El presidente de Repsol, Antonio Brufau, lanzó este jueves una dura crítica contra la política energética y climática de la Unión Europea durante la junta general de accionistas de 2026 de la compañía, al considerar que Bruselas ha impulsado una estrategia “focalizada exclusivamente en la descarbonización” y basada más en “la ideología” que en la competitividad industrial, la seguridad energética y la autonomía estratégica del continente.
Brufau advirtió de que Europa atraviesa un momento de “auténtica incertidumbre” en un contexto internacional marcado por la pugna entre Estados Unidos y China por el liderazgo tecnológico, industrial y energético mundial. Según afirmó, esa rivalidad está redefiniendo el orden global y dejando a Europa en una posición de debilidad por no haber desarrollado una estrategia propia capaz de garantizar el suministro energético, la competitividad industrial y el acceso a materias primas críticas.
“El Green Deal condicionó mucho las políticas europeas, focalizadas exclusivamente en la descarbonización de la economía, olvidándose precisamente de impulsar la industria y la economía europea”, señaló el directivo ante los accionistas. En su intervención, sostuvo que la política energética europea ha provocado una pérdida progresiva de peso económico e industrial del continente, cuyo PIB mundial ha pasado, según indicó, del 22% al 17,5%.
Transición energética desde el pragmatismo
Asimismo, Brufau defendió además la neutralidad tecnológica y cuestionó que el regulador europeo priorice únicamente la electrificación. “¿Por qué el regulador no empieza a pensar que todas las energías son necesarias y no sólo una?”, se preguntó el presidente de Repsol, en alusión a la apuesta comunitaria por la electricidad como eje principal de la transición energética.
El directivo insistió en que la transición debe realizarse desde el pragmatismo y no mediante prohibiciones. En este sentido, contrapuso el modelo europeo al estadounidense, al asegurar que Estados Unidos “incentiva y no prohíbe” y permite que empresas y ciudadanos decidan cuál es la mejor estrategia para reducir emisiones. A su juicio, esa política está permitiendo a la economía norteamericana avanzar simultáneamente en la reducción de emisiones y en el fortalecimiento de su liderazgo industrial y tecnológico.
Brufau recalcó además que, a día de hoy, no es posible prescindir de los combustibles fósiles y sus derivados, presentes, según señaló, en todos los ámbitos de la economía y de la vida cotidiana, desde el transporte hasta la agricultura o la sanidad. En materia energética, defendió que la realidad mundial sigue dependiendo mayoritariamente del petróleo, el gas y el carbón. Según explicó, el 81% de la matriz energética global continúa sustentándose en combustibles fósiles, una cifra apenas inferior al 85% registrado en 1980, pese al fuerte crecimiento de las energías renovables. Por ello, consideró irreal plantear una sustitución inmediata sin comprometer la estabilidad económica y el suministro energético.
El presidente de Repsol cuestionó además algunas contradicciones de la política energética europea. Criticó que la Unión Europea no permita la exploración de hidrocarburos mediante técnicas como el ‘fracking’ en su territorio y, al mismo tiempo, dependa crecientemente del gas importado desde Estados Unidos, obtenido precisamente a través de ese procedimiento. En esta misma línea, puso en duda que Europa limite la financiación de proyectos de petróleo y gas “cuando en todo el mundo se financian”. “Esto es ideología pura”, concluyó.
Dependencia de los combustibles fósiles
Brufau cuestionó asimismo la efectividad global de las políticas climáticas europeas, al considerar que el peso de Europa en las emisiones mundiales es ya “irrelevante”. Según expuso, las emisiones europeas representan alrededor del 6% del total mundial, frente al crecimiento continuado de China, que ya concentra cerca del 30%. “Difícilmente uno se puede erigir en adalid de algo cuando tiene tan poco peso”, afirmó.
El directivo también criticó la dependencia energética y tecnológica acumulada por Europa durante las últimas décadas. Recordó que el continente construyó parte de su modelo económico sobre energía barata procedente de Rusia, industria fabricada en China y seguridad garantizada por Estados Unidos, tres pilares que, a su juicio, han quedado en cuestión tras la guerra de Ucrania, la pandemia y el nuevo escenario geopolítico.
Brufau alertó además del impacto de los costes energéticos sobre la competitividad empresarial europea. Según afirmó, las empresas del continente soportan precios energéticos hasta 2,5 veces superiores a los de China, lo que dificulta la recuperación industrial y aumenta la dependencia exterior. También lamentó la escasa capacidad europea en materias primas críticas y financiación tecnológica.
También, en el actual contexto internacional marcado por el conflicto en Oriente Próximo, el presidente de Repsol puso en valor el sistema de refino español, que calificó de “modélico”. En el caso de la energética, destacó las inversiones realizadas por la compañía, superiores a 15.000 millones de euros en los últimos años, para modernizar sus instalaciones y garantizar “los mejores sistemas” con capacidad para producir los productos energéticos que necesita España.
Durante su intervención, el presidente de Repsol insistió en que Europa necesita priorizar la “seguridad energética”, la “autosuficiencia” y la “autonomía estratégica” en un contexto internacional cada vez más fragmentado. En su opinión, el debilitamiento del multilateralismo y el avance de la “desglobalización” obligan a la Unión Europea a redefinir sus prioridades si quiere mantener relevancia económica e industrial frente a Estados Unidos y China.
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