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El aumento de los precios de la energía aviva los temores de estanflación

La producción de petróleo y gas hace que EEUU sea más resiliente a los shocks, pero aún enfrenta impactos económicos, según Wood Mackenzie

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Los precios de la gasolina fueron una de las historias de éxito más claras para los consumidores estadounidenses durante el primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump. El precio minorista de la gasolina regular convencional promediaba alrededor de 3,01 dólares por galón el día de la investidura presidencial en enero de 2025, y un año después había caído un 10%, hasta unos 2,70 dólares por galón.

El conflicto en Oriente Medio ha vuelto a impulsar al alza los precios de la gasolina. La gasolina regular promedió unos 3,98 dólares por galón el pasado jueves, según la Asociación Automovilística de Estados Unidos. Eso sigue siendo significativamente inferior a su máximo histórico de alrededor de 5 dólares por galón, alcanzado durante la administración Biden en junio de 2022. Pero es aproximadamente un 33% superior a su nivel de hace solo un mes.

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El diésel, por su parte, promedió unos 5,38 dólares por galón a comienzos de la semana, según la Administración de Información Energética de EEUU (EIA). Eso es solo un 7% por debajo de su máximo histórico, también alcanzado en junio de 2022.

Un problema político y económico

Los precios del combustible se están convirtiendo tanto en un problema político para la administración Trump como en un posible problema económico para EEUU, según Wood Mackenzie.

Si el tráfico a través del estrecho de Ormuz sigue tan gravemente interrumpido como lo está hoy, la presión al alza sobre los precios del crudo y de los productos petrolíferos seguirá creciendo. Esta semana, las preguntas sobre el posible impacto de unos costes de combustible más altos en la economía estadounidense y mundial han cobrado protagonismo.

El presidente Trump sostiene que la fortaleza de EEUU como productor de petróleo y gas lo protegerá de las consecuencias adversas de unos precios energéticos más altos.

“Lo increíble es que no necesitamos el estrecho de Ormuz”, dijo hace unos días. “Tenemos tanto petróleo que nuestro país no se ve afectado por esto”.

Scott Bessent, secretario del Tesoro, reconoció que habría cierta presión sobre los consumidores estadounidenses, pero sugirió que el coste merece la pena a cambio de seguridad a largo plazo.

“Muchas personas, especialmente los demócratas, subestiman la disposición del pueblo estadounidense a tolerar volatilidad a corto plazo a cambio de 50 años de seguridad que vamos a tener al otro lado de esto”, afirmó. “Creo que los precios de la energía serán más bajos, la inflación será más baja”.

Presiones inflacionarias

Sin embargo, ya hay señales de que las presiones inflacionarias están aumentando como resultado de los mayores precios del petróleo. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos previó que la inflación general en EEUU será del 4,2% en 2026. Su previsión anterior, de diciembre pasado, era del 3%.

Los tipos hipotecarios a 30 años en EEUU han ido en aumento, alcanzando su nivel más alto desde el pasado octubre. La especulación de que la Reserva Federal podría empezar a subir los tipos de interés nuevamente ha sido una de las razones.

Austan Goolsbee, presidente del Banco de la Reserva Federal de Chicago, dijo en una entrevista televisiva la semana pasada que los tipos de interés podrían volver a bajar varias veces este año “si la inflación se comporta”. Pero añadió: “Puedo imaginar circunstancias en las que tendríamos que subir los tipos si la situación fuera diferente y la inflación se descontrolara”.

Al tiempo, el presidente Trump fijó una nueva fecha límite del 6 de abril para que Irán reabra el estrecho de Ormuz, amenazando con destruir las centrales eléctricas del país si no cumple. Si la amenaza sobre el estrecho se elimina, los precios del petróleo podrían caer rápidamente. Si permanece cerrado, es bastante posible que los precios suban hasta 150 dólares por barril o más.

Según informes, la administración Trump ha estado evaluando las implicaciones de que el petróleo alcance los 200 dólares por barril. El presidente dijo esta semana que esperaba que el precio del petróleo subiera más bruscamente como resultado de la guerra. El crudo Brent cotizaba alrededor de 111 dólares por barril el viernes por la mañana. Pero parece que el equipo del presidente se ha estado preparando para la posibilidad de que la inesperada calma en el mercado petrolero resulte ser solo temporal.

La visión de Wood Mackenzie

Según los analistas de Wood Mackenzie, el presidente Trump tiene razón al afirmar que la fortaleza de EEUU como productor energético lo protege de muchas de las consecuencias económicas adversas del shock de precios de materias primas causado por el cierre del estrecho de Ormuz.

Mientras que los precios del gas natural han aumentado en Europa, se han mantenido tranquilos en EEUU. Los futuros del gas TTF europeo para el mes próximo se han negociado esta semana en el equivalente a unos 18 dólares por MMBtu. Los futuros equivalentes del gas Henry Hub en EEUU cotizaban el viernes por la mañana en torno a 3,05 dólares/MMBtu.

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Dado que las plantas de exportación de GNL de EEUU ya operaban cerca de su capacidad máxima, la fuerte demanda de suministros adicionales de gas para reemplazar los envíos suspendidos desde Catar no se ha traducido en una demanda adicional en EEUU.

En el caso de los productos petrolíferos, donde EEUU está plenamente integrado en los mercados mundiales, los precios globales más altos se traducen en precios más altos para los consumidores estadounidenses.

Como exportador neto de petróleo, EEUU no tiene que aumentar sus pagos a otros países cuando suben los precios. Sin embargo, eso no significa que pueda permitirse ser completamente indiferente al nivel de los precios del petróleo.

La temida estanflación

Un precio del petróleo más alto implica una transferencia desde los consumidores estadounidenses —que conducen, vuelan o compran bienes transportados— hacia quienes trabajan o invierten en la industria petrolera. Esa transferencia será políticamente impopular para el gobierno y puede generar problemas económicos al combinar mayor inflación con un crecimiento más lento: la temida “estanflación”.

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“Los altos precios del petróleo, al trasladarse a los consumidores estadounidenses, afectarán significativamente al consumo”, afirma Peter Martin, jefe de economía de Wood Mackenzie. “El mercado laboral estadounidense ya mostraba signos de debilidad, y el crecimiento económico se desaceleró en el cuarto trimestre del año pasado. Lo último que necesita la economía es que los consumidores estén aún más presionados”.

Subir los tipos de interés puede no ser necesariamente la respuesta política adecuada a las presiones inflacionarias derivadas del aumento de los costes del combustible. «Unos tipos más altos no harán que fluya más petróleo a través del estrecho de Ormuz», señala Martin.

Mientras las expectativas de inflación no se consoliden, es posible que el shock de precios sea transitorio. Una desaceleración del crecimiento generará presiones a la baja que compensen la inflación.

Una recesión global a evitar

Pero un precio del petróleo más alto seguirá poniendo bajo presión a la economía estadounidense, especialmente si el crudo se mantiene en torno a los 125 dólares por barril, nivel que los analistas de Wood Mackenzie consideran que podría provocar una recesión global.

También podría tener un impacto político significativo. Los precios de la gasolina ofrecen un veredicto muy visible sobre el éxito de la estrategia del gobierno. Con las elecciones de mitad de mandato en noviembre a solo siete meses, su importancia será cada vez mayor para los políticos.

Un precio del crudo de 200 dólares por barril implicaría un precio medio minorista de la gasolina en EEUU de unos 5,50 dólares por galón, según Edgar Manzano, de Wood Mackenzie. Ese nivel marcaría un nuevo máximo histórico y podría provocar una fuerte reacción de los votantes en las urnas.

Ese es un escenario que el presidente Trump y los republicanos en el Congreso querrán evitar.

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