El fuerte crecimiento de la demanda eléctrica en Estados Unidos, el mayor en más de dos décadas, está impulsando una ola histórica de inversiones. Según análisis presentados por Anna Shpitsberg de Wood Mackenzie, el país atraerá billones de dólares para ampliar su capacidad de generación, aunque persisten dudas sobre cuánto de ese impulso responde a oportunidades reales y cuánto a un aumento de costes que terminarán pagando los consumidores.
Inversión récord en energía en EEUU: entre la oportunidad y el encarecimiento
Persisten dudas sobre cuánto de ese impulso inversor responde a oportunidades reales y cuánto a un aumento de costes que terminarán pagando los consumidores

Fuerte crecimiento de la demanda
La demanda eléctrica en Norteamérica crecerá un 2,8% anual durante la próxima década, impulsada principalmente por el auge de los centros de datos ligados a la inteligencia artificial. A medio plazo, los vehículos eléctricos también jugarán un papel clave. Para cubrir esta expansión, se prevé una inversión de 1,45 billones de dólares en generación hasta 2035.

Aunque los anuncios de nuevos proyectos superan los 500 GW, los compromisos firmes se reducen a 183 GW, lo que evidencia una brecha relevante entre oferta y demanda potencial. Además, la capacidad de respuesta del sistema dependerá de factores como la localización y los incentivos de mercado.
El gas natural gana peso
El crecimiento no solo exigirá nueva capacidad, sino también sustituir plantas que se retiran. En este contexto, el gas natural ganará peso —con cerca de un 25% de la inversión—, aunque renovables y almacenamiento seguirán siendo esenciales para sostener el sistema.
Uno de los principales cuellos de botella está en las cadenas de suministro: escasez de transformadores, largos plazos de entrega y encarecimiento de equipos ralentizan el despliegue. A ello se suman aranceles y tensiones geopolíticas, que elevan aún más los costes.
Como resultado, Estados Unidos se ha convertido en uno de los mercados más caros para construir infraestructuras eléctricas. Los precios de tecnologías clave, como plantas de gas o sistemas solares, superan ampliamente a los de Europa o China. Este encarecimiento ya se traslada al consumidor: la electricidad subió un 6,9% el último año y numerosas utilities han anunciado nuevas alzas.

Pese a este escenario, la innovación tecnológica ofrece cierto alivio. Las mejoras en eficiencia y economías de escala podrían reducir costes a largo plazo, siempre que se mantenga el ritmo de despliegue y se contengan los costes indirectos.
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