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El shale gas de Vaca Muerta vuelve a ubicarse en el centro de las expectativas energéticas mundiales

McKinsey sostiene que el yacimiento argentino podría transformarse en uno de los principales motores económicos del país y convertirse en un actor relevante en el mercado mundial de GNL

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Un informe publicado por McKinsey & Company sostiene que el yacimiento argentino podría transformarse en uno de los principales motores económicos del país y, al mismo tiempo, convertirse en un actor relevante en el mercado internacional de gas natural licuado (GNL). Pero el potencial no depende solo de la riqueza geológica: requerirá inversiones multimillonarias, coordinación política y una aceleración inédita de infraestructura y capacidad industrial.

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Argentina cerró 2025 con un récord de 861.380 barriles por día (bpd), impulsada por un shale oil que ya protagoniza el 69% de la producción nacional.

El contexto internacional juega a favor. La demanda global de gas natural licuado seguirá creciendo hacia 2050, impulsada por la necesidad de diversificar fuentes energéticas y garantizar estabilidad en la transición hacia matrices menos contaminantes. Aunque nuevos proyectos en Estados Unidos y Qatar podrían generar una sobreoferta temporal hasta 2030, los analistas prevén un déficit global de entre 135 y 220 millones de toneladas anuales de GNL a mediados de la década de 2030. En ese escenario, Argentina aparece como uno de los pocos países con recursos capaces de cubrir parte de esa brecha.

Según el estudio, el desarrollo pleno de Vaca Muerta podría aportar hasta el 5 % del PBI argentino hacia 2030, generar exportaciones anuales cercanas a los 30.000 millones de dólares y crear unos 25.000 empleos directos por año en el sector hidrocarburífero, además de miles de puestos indirectos en logística, construcción e industria. El impacto macroeconómico sería decisivo: Argentina podría volver a convertirse en exportador neto de energía después de más de una década.

El informe destaca que las recientes reformas económicas y regulatorias, sumadas a mejoras en productividad de pozos y ampliación de infraestructura, reactivaron el interés inversor. Sin embargo, advierte que la oportunidad tiene una ventana temporal limitada y que el país debe actuar rápido para competir frente a otras regiones productoras.

Un desafío enorme

La magnitud del desafío es enorme. Para aprovechar plenamente los recursos de Vaca Muerta, Argentina necesitaría invertir entre 125.000 y 170.000 millones de dólares en la próxima década. Ese desembolso abarcaría toda la cadena energética: perforación, transporte, plantas de procesamiento, infraestructura exportadora y desarrollo industrial asociado.

En el segmento upstream —exploración y producción— el objetivo sería duplicar el ritmo actual de perforaciones. Hoy se perforan alrededor de 450 pozos no convencionales por año; para 2030 deberían superarse los 900. Esto implicaría duplicar las inversiones anuales, que pasarían de unos 7.000 millones de dólares a cerca de 14.000 millones.

Vaca Muerta necesita invertir 22.000 millones de dólares y 1.000 nuevos pozos para cumplir las metas de exportación
Se necesita una gran inversión para 2032 mientras las fusiones y adquisiciones remodelan la propiedad de las cuencas.

El crecimiento también exigiría sumar equipos especializados. Argentina opera poco más de 30 equipos de perforación de alta especificación, pero necesitaría incorporar entre 15 y 25 más en los próximos cinco años. El estudio señala que existen más de 200 equipos inactivos en Norteamérica que podrían trasladarse al país junto con tecnología y know-how.

Aun así, persiste un problema clave: los costos. Perforar un pozo en Vaca Muerta cuesta entre 12 y 16 millones de dólares, alrededor de un 30 % o 40 % más que en la cuenca Permian, en Estados Unidos, considerada referencia global en shale. Reducir esa brecha será fundamental para competir en el mercado internacional de GNL.

Otro cuello de botella es la infraestructura de transporte y procesamiento. Sin nuevas obras, el aumento de producción podría quedar atrapado por falta de capacidad logística. El informe calcula que el segmento midstream demandará entre 10.000 y 21.000 millones de dólares hasta 2030.

Entre las obras prioritarias figura la construcción de nuevos gasoductos de gran escala que conecten Vaca Muerta con terminales de exportación sobre la costa atlántica. En el escenario base, se necesitaría un ducto de 450 kilómetros hacia una terminal flotante de GNL; en una proyección más ambiciosa, el trazado llegaría hasta Punta Colorada, en Río Negro, con inversiones cercanas a 5.000 millones de dólares.

Capacidad de procesamiento de líquidos

También será indispensable expandir la capacidad de procesamiento de líquidos asociados al gas, como etano, propano y butano. La producción de estos subproductos podría multiplicarse hasta 4,6 veces antes de 2030, lo que obligaría a construir nuevas plantas de separación y almacenamiento. Sin esa infraestructura, advierte el estudio, el crecimiento de petróleo y gas podría frenarse.

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Con epicentro en la provincia de Neuquén (suroeste), es la segunda mayor reserva mundial de gas no convencional y la cuarta de petróleo de este tipo y allí operan compañías como YPF, Vista, Chevron y PAE, entre otras.

En materia petrolera, el oleoducto VMOS —actualmente en construcción— aparece como pieza central para evacuar la producción creciente. Junto al sistema Oldelval, permitiría sostener el aumento de producción hasta mediados de la próxima década, aunque luego serían necesarias nuevas ampliaciones.

El capítulo exportador ocupa un lugar central en el análisis. Proyectos de GNL como los buques flotantes Hilli Episeyo y MKII, junto con la iniciativa Argentina LNG, podrían atraer inversiones cercanas a 30.000 millones de dólares entre 2026 y 2030 y generar una capacidad exportadora de hasta 28 millones de toneladas anuales.

De concretarse, las exportaciones de gas podrían representar hasta el 25 % de los ingresos hidrocarburíferos del país. Solo las ventas externas de GNL aportarían alrededor de 13.000 millones de dólares anuales hacia 2034, ayudando a estabilizar la balanza de pagos y diversificar la matriz exportadora argentina.

Sin embargo, el informe subraya que la expansión no será automática. Para sostener el crecimiento será necesario desarrollar más producción de “gas seco”, ya que el gas asociado al petróleo no alcanzará para abastecer simultáneamente el mercado interno y las exportaciones. Eso requerirá precios competitivos y reglas claras después de 2028, cuando expire el actual plan de estímulo al gas.

Un ecosistema competitivo y estable

Más allá de las inversiones, McKinsey insiste en la necesidad de construir un ecosistema competitivo y estable. Los inversores internacionales exigen previsibilidad fiscal, acceso al mercado cambiario y garantías para repatriar capitales. El régimen RIGI es visto como un avance, aunque todavía persisten dudas regulatorias.

La formación de talento también aparece como desafío estratégico. El crecimiento del sector demandará ingenieros, técnicos, especialistas digitales y operarios altamente capacitados. Provincias como Neuquén y Río Negro deberán ampliar viviendas, hospitales, escuelas y servicios para absorber el crecimiento poblacional asociado al boom energético.

Finalmente, el informe concluye que el futuro de Vaca Muerta ya no depende de la geología sino de la capacidad de coordinación entre empresas, Estado y comunidades locales. Si Argentina logra articular inversiones, infraestructura y estabilidad regulatoria, el yacimiento podría convertirse en una de las plataformas energéticas más importantes del hemisferio sur y redefinir el perfil económico del país durante las próximas décadas.

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