EEUU contra Irán: el conflicto armado que cambiará, una vez más, las reglas del tablero energético global
Los 10 días limite establecidos por Washington junto con el mayor despliegue naval por parte de Estados Unidos desde 2003, sitúan al mercado del crudo ante uno de los eventos más relevantes de su historia
El mercado del crudo esta comenzando a abandonar ligeramente el periodo de cierta estabilidad que veníamos disfrutando estos últimos meses. La posibilidad de un ataque inminente por parte de la fuerza militar estadounidense en suelo iraní ha pasado de ser un riesgo latente a consolidarse como un escenario muy posible en los próximos días. Este cambio de actitud en los mercados internacionales sucede porque, en caso de conflicto, la arquitectura de suministro actual por parte de Oriente Medio hacia el exterior podría verse especialmente afectada. Las consecuencias para el sistema energético y económico global serán devastadoras en caso de materialización del conflicto.
Los principales indicadores de futuros del crudo ya reflejan este estado de alarma. La cotización del barril de Brent ha sobrepasado la resistencia de los 70$ el barril, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) ha superado los 66$ por barril. Ambas referencias acumulan ya un 16% de subida desde inicios de año, una escalada impulsada principalmente por el riesgo geopolítico ante la perspectiva de una disrupción masiva de la oferta.
De las conversaciones diplomáticas a la movilización militar
El epicentro de la crisis estructural nace de la falta de entendimiento en las negociaciones sobre el acuerdo nuclear que tuvieron lugar en Ginebra. La negativa a ceder en el enriquecimiento de uranio y la limitación del programa de misiles balísticos provocó que se cruzaran las líneas rojas establecidas, haciendo que Washington empezará a virar su estrategia de negociación. La política exterior estadounidense en este asunto ha pasado a la acción directa mediante una posición coercitiva basada en la presión militar. Esta presión se materializó con el ultimátum de 10 días que la administración Trump puso sobre la mesa de negociación.
La presión militar en las costas iranies se esta basando en una de las movilizaciones tácticas más imponentes realizadas por Washington hasta el momento. En cuestión de 2 días, se ha desplegado el mayor operativo aeronaval en la región desde la invasión de Irak en 2003. Esta fuerza incluye dos grupos de ataque de portaaviones —encabezados por el USS Gerald R. Ford y el USS Abraham Lincoln— respaldados por medio centenar de cazas de combate de ultima generación.
El mercado a examen. El superávit en la oferta y la capacidad ociosa
Bajo el foco de atención tenemos las tensiones geopolíticas, pero los fundamentos técnicos del mercado de crudo difieren en la narrativa respecto a estas tensiones. Algunos modelos de predicción (BloombergNEF, por ejemplo) advierten de que en 2026 habrá un superávit estimado en la oferta de 3,2 millones de barriles diarios (mb/d). Sin embargo, este colchón de seguridad resulta complicado de sostener si la infraestructura logística regional colapsa. Irán, como quinto productor de la OPEP+, aporta al mercado entre 3,3 y 4,7 mb/d (aproximadamente el 4,4% de la oferta global). Su eliminación total borraría al instante ese exceso de oferta.
Otro de los fundamentos de mercado que pueden llevar a equivoco es la capacidad ociosa de reservas petroleras. Históricamente, el mercado ha confiado en las reservas de Arabia Saudí (con una capacidad de 2-3 mb/d) o los Emiratos Árabes Unidos (4,5 mb/d) para compensar las posibles disrupciones sobrevenidas en el mercado. Sin embargo, en un escenario de guerra (tal y como se plantea en este caso), estos barriles quedarían físicamente atrapados en el Golfo Pérsico dada la posible inhabilitación del Estrecho de Ormuz como única salida a los mercados internacionales.
Fuente: Bloomberg Terminal. Grafico extraído de BloombergNEF.
El impacto en los precios, según estimaciones recientes, contempla un salto de 15$ por barril en el momento en el que salte la noticia de que se ha iniciado el conflicto armado. Un escenario en el que se plantea el ataque a infraestructuras energéticas iranies podría llegar a consolidar el precio del barril en la franja de los 80$. A esta tensión que afecta a la oferta, se le suma la reciente caída de 9 millones de barriles en los inventarios comerciales de la EIA en Estados Unidos.
Teherán, Washington y el acuerdo que nunca llega
El desacuerdo entre las dos potencias nace del conflicto de intereses e incentivos que cada actor tiene a la hora de sentarse a negociar. Para el régimen iraní, la crisis plantea una disyuntiva importante: ceder a las exigencias estadounidenses se percibe en Teherán como un riesgo de desestabilización interna mayor que el propio conflicto armado. Esta lógica empuja a Irán a priorizar el conflicto armado en lugar de llegar a un acuerdo diplomático.
En el otro extremo tenemos a Washington con un dilema puramente político-económico. El objetivo pasa por neutralizar la capacidad nuclear iraní. No obstante, el conflicto armado podría provocar un aumento significativo en el precio del crudo lo que a su vez choca de frente con el imperativo interno que la Casa Blanca tiene acerca de mantener el precio del combustible lo más bajo posible.
Sumado a los principales protagonistas, China también observa el conflicto con especial atención. Pekín absorbe actualmente en torno al 90% de las exportaciones de crudo iraní (1,5-2 mb/d), dependiendo de la estabilidad del Golfo para alimentar su crecimiento económico. La amenaza directa de la Casa Blanca de imponer un arancel del 25% a las naciones que mantengan vínculos comerciales con Teherán añade una capa adicional de tensión a la crisis geopolítica.
El Estrecho de Ormuz y el porqué de su importancia
El epicentro logístico y el mayor factor de riesgo del conflicto reside en un cuello de botella de apenas 33 kilómetros en su punto más angosto. El Estrecho de Ormuz confiere a Irán un valor añadido estratégico en las negociaciones con Washington. La geografía permite a Teherán prescindir de una flota naval convencional; el mero uso de minas marinas, lanchas de asalto, submarinos y misiles antibuque desde su costa norte bastaría para paralizar una arteria fundamental de la economía global.
Fuente: Al Jazeera.
Las cifras lo dicen todo: unos 20 millones de barriles diarios transitan por Ormuz, representando en torno al 20% del consumo petrolero global, junto con un tercio de las exportaciones mundiales de Gas Natural Licuado (GNL). Si hablamos de dinero, más de 500.000 millones de dólares anuales en comercio energético pasan por este estrecho.
La vulnerabilidad de algunos países ante un posible cierre de esta vía merece ser mencionada. Por ejemplo, Japón adquiere por esta vía el 75% de sus importaciones de crudo, mientras que India depende de este paso para el 50% de su petróleo y el 60% de su gas natural.
Las consecuencias de una disrupción trascenderían el sector energético, pasando a ser un problema macroeconómico de primer nivel que también afectaría a los países occidentales. Un aumento continuado en los precios del crudo haría que la tasa de inflación aumentará drásticamente. Esto podría afectar a la politica económica actual que tiene por objetivo reducir tipos de interés para incentivar la economía.
A medio y largo plazo, la prima de riesgo geopolítico se ha integrado de forma estructural en la cotización del barril. El mercado energético ha dejado de regirse exclusivamente por las dinámicas de oferta y demanda para quedar supeditado a la volatilidad de las decisiones militares y políticas.
Las proyecciones de precios para el cierre de 2026 dibujan una horquilla de escenarios bastante amplia. Desde un suelo de 55$ por barril si triunfa un improbable acuerdo diplomático, hasta un promedio sostenido de entre 90$-100$ en el cuarto trimestre si el flujo de petróleo con origen en el Golfo resulta bloqueado. Una disrupción persistente de esta magnitud no solo destruiría la demanda a nivel global, sino que afectaría de forma irreversible a los megaproyectos de diversificación económica de las potencias de Oriente Medio —como la Visión 2030—, forzando a estos países a asumir necesidades de endeudamiento superiores a los 300.000 millones de dólares para financiar sus déficits.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán dicta mucho de ser un acontecimiento aislado propio del mercado de crudo y gas. Una intervención militar de Washington en suelo iraní provocará una nueva disrupción económica global a todos los efectos.
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