VÍDEO| Prueba del Omoda 5 SHS: la puntilla híbrida
Tras el éxito comercial de su versión gasolina, Omoda no solo se convierte en la primera marca china en lanzar un híbrido autorrecargable, sino que mejora en varios puntos el que ya era un producto redondo
Hay coches que llegan al mercado con la sensación de estar todavía en fase de aprendizaje y otros que delatan una madurez impropia de su longevidad en el mercado. El Omoda 5 SHS (contacto) pertenece ya a esta segunda categoría. No porque reinvente el modelo original, sino porque corrige algunas de sus debilidades más visibles y ordena mejor sus virtudes.
El Omoda 5 (prueba) nació como un SUV compacto con una personalidad estética muy marcada, una relación precio-equipamiento difícil de discutir y un objetivo evidente: entrar con rapidez en un segmento dominado por fabricantes con una fuerte tradición. Los números no mienten y apoyado en este caso en una mecánica de gasolina que ‘tiraba’ el precio, al que acompañaba de manera residual una alternativa eléctrica poco eficiente, la firma china da ahora en el clavo.
Porque la versión híbrida SHS-H que protagoniza estas líneas supone, en ese sentido, algo más que una alternativa mecánica. Es el modelo con el que Omoda empieza a demostrar que no solo sabe llegar rápido, sino también evolucionar con criterio y adaptándose al mercado.
Cambia lo justo
Los detalles estéticos se ven sobre todo en el frontal.Omoda
A primera vista, sigue siendo el mismo coche reconocible por su frontal expresivo, por una silueta de SUV compacto con cierto guiño coupé y por un lenguaje visual que busca distinguirse desde lejos. Mide 4,45 metros de largo, 1,82 de ancho y 1,59 de alto, con una batalla de 2,61 metros: cotas plenamente insertadas en el corazón del segmento C-SUV.
No es un coche discreto, y seguramente tampoco pretende serlo, pero en esta variante híbrida el diseño parece mejor acompasado por el producto que hay debajo. Ya no da la impresión de que la carrocería promete más de lo que el conjunto es capaz de entregar. Externamente será reconocible por la nueva parrilla integrada o las luces diurnas más estilizadas.
Margen de mejora
El interior desprende calidad. Omoda
En el interior sucede algo parecido: el salto es claro, pero no absoluto. El habitáculo mantiene dos pantallas de 12,3 pulgadas (con un manejo y una interfaz algo pobretonas y toscas) y un nivel de dotación muy generoso ya desde los acabados de acceso, con una propuesta de valor especialmente fuerte en la terminación Premium. Se agradece, además, que siga habiendo mandos físicos en puntos importantes como el volante, y el conjunto transmite más cuidado del que cabría esperar por precio.
En habitabilidad, el balance es francamente bueno. Con 2,61 metros entre ejes, las plazas traseras están mejor aprovechadas de lo que sugieren las cifras, y ese es uno de los méritos menos publicitados del coche. Donde sí aparece una renuncia más clara es en el maletero: 372 litros son una cifra discreta para sus dimensiones y una de las pocas áreas en las que el Omoda 5 SHS queda claramente por detrás de rivales directos como el Nissan Qashqai (prueba) o el KIA Sportage (contacto) pero en línea con el que es el gran referente: el Toyota C-HR (prueba del phev). No invalida el coche, pero sí limita su brillantez como opción familiar total.
Acierto mecánico
Con esta mecánica desaparece la versión de gasolina. Omoda
La clave está, naturalmente, en el sistema de propulsión, que ahora se alinea con casi el 40% del mercado, al optar por una alternativa híbrida autorrecargable. Combina un motor 1.5 turbo de gasolina de 143 CV con un sistema eléctrico que la marca asocia a su tecnología SHS, para una potencia conjunta de 224 CV y un par total declarado de 295 Nm. La batería es de 1,83 kWh (mayor que la de muchos híbridos actuales) y la transmisión es una DHT dedicada a la gestión híbrida. Sobre el papel, acelera de 0 a 100 km/h entre 7,5 y 7,9 segundos según la fuente consultada, y homologa 5,3 l/100 km en ciclo WLTP con emisiones de 120 g/km de CO₂.
La elección de este motor es, seguramente, lo más acertado del coche. No porque sea espectacular ni porque busque vender deportividad, sino porque resuelve bien la ecuación más delicada de un SUV compacto actual: ofrecer una respuesta suficiente, un funcionamiento razonablemente refinado y un consumo bajo en condiciones de uso plausibles. Es un híbrido pensado para quien quiere etiqueta ECO y eficiencia diaria sin asumir el sobrecoste, el peso y la complejidad de un enchufable. Y ahí el planteamiento tiene mucho sentido.
Además, la arquitectura técnica no responde a un híbrido improvisado. La propia marca presenta este SHS como un sistema con motor 1.5T DHE específico para aplicaciones híbridas y transmisión dedicada, apoyándose en cifras como una eficiencia térmica del 44,5% para el motor de combustión.
Gasta poco y gana en dinamismo
El consumo es bajo, pero solo vemos el de los últimos 50 km. Omoda
Más allá del dato aislado, lo importante es el resultado: el coche tiene empuje de sobra para el día a día, acelera con decisión cuando se le exige y, sobre todo, evita en buena medida esa sensación de resbalamiento mecánico o de ruido forzado que penaliza a algunos híbridos cuando se les pide mucha carga.
Ese es, precisamente, uno de los avances más perceptibles del Omoda 5 SHS. Frente a una primera impresión del Omoda de gasolina más centrada en la apariencia y el equipamiento, aquí aparece una sensación de conjunto mejor trabado. La insonorización general resulta convincente y el aislamiento acompaña esa vocación de coche principal para uso diario y viajes. No es un coche emocionante en términos de prestaciones, pero sí uno mucho más serio de lo que algunos prejuicios sobre la marca podrían anticipar.
Es fácil lograr consumos bajos. Omoda
Y luego está el consumo, que es probablemente su argumento más redondo. En un SUV de 224 CV y casi 4,45 metros, declarar 5,3 l/100 km ya es una tarjeta de presentación poderosa, pero luego está el subirte a él y descubrir que el gasto medio real se mueve en los 5,5 l/100 km, que unido a un depósito de 50 litros, te hace rozar los 1.000 kilómetros sin parar. Aquí sí conviene detenerse porque no gana por un golpe de efecto, sino por una cualidad mucho más difícil de construir, que es la coherencia. Corre lo necesario, gasta poco para lo que ofrece y, además, lo hace sin obligar al conductor a adaptarse a un coche raro o especialmente complejo.
Además, también se aprecian cambios en la puesta a punto. Sin convertirse en una referencia dinámica, el SHS-H transmite más aplomo que la variante de gasolina que abrió la gama. La explicación probablemente esté en varios factores: una calibración revisada, el trabajo propio de la evolución del modelo y también un centro de gravedad algo más favorable por la disposición del sistema híbrido. El resultado práctico es un coche más asentado, con un paso por curva más limpio de lo esperado y una suspensión que sigue priorizando el confort, pero sin caer en un balanceo excesivo.
Tanto por ciudad como fuera de ella, se mueve con agilidad. Omoda
Eso no significa que sea perfecto, ya que la dirección continúa siendo uno de sus puntos más flojos. Es blanda y filtra demasiado; cumple en ciudad y facilita maniobras, pero comunica poco en carretera. En un coche cuya evolución dinámica empieza a ser apreciable, esa dirección resta precisión subjetiva y deja al conductor algo más desconectado de lo deseable. Tampoco el ajuste del chasis llega todavía al nivel de los referentes europeos o coreanos mejor afinados. Hay mejora, sí; excelencia dinámica, todavía no.
¿Merece la pena frente a sus rivales?
Su silueta coupé es una de las principales razones de compra. Omoda
La conclusión es bastante clara. El Omoda 5 SHS-H no es solo un SUV chino bien equipado y con precio competitivo. Es, por fin, un coche más completo, mejor afinado y más defendible desde un análisis exigente. Su sistema híbrido está bien elegido, porque responde a lo que más demanda hoy una parte muy amplia del mercado: eficiencia real, etiqueta ECO, buenas prestaciones y uso sencillo.
Su puesta a punto ha ganado aplomo y refinamiento. Su consumo es, sin exagerar, uno de sus grandes argumentos comerciales y técnicos. Y su mayor mérito quizá sea otro: empieza a sentirse menos como una promesa y más como un producto hecho para durar.
Esta mecánica es un completo acierto. Omoda
No es perfecto. La dirección pide más tacto, el maletero se queda corto y todavía hay pequeños detalles de terminación y ajuste dinámico que delatan que la madurez no es completa. Pero en lo importante, que es el equilibrio global, el avance es serio. Y eso, en una marca que compite por hacerse un sitio en el mercado, vale mucho más que cualquier estridencia estética.
En un segmento donde los referentes siguen siendo el Nissan Qashqai y el Toyota C-HR, el Omoda no intenta replicar exactamente la misma receta, pero sí hacerse su hueco a base de ofrecer una notable relación entre lo que ofrece y lo que cuesta. Porque con un precio que arranca en os 29.400 euros (1.500 € más que el gasolina que está ya en la rampa de salida) del acabado básico, el Pure, y llega a los 32.400 euros del Premium, este SUV chino puede entrar más si cabe aún en el ideario de un usuario que busca lo funcional.
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