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Argelia, uno de los grandes beneficiados por la inestabilidad geopolítica

La invasión de Ucrania en 2022 y la actual guerra en Irán han posicionado a Argelia como un proveedor clave para el continente europeo, garantizando un suministro alejado de las zonas de conflicto a través de infraestructuras seguras

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El mapa estratégico del mercado energético está experimentando una reconfiguración sin precedentes. Los conflictos bélicos derivados de la invasión de Ucrania o la guerra en Irán han provocado una crisis de suministro a nivel global, obligando a las potencias occidentales a considerar nuevas alianzas comerciales. En este escenario de incertidumbre, Argelia emerge como un actor clave, actuando como un respiro para las economías europeas.

La combinación de su proximidad geográfica, la magnitud de sus reservas de hidrocarburos y la seguridad que ofrecen sus gasoductos hacen de Argelia un jugador de suma importancia en el tablero de juego actual. Este análisis examina cómo el país norteafricano está aprovechando la adversidad internacional para consolidar su posición estratégica en la región, y de paso equilibrar sus finanzas públicas.

Los conflictos que han dado forma al nuevo orden mundial: de la invasión de Ucrania a la guerra en Irán

El ascenso de Argelia como socio estratégico de Europa se gestó en dos fases bien marcadas por conflictos bélicos. El primer periodo de volatilidad se produjo en febrero de 2022 con la invasión rusa de Ucrania, cuestión que forzó a la Unión Europea a desvincularse del gas de Moscú y buscar alternativas factibles en el norte de África. Gracias a este hecho, Argelia se convirtió en el tercer mayor proveedor de gas de la UE, solo por detrás de Noruega y Estados Unidos.

El segundo conflicto se materializó en la primavera de 2026, a raíz de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Los continuos ataques han dañado la infraestructura energética en los países del Golfo, destacando el bombardeo iraní sobre Ras Laffan (Qatar), el mayor centro de gas natural licuado (GNL) del mundo, lo que ha supuesto una caída del 17% en su capacidad de exportación. A esto se suma la paralización del tráfico de petroleros en el Estrecho de Ormuz. Todo esto ha hecho que las miradas se enfoquen en alternativas más seguras, y ahí entra Argelia, cuyos envíos por gasoducto están fuera del alcance de los misiles y drones que amenazan las rutas marítimas.

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El posicionamiento de Argelia está respaldado por los datos de mercado. Tras los ataques en el Golfo Pérsico, los precios del gas en Europa experimentaron un repunte del 35%, mientras que el crudo Brent superó la barrera de los 120 dólares por barril. Esta situación de precios altos representa una ganancia económica sin precedentes para Argelia, cuyos presupuestos estatales dependen en gran medida del petróleo, permitiéndole reducir un déficit presupuestario de en torno a los 70.000 millones de dólares para 2026.

En cuanto a volumen negociado, Argelia suministró a la UE alrededor de 40.000 millones de metros cúbicos (bcm) de gas en 2025, cubriendo aproximadamente el 14% del total de las importaciones europeas. Y aquí España merece ser mencionada, ya que Argelia es nuestro proveedor clave de energía fósil. En 2024, el 38,5% de las importaciones de gas natural de España provinieron de Argelia, alcanzando los 131.202 GWh (105.891 GWh a través del gasoducto Medgaz y 25.311 GWh en forma de GNL).

La capacidad del gasoducto Medgaz se ha ampliado hasta los 10.000 millones de metros cúbicos, y en la actualidad opera casi a su máxima capacidad. Ante la inestabilidad en los mercados, el Gobierno español quiere asegurar suministro, negociando un incremento de los envíos de hasta el 10%.

El plan definitivo: Sonatrach a por todas con su nueva subasta internacional

La punta de lanza operativa en Argelia es Sonatrach, empresa energética estatal, junto con ALNAFT, la Agencia Nacional para la Valorización de los Recursos de Hidrocarburos. Para aprovechar la tesitura actual, Sonatrach ha publicado un plan de inversión de 60.000 millones de dólares (2026-2030) que contempla la explotación de 1.450 pozos. Además, el pasado 19 de abril de 2026 se lanzó la Algeria Bid Round 2026, una subasta internacional de concesiones sobre siete bloques de extracción petrolífera.

Entre las Oil Majors internacionales atraídas por este ecosistema nos encontramos a ExxonMobil y Chevron, las cuales se encuentran en fases avanzadas de negociación para explotar recursos de gas no convencional (shale gas) mediante fracking. El Golfo también mira hacia Argelia, con la compañía saudí Midad Energy firmando un acuerdo de exploración y producción valorado en 5.400 millones de dólares.

A nivel de país, líderes como la italiana Giorgia Meloni y nuestro ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, han visitado recientemente Argel para asegurar la cooperación bilateral y mantener flujos constantes ante la ausencia del GNL qatarí.

Meloni busca en Argelia blindar el suministro energético ante la crisis en el Golfo
Estos acuerdos abarcan el aumento del suministro de gas, el desarrollo de energías renovables y proyectos de hidrógeno verde, así como la construcción de nuevas infraestructuras energéticas.

Asignaturas pendientes para Argelia: subsidios, límites operativos e inestabilidad política

A pesar del momento dulce que está viviendo el sector del petróleo y el gas en el país, Argelia no está libre de riesgos geopolíticos y limitaciones técnicas. Lo más importante, la capacidad instalada del país tiene un techo. Argelia produce unos 100 bcm anuales, cifra insuficiente para sustituir los 200 bcm de Qatar en el corto plazo sin inversiones cuantiosas.

El mayor de los peligros internos es el consumo doméstico, que aumenta a un ritmo del 6% anual y ya absorbe el 55% de la producción total, alimentado por subvenciones estatales que están costando unos 4.000 millones de dólares al año. Además, la infraestructura tiene ciertos problemas operativos difíciles de solucionar. La quema de gas residual (flaring) supuso en 2023 la pérdida de 8 bcm, un 8% de su producción.

A nivel geopolítico, Argelia está “entre dos mundos”. Mientras su población mantiene una postura crítica hacia la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, el gobierno de Abdelmadjid Tebboune busca lucrarse con el repunte de precios y atraer capital estadounidense. El acercamiento a Washington es también una maniobra defensiva ante las posibles sanciones de la administración Trump por los vínculos históricos que Argel tiene con Moscú.

¿La nueva revolución del shale gas?

La proyección a medio y largo plazo de Argelia pasa, sí o sí, por su capacidad para modernizar su infraestructura y dar el salto hacia la explotación de hidrocarburos no convencionales. El país posee la tercera reserva probada de shale gas más grande del mundo. Si las reformas incluidas en la nueva ley de hidrocarburos logran catalizar el capital y la tecnología necesaria, Argelia se encamina a cumplir su meta de duplicar la producción de gas a 200.000 millones de metros cúbicos para 2030.

De estabilizar su demanda interna y atajar los problemas que tiene, Argelia no solo se puede beneficiar temporalmente de sus ventajas, sino que se puede afianzar como actor principal de la seguridad energética europea.

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