Política energética

La salida del carbón en Alemania sigue en marcha pese a la crisis energética

La participación del carbón en la producción eléctrica cayó del 23,3% en 2020 al 20,4% en 2025, mientras que las renovables aumentaron su cuota del 44% a más del 57%

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Cinco años después de aprobar la ley que fija el fin de la generación eléctrica con carbón en Alemania como máximo para 2038, el país mantiene oficialmente su calendario de eliminación progresiva, aunque enfrenta nuevos desafíos derivados de crisis energéticas, tensiones geopolíticas y retrasos en la construcción de capacidad energética alternativa. A pesar de estos obstáculos, la transición energética alemana sigue avanzando y el carbón pierde peso de forma constante dentro del sistema eléctrico.

Desde la aprobación del acuerdo para abandonar el carbón, Alemania ha atravesado acontecimientos que han transformado profundamente su política energética: la pandemia de COVID-19, la invasión rusa de Ucrania y la crisis energética asociada, el cierre definitivo de sus centrales nucleares en 2023, cambios de gobierno y nuevas tensiones internacionales como el conflicto con Irán. Todo ello ha puesto a prueba la estabilidad del plan energético, pero no ha modificado oficialmente la fecha límite de salida del carbón.

En agosto de 2026 el gobierno alemán prevé publicar un primer informe oficial para evaluar el impacto de la eliminación del carbón sobre la seguridad energética, el precio de la electricidad, las emisiones de gases de efecto invernadero y las regiones mineras afectadas. Este documento será especialmente relevante porque anteriores evaluaciones fueron canceladas debido a la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania y la caída del anterior gobierno.

Aunque en el momento de aprobarse la ley muchos grupos ecologistas criticaron que 2038 era una fecha demasiado tardía, el proceso de cierre de centrales se ha acelerado más de lo esperado. La participación del carbón en la producción eléctrica alemana cayó del 23,3 % en 2020 al 20,4 % en 2025, mientras que las energías renovables aumentaron su cuota desde aproximadamente el 44 % hasta más del 57 %. Además, Alemania retiró más de 14 gigavatios de capacidad de generación con carbón antes de finales de 2025, equivalente a cerca de un tercio del total existente cuando se pactó la salida del carbón.

Uno de los aspectos más destacados es que el cierre de las últimas centrales nucleares no provocó un aumento del uso del carbón, como muchos temían. La rápida expansión de la energía eólica y solar permitió compensar la pérdida de capacidad nuclear. Sin embargo, Alemania continúa siendo el mayor consumidor de carbón de Europa, aunque dispone de mucha menos capacidad que hace una década: a finales de 2025 quedaban unos 15 GW de carbón duro y lignito, frente a cerca de 50 GW en 2010.

El mercado adelanta el calendario

La Agencia Federal de Redes alemana (BNetzA) dejó de realizar subastas para incentivar cierres voluntarios de centrales y ahora planea ordenar directamente el cierre de las plantas más antiguas sin compensación económica. El objetivo es retirar hasta 5,5 GW adicionales antes de finales de 2028. No obstante, existe cierta incertidumbre porque algunas plantas pueden mantenerse operativas si son consideradas estratégicas para la estabilidad de la red eléctrica.

Más allá de la política, las propias condiciones económicas están acelerando el abandono del carbón. Las energías renovables generan electricidad a costes muy inferiores. Según datos de la empresa energética EnBW, producir electricidad con energía eólica terrestre cuesta entre 4 y 9 céntimos por kilovatio-hora, mientras que la solar cuesta entre 4 y 14 céntimos. En comparación, la electricidad generada con carbón duro puede costar entre 17 y 29 céntimos, y la de lignito entre 15 y 26 céntimos, a lo que se suma el coste adicional de los derechos de emisión de CO₂ dentro del Sistema Europeo de Comercio de Emisiones (ETS). Esto hace que muchas centrales de carbón sean económicamente inviables.

Por ello, algunos expertos creen que el mercado podría adelantar el cierre total del carbón a 2030 o 2031, mucho antes del límite legal de 2038. Hauke Hermann, investigador del Öko-Institut y participante en las negociaciones originales del acuerdo del carbón, sostiene que la combinación de altos precios del carbono y costes decrecientes de las renovables está expulsando al carbón del mercado de manera natural.

El carbón alemán promovido como solución a la crisis energética

Sin embargo, las tensiones internacionales han reabierto el debate sobre la seguridad energética. El aumento de los precios del gas tras el conflicto con Irán llevó al canciller Friedrich Merz a advertir que los cierres de centrales de carbón podrían ralentizarse si se produjera una auténtica escasez energética. La ley alemana ya contempla mecanismos que permiten reactivar temporalmente centrales retiradas en situaciones de emergencia, algo que ya ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania.

Merz dice que Alemania podría tener que ralentizar el cierre de centrales de carbón
El canciller alemán afirmó que el país debe garantizar el suministro de energía de base a corto plazo con nuevas centrales de gas o manteniendo las centrales de carbón durante más tiempo.

Algunas empresas y sectores industriales han aprovechado esta situación para defender un papel más amplio del carbón. La empresa Steag Iqony argumenta que el carbón nacional puede servir como protección frente a los altos precios del gas, mientras que la asociación industrial VIK considera cuestionable utilizar gas para producir electricidad cuando aún existen centrales de carbón operativas. La compañía Leag incluso propuso excluir temporalmente las centrales de lignito del sistema europeo de comercio de emisiones para mejorar su competitividad.

Pese a estas presiones, el gobierno alemán no ha planteado oficialmente abandonar la eliminación del carbón. No obstante, Merz ha insistido en que la política climática no debe perjudicar la competitividad económica. Desde el Partido Socialdemócrata (SPD), socio de coalición de los conservadores, se ha advertido que flexibilizar las reglas para el carbón podría crear nuevas dependencias de combustibles fósiles y frenar la transición energética.

Además de los debates políticos, existen importantes obstáculos legales y económicos para modificar el acuerdo original. Alemania ya aprobó más de 4.000 millones de euros en compensaciones para los operadores de centrales y 40.000 millones en ayudas estructurales para las regiones mineras, por lo que cualquier cambio significativo podría generar conflictos con las normas europeas de competencia.

La eliminación del carbón en 2030 sigue siendo posible, dicen los operadores

Curiosamente, algunos de los principales operadores energéticos se muestran contrarios a ampliar nuevamente la dependencia del carbón. El director ejecutivo de Uniper, Michael Lewis, afirmó que prolongar el uso del carbón dañaría la confianza de los inversores y enviaría señales equivocadas al mercado. Markus Krebber, consejero delegado de RWE, también reiteró que el objetivo de abandonar el carbón en Renania del Norte-Westfalia para 2030 sigue siendo alcanzable.

El principal reto para cumplir ese objetivo es la construcción de capacidad de respaldo. Alemania prevé instalar unos 12 GW de nuevas centrales de gas para sustituir parte de la capacidad de carbón retirada, pero las subastas necesarias para construirlas acumulan retrasos. Las autoridades estiman que estas plantas tardarán aproximadamente cinco años en entrar en funcionamiento desde la adjudicación de contratos.

Sin embargo, grupos ecologistas y expertos energéticos consideran que Alemania podría reducir su necesidad de nuevas centrales de gas mediante soluciones alternativas como baterías, almacenamiento energético y sistemas flexibles de estabilidad de red. Hauke Hermann sostiene que no es necesario reemplazar cada gigavatio de carbón con un gigavatio equivalente de gas y mantiene el optimismo respecto a una salida completa del carbón en 2030 en el oeste del país.

La situación es más compleja en el este de Alemania, especialmente en las regiones mineras de Lusacia, compartidas entre Sajonia y Brandeburgo. Estas regiones dependen más económicamente de la minería y muestran mayor resistencia a acelerar el calendario de cierre. No obstante, incluso allí se reconoce cada vez más que la evolución del mercado, el aumento del precio del carbono y la expansión de las renovables probablemente harán inevitable una salida más rápida del carbón.

Las ayudas públicas destinadas a infraestructuras, empleo, transporte y desarrollo tecnológico buscan precisamente transformar estas regiones en nuevos polos industriales y energéticos, evitando que queden rezagadas tras el fin de la minería. En definitiva, aunque el gobierno alemán no impulse activamente un adelanto oficial de la fecha de salida, las dinámicas económicas y tecnológicas continúan acelerando el declive del carbón en Alemania.

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