por la mala relación entre Da Silva y Trump.

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Controlar la producción venezolana para abaratar el crudo a nivel global podría ser una herramienta para que la Reserva Federal de EE.UU. recorte tipos de interés y alivie los pagos de su deuda nacional. ¿Considera esta teoría una motivación relevante, o es secundaria?

Incluso en un escenario optimista, la producción petrolera venezolana no es suficiente a corto plazo para alterar el equilibrio global del mercado. Un aumento del 50 % (hasta 1,5 millones de barriles diarios en unos dos años) sería comparable al crecimiento previsto en países como Brasil o Guyana y no tendría un impacto significativo en precios.

Por ello, la idea de que esta operación busque influir en los recortes de tipos de la Reserva Federal carece de sentido. Cualquier recuperación relevante del sector venezolano sería lenta y de largo plazo, probablemente más allá del horizonte político de la propia administración estadounidense.

¿Qué impacto real y a qué plazo cree que tendrá esta operación en la producción y el precio del petróleo? Con una industria devastada, ¿es realista pensar en una reactivación rápida que inunde el mercado?

La producción petrolera venezolana no puede recuperarse rápidamente. Solo el petróleo convencional podría repuntar moderadamente en uno o dos años, con un aumento aproximado de 500.000 barriles diarios.

Sin embargo, el verdadero potencial está en el crudo pesado del Orinoco, cuya explotación requiere inversiones masivas, lo que hace inviable una recuperación acelerada.

La experiencia de Irak y Libia refuerza esta idea: Irak tardó más de una década en recuperar su producción tras un cambio de régimen y Libia nunca volvió a los niveles previos. Por ello, no es realista esperar una rápida inundación del mercado petrolero con crudo venezolano.

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Considerando los fracasos de transiciones posteriores a intervenciones como Irak o Afganistán, ¿qué condiciones mínimas deberían darse para que esta operación no profundice la crisis humanitaria y permita una recuperación estable del país?

Estados Unidos busca evitar un vacío de poder en Venezuela que derive en fragmentación territorial, expansión del narcotráfico y pérdida del control estatal de la violencia.

Para ello, la estrategia no sería un cambio abrupto de régimen, sino mantener temporalmente a las élites chavistas, subordinándolas a los intereses estadounidenses.

Se trataría de una continuidad controlada con ajustes de política, dejando una eventual transición política para una etapa posterior, cuando existan mayores garantías de estabilidad y gobernabilidad.

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Un comentario

  • Toni

    Toni

    08/01/2026

    ¡Muy interesante la entrevista! En el RI Elcano suelen hacer investigaciones rigurosas y se suelen alejar de sesgos ideológicos.

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