Australia debería cerrar todas sus centrales eléctricas de carbón y poner fin a la venta de nuevos vehículos de gasolina y diésel en un plazo máximo de una década si quiere cumplir sus compromisos climáticos, según un informe.
El país también tendría que acelerar las inversiones en energías renovables, endurecer los límites a las emisiones industriales y comenzar a prepararse para el fin de sus exportaciones de combustibles fósiles.
El instituto de investigación Climate Analytics publicó este lunes sus conclusiones en un informe en el que modeliza una posible hoja de ruta para que Australia limite el calentamiento global lo máximo posible a 1,5 grados.
El estudio se conoce menos de dos semanas después de que Naciones Unidas advirtiera de que el mundo superará en los próximos años el límite establecido por el Acuerdo de París y reclamara una rápida reducción de las emisiones para limitar ese exceso.
Hoja de ruta
El informe, titulado A Fossil-Free Australia (Una Australia libre de combustibles fósiles), compara las emisiones derivadas de las actuales políticas climáticas del país con una hoja de ruta diseñada para limitar el tiempo durante el cual el calentamiento global se mantendría por encima de los 1,5 grados.
Según sus conclusiones, Australia podría reducir un 71 % sus emisiones residuales previstas para 2050 si actuara de inmediato para eliminar progresivamente los combustibles fósiles, acelerar los proyectos de energías renovables y poner en marcha reformas de amplio alcance.
Las políticas climáticas deberían poner fin a la generación eléctrica a partir del carbón en 2034, reducir a la mitad la demanda de petróleo para 2035 y recortar un 90 % la demanda interna de gas para 2040, señala el informe.
El estudio podría ayudar a los responsables políticos australianos a concentrar sus esfuerzos en los sectores que más lo necesitan y servir de ejemplo para otros países, afirmó Bill Hare, director ejecutivo de Climate Analytics.
Cómo cumplir los objetivos del Acuerdo de París
"Hemos realizado este estudio sobre Australia como parte de un esfuerzo global para analizar qué deben hacer los países para cumplir los objetivos del Acuerdo de París", declaró.
"Recientemente hemos visto numerosos desastres en todo el mundo, incluida la catástrofe en Nepal, y todos estos acontecimientos están impulsados en gran medida por la aceleración del calentamiento global".
Aunque la reforma del sector energético australiano tendría el mayor impacto en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, el informe señala que el transporte también requeriría una profunda transformación.
La venta de nuevos vehículos de gasolina y diésel debería eliminarse progresivamente, como muy tarde, para 2035. Al mismo tiempo, los aviones y los barcos tendrían que abandonar los combustibles fósiles y adoptar combustibles de aviación sostenibles y amoníaco para 2045.
También deberían adoptarse medidas adicionales para reducir las emisiones del transporte pesado por carretera, afirmó Thomas Houlie, uno de los autores del informe, quien señaló que los camiones propulsados por diésel constituyen un punto ciego tanto para los Gobiernos estatales como para el federal.
"No existe ninguna política para abordar las emisiones del transporte de mercancías por carretera", afirmó. "La electrificación del transporte es fundamental… De lo contrario, se convertirá en el sector con mayores emisiones en cuestión de décadas".
El informe también reclama medidas para reducir las emisiones industriales mediante reformas del denominado Safeguard Mechanism, el mecanismo australiano destinado a limitar las emisiones de grandes instalaciones industriales. Asimismo, las exportaciones de carbón y gas tendrían que reducirse drásticamente para 2040.
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