Ningún comentario España es, según cualquier métrica convencional, un caso de éxito renovable: solar, eólica e hidráulica suministraron el 54% de la electricidad del país en 2025. Y sin embargo, sostienen Sam Butler-Sloss y Daan Walter, investigadores de Ember, en un análisis que acompaña al nuevo informe del think tank, "España todavía se desplaza al trabajo con petróleo importado, alimenta sus hornos y calderas con gas importado, alberga menos del 1% de los centros de datos del mundo y cuenta con pocas baterías para aprovechar, después de la puesta de sol, su electricidad barata del mediodía". Pero, apuntan, "falta algo".
Ese "algo" es el objeto central de La era del poder, el informe que Ember, firmado también por Kingsmill Bond y Antoine Issac, ha publicado esta semana. Su tesis de fondo es que el mundo no vive dos revoluciones tecnológicas paralelas, la de las renovables y la de la inteligencia artificial, sino una sola: "las renovables han abaratado los electrones, la digitalización y la IA los han hecho inteligentes, y las baterías los han hecho móviles", escriben Butler-Sloss y Walter. "La electricidad es la energía de la IA, y la IA hace que la electricidad sea más barata y eficiente".
Ambas revoluciones, sostiene Ember, comparten los mismos cinco componentes básicos (chips, baterías, electrónica de potencia, motores y sensores), fabricados con los mismos minerales críticos, a menudo en las mismas fábricas y por las mismas personas: de Robin Zeng, fundador de CATL, a Greg Jackson, fundador de Octopus Energy, el documento enumera media docena de empresarios que saltaron directamente de la infotecnología a la electrotecnología. El coste conjunto de esos cinco componentes ha caído un 99% desde 1990, según los cálculos de Ember, porque cada bajada de precio impulsada por una revolución reduce a su vez el coste de la otra: el teléfono móvil abarató lo suficiente la batería para el coche eléctrico, y el coche eléctrico la abarató lo suficiente para la red.
El caso español: ¿dónde se rompe esa cadena?
Entre junio y agosto de este año la fotovoltaica alcanzó un récord del 36% de la electricidad generada en España, mientras los precios mayoristas se desplomaban hasta casi cero al mediodía y superaban los 150 euros por megavatio hora a las diez de la noche. "A España no le falta electricidad barata cuando brilla el sol", escriben Butler-Sloss y Walter. "Le faltan coches eléctricos, hogares y fábricas que puedan utilizarla, así como tecnologías de coordinación que permitan trasladar la energía del mediodía a la noche".
El propio informe, en su capítulo sobre techos de información, documenta cómo esta desconexión entre generación y demanda ya penaliza a los promotores en varios mercados: en Australia Meridional, uno de los sistemas con mayor penetración renovable del mundo, cerca de un 30% de las horas registraron precios negativos en 2025, frente a menos del 5% en 2019, mientras la cola global de proyectos a la espera de conectarse a la red ha superado ya los 3.000 gigavatios.
Europa, atrapada entre la nube americana y el gas importado
A escala europea, el diagnóstico se repite con otras cifras. Las renovables aportaron casi la mitad de la electricidad de la UE en 2025, y eólica y solar superaron juntas a los combustibles fósiles por primera vez en la historia. Pero la electricidad sigue representando menos de una cuarta parte de toda la energía que consume Europa, una proporción que apenas se ha movido en una generación, mientras el continente importa el 57% de su energía (casi toda en forma de petróleo y gas) y contrata el 70% de sus servicios en la nube a tres empresas estadounidenses.
El contraste que utiliza Ember para medir la magnitud del reto es China, el único país, según el informe, que impulsa ambas revoluciones a la vez: desde 2010 ha más que duplicado su suministro eléctrico, ha pasado de cero a más del 60% de coches eléctricos en sus ventas de vehículos nuevos, y ha construido tanto la mayor flota de robots del mundo como la segunda mayor red de centros de datos de inteligencia artificial.
Estados Unidos, por contraste, lidera la IA pero va rezagado en electrotecnología; Europa lidera en renovables pero apenas tiene industria de IA propia.
Lo que está en juego si esa integración se produce
Un hogar que combine paneles solares, bomba de calor y coche eléctrico, dejando que un software optimice el conjunto, puede reducir su factura energética hasta un 80%. Electrificar la movilidad y automatizar la conducción puede recortar el coste por kilómetro hasta un 70%. Y combinar electrificación con automatización avanzada en la industria puede abaratar los costes de fabricación entre un 40% y un 70%.
Butler-Sloss y Walter lanzan una advertencia dirigida directamente a Bruselas y a Madrid: un continente "pobre en hidrocarburos, pero rico en sol, viento, talento y capital, tiene todos los motivos para beneficiarse de la transformación en marcha. Pero no lo hará de forma automática". Hace falta, escriben, "un plan que trate las dos revoluciones como una sola; determinación para reducir el precio de la electricidad; urgencia para utilizar las nuevas herramientas con el fin de reforzar la soberanía energética y digital; y valentía para respaldar a sus empresas líderes en tecnologías eléctricas". Según los autores, "los países que dominen el electrón, tanto para energía como para inteligencia, tendrán el poder en la era que viene."
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