Movilidad

El lado oscuro de los coches eléctricos de ocasión que puede darte más de una sorpresa

La caída del precio de los coches eléctricos usados está impulsando su mercado, aunque expertos alertan de costes ocultos relacionados con reparaciones, seguros y baterías

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Durante años, uno de los principales obstáculos para la expansión masiva del coche eléctrico fue su precio. Sin embargo, el mercado está cambiando a gran velocidad. La fuerte depreciación de muchos modelos eléctricos, el aumento de vehículos procedentes de renting y leasing y la llegada constante de nuevas generaciones con más autonomía están provocando una caída muy significativa en el precio de los eléctricos de segunda mano.

El resultado es que, por primera vez, numerosos modelos eléctricos usados empiezan a acercarse claramente al precio de coches nuevos equivalentes de combustión. Y eso está abriendo la puerta a un perfil de comprador que hasta ahora veía la movilidad eléctrica como algo demasiado caro o inaccesible.

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Según datos recogidos por Cox Automotive y difundidos por diferentes medios especializados, el precio medio de un coche eléctrico usado en Estados Unidos ronda actualmente los 34.653 dólares, apenas unos mil dólares más que un vehículo de gasolina equivalente, mientras que en España este coste es de unos 30.600 euros (a cierre del primer trimestre y según datos de GANVAM), unos 8.000 euros menos que uno nuevo. Sobre el papel, parece el escenario perfecto para democratizar definitivamente el coche eléctrico. Pero la realidad es algo más compleja.

El precio de compra ya no es el gran problema

La fuerte depreciación de muchos eléctricos está generando oportunidades muy interesantes para quienes buscan un vehículo relativamente moderno a un coste más contenido. Modelos que hace apenas tres o cuatro años superaban ampliamente los 40.000 euros empiezan a aparecer en el mercado de ocasión con descuentos muy importantes. Y buena parte de esa caída responde a un fenómeno relativamente lógico: la tecnología eléctrica avanza tan rápido que muchos modelos anteriores envejecen antes que los coches tradicionales.

Baterías con menos autonomía, sistemas de carga más lentos o arquitecturas menos eficientes han acelerado la depreciación de numerosos eléctricos de primera generación. Eso beneficia claramente al comprador de segunda mano, que puede acceder a modelos muy equipados y tecnológicamente avanzados por precios mucho más razonables que hace pocos años.

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El espectro que más confía en ellas es curiosamente el de los jóvenes, mientras que los eléctricos sí serían una inversión a presente si hubiera más ayudas.

Además, el coche eléctrico sigue manteniendo algunas ventajas económicas evidentes. El coste energético continúa siendo inferior al de un vehículo de combustión (especialmente cuando se carga en casa) y el mantenimiento suele resultar más sencillo debido al menor número de piezas móviles.  Sin embargo, ahí es precisamente donde aparece el gran matiz que empieza a preocupar a parte del sector.

Los costes ocultos empiezan a ganar protagonismo

Las reparaciones son menores pero no hay que perder ojo. Tesla

Aunque los eléctricos requieren menos mantenimiento tradicional (sin cambios de aceite, filtros o embragues) existen otros gastos que pueden dispararse más de lo esperado. Uno de los principales tiene que ver con las reparaciones tras accidentes. Según datos de Mitchell International, el coste medio de reparación de un coche eléctrico tras una colisión alcanzó en 2025 unos 6.395 dólares, frente a los 5.105 dólares de un coche de combustión.

En España no existe todavía una estadística pública tan detallada y homogénea como la que publican aseguradoras estadounidenses tipo Mitchell, pero sí hay datos y estimaciones bastante fiables procedentes de talleres especializados, aseguradoras y organismos como CESVIMAP, además de análisis sectoriales europeos. En ellos se establece que un coche eléctrico cuesta entre un 10% y un 15% más que reparar un coche equivalente de combustión tras un golpe, lo que implica gastarse entre 2.600 y 3.300 euros frente a los 2.200 o 2.800 euros de uno de combustión al uso.

Los talleres deberán tener una zona acordonada donde realizar las reparaciones de coches eléctricos

La diferencia responde a varios factores. Los eléctricos incorporan arquitecturas electrónicas mucho más complejas, numerosos sensores y sistemas de calibración avanzada que incrementan el tiempo y el coste de reparación. Además, algunos fabricantes están apostando por estructuras con grandes piezas fundidas o plataformas muy integradas que dificultan las reparaciones parciales y obligan en ocasiones a sustituir componentes completos.

La batería sigue siendo la gran preocupación

Las baterías son el gran quebradero de cabeza para los VO. MG.

Pese a que las baterías modernas están demostrando una durabilidad mucho mayor de la prevista hace unos años, el temor a una posible sustitución fuera de garantía continúa siendo uno de los grandes frenos psicológicos del mercado de ocasión eléctrico. La mayoría de fabricantes ofrecen garantías de entre ocho y diez años para las baterías de alta tensión, normalmente transferibles a segundos propietarios.

Aun así, los costes potenciales siguen siendo elevados. Sustituir un paquete de baterías puede oscilar entre los 7.000 y los 20.000 euros dependiendo del modelo y la capacidad. En modelos de gran tamaño o vehículos premium, las cifras pueden dispararse todavía más. Eso explica por qué muchos expertos recomiendan analizar cuidadosamente el estado de salud de la batería antes de comprar un eléctrico usado. Herramientas de diagnóstico específicas y revisiones especializadas empiezan a convertirse en elementos casi imprescindibles en este mercado.

Los neumáticos y el seguro también pesan más

Contratar un seguro también puede salir algo más caro.

Otro de los factores menos conocidos tiene que ver con el desgaste de neumáticos. El mayor peso de muchos eléctricos y su elevado par instantáneo provocan un desgaste más rápido respecto a numerosos modelos de combustión aunque eso tampoco está del todo demostrado porque los compuestos que emplean muchos fabricantes de ruedas ya tienen en cuenta dicha variable. Puede parecer un detalle menor, pero acaba teniendo impacto directo sobre el coste de uso a medio plazo.

El seguro también representa una diferencia importante. Diversos estudios sitúan las pólizas de eléctricos claramente por encima de las de modelos equivalentes de gasolina, principalmente debido al mayor coste de reparación y al precio de determinados componentes.

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El mercado del coche eléctrico atraviesa un cambio de ciclo en el que las ventas de modelos usados ganan protagonismo.

Según Insurify, asegurar un eléctrico puede costar de media más de 4.000 dólares anuales frente a unos 2.700 dólares en vehículos de combustión comparables, mientras que en España, los datos ofrecidos por infotaller hablan de entre 10% y un 13% más que uno de gasolina equivalente, pasando de unos 600 a 1.150 euros en los de combustión a unos 700 y 1.300 euros en los cero emisiones. Aunque esas cifras varían mucho según mercado, conductor y modelo, reflejan una tendencia que todavía preocupa a aseguradoras y talleres.

El coche eléctrico usado entra en una nueva etapa

Pese a todo, el mercado de eléctricos usados está entrando en una fase mucho más madura. Hace apenas unos años existían enormes dudas sobre la durabilidad real de las baterías, el mantenimiento o la fiabilidad a largo plazo. Hoy, gran parte de esas incertidumbres empiezan a disiparse.

La caída de precios está convirtiendo a muchos eléctricos de ocasión en alternativas muy atractivas para acceder por primera vez a la movilidad eléctrica. Especialmente en usos urbanos o cotidianos, donde autonomías moderadas siguen siendo perfectamente válidas.

El verdadero desafío ahora pasa por mejorar la reparabilidad, reducir el coste de los seguros y desarrollar una red de talleres mucho más preparada para trabajar con vehículos eléctricos.Porque el coche eléctrico usado ya no es una rareza. Empieza a convertirse en el verdadero punto de entrada masivo hacia la electrificación para miles de conductores. Y precisamente por eso, entender sus ventajas… y también sus costes ocultos… será cada vez más importante.

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