Petróleo & Gas

Repsol comenzará a producir petróleo en Alaska en los próximos días

La primera fase de Pikka contempla alcanzar una producción de 80.000 barriles diarios de petróleo

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Repsol comenzará a producir petróleo en Alaska en los próximos días a través del proyecto Pikka, una de las mayores apuestas estratégicas de la compañía en el negocio de exploración y producción y uno de los desarrollos petroleros más ambiciosos que entrarán en funcionamiento en Estados Unidos en los próximos años. Así lo confirmó el consejero delegado del grupo, Josu Jon Imaz, durante la junta general de accionistas de 2026.

El proyecto, ubicado en la región de North Slope, en Alaska, se ha convertido en un símbolo del renovado interés de Estados Unidos por reforzar su seguridad energética y frenar el declive de producción de uno de los estados históricamente ligados a la industria del crudo. La relevancia estratégica del yacimiento quedó reflejada incluso en una reunión organizada por la Casa Blanca entre grandes compañías del sector energético y el presidente estadounidense, Donald Trump, en la que Imaz citó directamente el desarrollo de Pikka como ejemplo de inversión energética en suelo norteamericano.

El yacimiento se encuentra dentro de la Reserva Nacional de Petróleo de Alaska, a unos 80 kilómetros de Deadhorse y próximo a la localidad de Nuiqsut, sobre la formación geológica Nanushuk, considerada uno de los mayores descubrimientos de hidrocarburos convencionales realizados en Estados Unidos en las últimas tres décadas. Repsol lleva más de diez años trabajando en esta área y, desde 2011, ha perforado 16 pozos de exploración y evaluación que han permitido identificar recursos brutos superiores a los mil millones de barriles de petróleo.

Inversión

Tras varios años de estudios técnicos, tramitaciones regulatorias y trabajos preparatorios, el consejo de administración de Repsol aprobó la decisión final de inversión para la primera fase del proyecto, desbloqueando una inversión conjunta de 2.600 millones de dólares junto a la compañía australiana Santos, operador y socio mayoritario del desarrollo. Repsol posee el 49% del capital, mientras que Santos controla el 51%, lo que supone una aportación cercana a los 1.300 millones de dólares para cada empresa. El desembolso total previsto para el desarrollo completo podría superar los 3.000 millones de dólares.

La primera fase de Pikka contempla alcanzar una producción de 80.000 barriles diarios de petróleo. En un contexto internacional marcado por una menor inversión en exploración y producción durante los últimos años, esta nueva capacidad productiva está llamada a contribuir al abastecimiento energético estadounidense y aliviar la presión sobre los mercados internacionales del crudo. En ese sentido, Imaz aseguró recientemente que el proyecto “va a revertir la historia declinante” de Alaska, cuya economía mantiene una fuerte dependencia de los ingresos procedentes de la actividad petrolera.

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Repsol también subraya el perfil ambiental del proyecto, diseñado con una intensidad de carbono entre las más bajas de toda su cartera de exploración y producción. Para ello, las operaciones sustituirán el diésel por gas natural de combustión más limpia, incorporarán sistemas de recuperación de calor en las turbinas de generación eléctrica y aplicarán medidas orientadas a reducir las emisiones y eliminar el venteo rutinario de gas. La estrategia se enmarca en el compromiso corporativo de la compañía española de alcanzar las cero emisiones netas en 2050, objetivo que convirtió a Repsol en una de las primeras grandes petroleras en asumir públicamente esta meta.

Eficiencia operativa

Desde el punto de vista técnico, Pikka ha sido concebido mediante un modelo de desarrollo por etapas y con un enfoque centrado en la eficiencia operativa y la reducción del impacto ambiental. La fase inicial incluye la perforación de 45 pozos desde una única plataforma, una solución que permite minimizar la ocupación del terreno y optimizar las infraestructuras. El proyecto incorpora además una planta de producción, un centro operativo, instalaciones de tratamiento de agua de mar y sistemas de transporte conectados con infraestructuras ya existentes en la cuenca de North Slope.

El impacto económico y social constituye otro de los pilares del proyecto. Durante la construcción se prevé la creación de miles de puestos de trabajo y, una vez iniciada la producción, el yacimiento mantendrá varios centenares de empleos estables, con un importante peso de la contratación local. Además, las comunidades del North Slope participan en programas de desarrollo comunitario, inversión social y actividades económicas vinculadas al proyecto.

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