El próximo 28 de abril se cumple un año del apagón que afectó al sistema eléctrico en España y Portugal, un episodio que puso a prueba su capacidad de respuesta en un contexto de cambio acelerado.
Desde entonces, los análisis publicados por ENTSO-e y, más recientemente, por la CNMC (marzo de 2026), han permitido comprender mejor lo ocurrido y, sobre todo, extraer algunas lecciones relevantes.
Lejos de responder a una única causa, el incidente reflejó la creciente complejidad de un sistema eléctrico en plena transición, donde conviven nuevas formas de generación con estructuras diseñadas para un modelo distinto.
Retos
La integración progresiva de energías renovables plantea nuevos retos operativos. No se trata solo de aumentar la capacidad de generación limpia, sino de asegurar su integración en condiciones de estabilidad, mediante una coordinación eficaz entre generación, red y demanda.
En este contexto, la capacidad de gestionar la energía en el tiempo —almacenando excedentes y liberándolos cuando es necesario— adquiere un papel cada vez más relevante para garantizar la continuidad del suministro y la estabilidad del sistema.
A ello se suma el papel de la generación distribuida. La producción de energía cerca de los puntos de consumo puede contribuir a reducir pérdidas y a mejorar la flexibilidad del sistema, siempre que se integre adecuadamente en la red y en los mecanismos de gestión existentes.
En conjunto, estas dinámicas apuntan a una misma dirección: la transición energética no solo implica cambiar cómo generamos electricidad, sino también cómo la gestionamos. Reforzar la resiliencia del sistema requerirá inversión, innovación tecnológica y una mayor coordinación entre todos los actores implicados.
Desde Holaluz entendemos este proceso como una oportunidad para avanzar hacia un modelo energético más eficiente, basado en la combinación de generación renovable, digitalización y una gestión más activa de la demanda, siempre con un enfoque responsable y orientado a la estabilidad del sistema.
Porque avanzar en la transición energética implica hacerlo con rigor, equilibrio y visión de largo plazo.
Alba Fernández es directora de asuntos regulatorios en Holaluz






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