El cierre y abandono de las minas de carbón en las comarcas de El Bierzo y Laciana (León) continúa dejando huella en el medio ambiente décadas después del fin de la actividad extractiva.
Un estudio de la Universidad de León (ULe) ha constatado la presencia de aguas ácidas, sulfatos y metales pesados en ríos, arroyos, fuentes, manantiales y pozos de ambas comarcas, una contaminación vinculada a antiguas explotaciones mineras y que, en algunos casos, compromete la calidad del agua para consumo humano.
La investigación consultada por EFE, presentada en las jornadas GeoLaciana 2026 el pasado mes de julio por David Ángel García García, analiza 92 puntos de muestreo distribuidos por una superficie de 3.450 kilómetros cuadrados entre El Bierzo y Laciana.
Los trabajos de campo se desarrollaron entre octubre de 2020 y abril de 2022 e incluyeron cuatro campañas de toma de muestras, tanto en aguas superficiales como subterráneas.
Según las conclusiones del estudio, el abandono de las explotaciones carboneras ha favorecido la aparición de lixiviados procedentes de escombreras y bocaminas que generan drenajes ácidos cargados de sulfatos y metales pesados. Estas aguas terminan alcanzando ríos y arroyos y, de forma más lenta, también algunos acuíferos.
El investigador recuerda que en la zona existían ya catalogadas más de 600 escombreras y medio centenar de puntos de lixiviado, aunque considera necesario actualizar ese inventario para conocer la situación actual.
Concentraciones elevadas de sulfatos y metales
Los resultados muestran que la afección es más evidente en las aguas superficiales, especialmente en cuencas vinculadas históricamente a la actividad minera. Entre los cursos fluviales más afectados destaca el río Tremor y algunos afluentes como el arroyo de la Silva o el Rodrigatos, donde se detectan concentraciones elevadas de sulfatos y metales.
El estudio identifica asimismo concentraciones que superan los límites establecidos para determinados elementos en la normativa de calidad del agua de consumo, entre ellos aluminio, hierro, manganeso, níquel, arsénico o plomo en puntos concretos de la red hídrica.
La investigación concluye que existe una conexión entre las aguas superficiales y subterráneas que favorece la propagación de la contaminación. Aunque los acuíferos muestran una afectación menor, los datos apuntan a que esta podría estar aumentando con el paso del tiempo.
Los análisis también revelan fenómenos de atenuación natural en algunos sectores, gracias a la dilución producida por aportes de aguas limpias o por procesos geoquímicos que reducen parcialmente la contaminación.









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